domingo, 4 de marzo de 2018

Texto 13.19

13.19 “El máximo exponente de lo shivático es el amor como acto único, no sujeto al tiempo e inapresable, pero sobre todo irrepetible. Siempre partiendo de cero, sujetado en la experiencia de Vishnú e impulsado por el soplo creativo de Brahma, el amor debe ser renovado, inédito y máximo, tan esencial como fulminante, tan alegórico como sutil, tan orgánico como místico. Shiva pregona la renuncia, facilitando el acceso desde la falta de peso, y con él se alía todo lo creado cambiante, en el desafío permanente del principio de una nueva posibilidad. Es en realidad la imagen metafórica de la confianza desnuda, de la fe.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
¿Qué significa que el amor no está sujeto al tiempo? ¿Viene de más allá del tiempo, es atemporal y por tanto está y permanece siempre? ¿Es el amor una fuerza que apenas reconocemos porque no tenemos la capacidad, valentía, sensibilidad y pureza suficientes y que viaja a través de hilos que nos unen?
Lo shivático parece que tiene que ver con la autentificación de nuestros actos, con el impulso que nace de una fuente de acción más pura, que no podemos ni debemos controlar, con lo dionisíaco… es la fuerza que nos pone al límite de las cosas, de nuestra capacidad, de nuestros aparentes límites, que nos empuja al misterio, a la renovación constante, al pulso de la vida-muerte, que parece una contradicción pero que es el ritmo del cosmos.
Los actos más puros que a veces ocurren, ocurren porque no hay pensamiento, no hay premeditación, no hay espectativa… son y se hacen como si a través de nosotros hubiera actuado una conciencia más elevada, ¿son fruto del amor? Yo creo que sí. Hay una fuente interna a la que hay que atender más allá de la razón, un tambor de oro, interior, que al vibrar hace vibrar la materia, conecta todas las cosas celebrando la alegría de la comunión, nos acelera y acelera el mundo.
Le debemos tanto a Shiva… él nos empuja a la entrega, a la confianza plena, a el amor.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.