lunes, 28 de mayo de 2018

Texto 14.11


14.11 “En su mayoría son de origen ritual, acelerando o retardando los ritmos biológicos, los procesos de combustión, y rescatando experiencias guardadas, muestran catarsis y cadencias en las que parece que se detiene el tiempo, y como en toda manifestación artística, el espectador participa de una comunicación mistérica, creando su propia armonía aún sin moverse, modificando su estado y pasando por sensaciones y sentimientos sólo posibles cuando se tocan resortes de autenticidad”.
COMENTARIO DEL AVENTURERO
El Arte, o es auténtico, o no puede ser llamado arte, porque sólo desde su autenticidad puede producir ese torrente de reacciones biológicas, psicológicas, emocionales y mistéricas en quien lo contempla con la debida convocación y respeto. No hay engaño posible.
Desde la aparente quietud de la expectación, cada espectador observa, ajeno a su consciencia, una compleja geometría que va desplegándose ante sus ojos, y va modificando su biología, liberando memorias, modulando su férrea estructura, acelerando o retardando ritmos en función de su propia idiosincrasia, de su necesidad desconocida. Y en ese juego de estatismo y movimiento, se produce una música interna, un primer desconcierto reconvertido en concierto, un reajuste interno que va creando su propia armonía, hasta desembocar en un cambio de estado.
Es el artista quien convoca, pero es el Arte el que posee este mágico don de la transformación.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.