martes, 21 de agosto de 2018

Figura hierática

Fotografía sobre cartón pluma del original sobre pizarra realizado con tizas de colores y esmalte para uñas (86X56 cms)

lunes, 9 de julio de 2018

Texto 14.17

14.17 “Todo en el arte es en realidad poesía, el encuentro feliz entre análisis y analogía que transparenta la alegría de la conciencia trinitaria. Pero hoy el mundo del arte es también un encuentro para el discurso pretextual y falsario de los descreídos, de los que destierran a los ritos binarios de la Tierra cuando seducción y convocación se convierten en fines en sí mismos, no en caminos para abrir la cueva de los misterios, y así se produce el engaño colectivo, el nuevo espectáculo. Son los pintores que llenan los linos de grasas acobardadas y sangre seca, rumiantes enmascarados que llenan la vida arrancando las raíces de las pequeñas hierbas.”
 
COMENTARIO DEL AVENTURERO
El arte no puede ser un pretexto de nada, ni una simple pretensión, ni siquiera la búsqueda de nuevas sensaciones. Tampoco un espectáculo que nos entretenga o nos divierta, es en sí mismo arte.
Es más bien una búsqueda de lo que todavía no conocemos, un ejercicio al encuentro de lo desconocido, del futuro, de lo que todavía no sabemos que somos, que nos completa como seres humanos y completa la representación del mundo. No hay arte sin misterio. Y la seducción y convocación que se requiere para el ejercicio de lo artístico no es posible sin acercarse a lo mistérico.
El arte produce no sólo emoción (movimiento) sino alegría, “el encuentro feliz entre análisis y analogía”, y desvela en cierto modo lo que llamamos “realidad”. Se traduce en un nuevo vector de impulso externo, para el mundo, e interno, en nuestra geografía física, emocional y neuronal. No necesita explicaciones, ni argumentaciones críticas o académicas, ni una preparación especial para su contemplación.
Por todo ello no podemos conformarnos con “pequeñas hierbas” o ejercicios analíticos, ni con ejemplos de destreza técnica, ni siquiera con ocurrencias más o menos afortunadas. Hay más…
¿Qué es la belleza?, ¿no es acaso un misterio?, ¿algo que no podemos asir, ni acotar, ni analizar o definir exclusivamente a través de la razón?, ¿algo que se nos escapa porque tal vez está al borde, en la frontera de lo que desconocemos, más allá de modelos culturales o arquetipos temporales?, ¿algo así como un arcano?
El espectáculo tal y como lo concebimos hoy en día, el realismo naturalista al que estamos acostumbrados a ver en los teatros o en la fotografía, las obras de arte conceptual, las performances, las instalaciones… resultan en su gran mayoría ejercicios fraudulentos y tristes, más o menos provocadores, más o menos desconcertantes, de acumulación de objetos e imágenes “descreídas”. En su gran mayoría, básicas representaciones de los aspectos más lamentables y menos virtuosos del ser humano contemporáneo.
Ni se profundiza en las raíces, ni hay una convocación vertical, ni se produce un encuentro con lo desconocido. No hay misterio, no hay magia, no nos hacen volar. Nos sumen en un estado de pesadumbre como si se negara la ilusión del descubrimiento de algo más verdadero, más alegre, más bello. Como si la belleza fuese un tabú, como si la alegría fuese algo infantil, como si el alma no existiera…
Como si no necesitásemos la poesía para alimentarnos, para vivir más plenos, para aventurarnos en el descubrimiento del mundo y para crecer.
Como si el ser humano no fuese POETA.
Podemos aspirar a ser más inteligentes, a superar el pensamiento único, e incluso a ir más allá del pensamiento dual.
¿Que está ocurriendo con el arte?
Sobre el fraude del arte contemporáneo:
https://www.youtube.com/watch?v=f4vrG3WI35k

lunes, 28 de mayo de 2018

Texto 14.11


14.11 “En su mayoría son de origen ritual, acelerando o retardando los ritmos biológicos, los procesos de combustión, y rescatando experiencias guardadas, muestran catarsis y cadencias en las que parece que se detiene el tiempo, y como en toda manifestación artística, el espectador participa de una comunicación mistérica, creando su propia armonía aún sin moverse, modificando su estado y pasando por sensaciones y sentimientos sólo posibles cuando se tocan resortes de autenticidad”.
COMENTARIO DEL AVENTURERO
El Arte, o es auténtico, o no puede ser llamado arte, porque sólo desde su autenticidad puede producir ese torrente de reacciones biológicas, psicológicas, emocionales y mistéricas en quien lo contempla con la debida convocación y respeto. No hay engaño posible.
Desde la aparente quietud de la expectación, cada espectador observa, ajeno a su consciencia, una compleja geometría que va desplegándose ante sus ojos, y va modificando su biología, liberando memorias, modulando su férrea estructura, acelerando o retardando ritmos en función de su propia idiosincrasia, de su necesidad desconocida. Y en ese juego de estatismo y movimiento, se produce una música interna, un primer desconcierto reconvertido en concierto, un reajuste interno que va creando su propia armonía, hasta desembocar en un cambio de estado.
Es el artista quien convoca, pero es el Arte el que posee este mágico don de la transformación.

sábado, 26 de mayo de 2018

Rima asonante con gato negro


Vuela, vuela, gato negro,
no te dejes adherir
a causa injusta de humanos
que en proclamar el servir
a ahuyentar la mala suerte
que se dice que está en ti,
querrán quitarte la vida
y colgarte por el robo
arriba de un campanil.

sábado, 19 de mayo de 2018

Dicho y hecho

Alicia
Existirá, seguro que existe en el mundo tan grande, algún ser solitario, o no tan solitario, para quien la principal motivación para tirar de su vida ―o para intentar entender ese mundo grande, o los pequeños mundos de sus congéneres o el suyo mismo― sea el crear; lo que sea, pero crear. Crear justamente aquello a lo que se siente impulsado y para lo que aún de forma un tanto subjetiva se considera capaz.
Y se pone a ello. Se pone sin mayor ambición ni inquietud ni expectativa que aplicar a su obra todo su poco o mucho saber hacer, sin más propósito que, una vez terminada la obra, poder decirse a sí mismos “ahora hay en el mundo una nueva creación que es lo mejor que he sabido crear”; y a ello dedican su tiempo, su esfuerzo, sus desvelos y, ya puestos, su aceptación de que la labor a la que con tanta pasión se aplica bien puede ser que sea ignorada o, caso de no ignorada pero sí enjuiciada por cualesquiera criterios o sensibilidades distintos de la suya, calificada de mala, de carente de valor alguno.
Si el ser solitario, o no tan solitario, se para a hacerse la consideración de que tal vez su pequeña hazaña ―pero “Magna Obra” a sus ojos y a su juicio, que para eso son los suyos y está echando el resto― va a correr tan negra suerte, ¿qué hará?, ¿abandonar aun antes de haber empezado porque total a quién va a importarle?
Puestos en esas tampoco va a importarle a nadie si el ser solitario, o no tan solitario, respira o no respira; ¿y dejará por eso el ser solitario (o no tan solitario, ya; que me lo salto por no repetirme) de respirar?
Lo que pasa es que hay otra cuestión, que, esa sí, tiene su miga.
A saber: Hay que ganarse la vida.
Pero aquí me asalta la pregunta ―que a lo mejor al ser (y ya no entro en si solitario o no, que no quiero ponerme pesada) también― , o, mejor, dos preguntas.
Una ¿Qué es ganarse la vida?
Otra ¿Cómo ganársela?
Y otra más ―anda, mira, me están saliendo tres― ¿Para qué ganársela?
Y, una cuarta ―que empieza una y se lía, se lía― ¿Qué vida no hay que perderse para ganarse la vida?
Y como hacerme las preguntas sé, pero contestarme se me da peor, no se me ocurre mejor cosa que preguntarle al ser (el de marras, ya digo), que para eso está ahí y lo mismo hasta para eso me lo he inventado yo, que qué diría él.
Y, a la primera, va y me salta con ―que, de verdad, por qué tendría yo la ocurrencia de pedirle ayuda― que a qué me refiero; porque, dice, que si estamos hablando de la inmortal o de procurarse el sustento. Y como veo que conteste lo que le conteste va a seguir sacando punta al tema con que si sustento para el alma o para el cuerpo, me hago la loca y le digo bueno, mira, déjalo aunque sea y pasamos directamente a la segunda.
A esa, el “cómo”, contesta más deprisa; que me suelta con enorme desparpajo que es muy fácil, que para ganarse la una no hay mas que sacrificar la otra.
A la tercera, el “para qué”, me suelta que depende de lo ambicioso que se sea, y que si se es mucho se sacrificará la del sustento, y que si se es menos pues la otra. Y que como cuánto soy yo de ambiciosa. Pero, yo, bajo el pretexto de que no estoy muy segura de que en su respuesta no se haya liado, o querido liarme y cruzado los términos, le digo bueno déjalo y vámonos a la cuarta.
Entonces es él el que se zafa argumentando que le parece que me estoy alargando mucho, que incluso ―me sugiere― podría resumir y quitar paja.
Entonces voy y me pico y le digo que lo resuma él ya que es tan listo.
Y, sí, me lo resume con un breve discurso en que me cuenta (a grandes rasgos, que es en síntesis) que, y que por cierto ya lo dijo Serrat muy bien cantado, no hay que confundir valor y precio. Y que si el precio es verdad que lo puede determinar un experto no menos verdad es que el valor de lo que no tiene más precio que el valor que tenga a bien el darle (por sensibilidad o por criterio) quien no tenga qué ganar ni qué perder con ello no tiene precio.

domingo, 15 de abril de 2018

Texto 14.5

“14.5 El artista inspirado, aun sin saberlo, utilizará las cuatro puertas que unen la realidad trinitaria con el pranayama energético de todos los hombres para encender al tiempo las luces más cercanas, las más profundas y las más lejanas. Desde esas cuatro puertas doblega la enfermedad con la seducción de los sentidos, la pereza con la convocación expectante, la instatisfacción con el impulso y el miedo a través del encuentro.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
El hombre que evoluciona, el caminante, el peregrino, el hombre que no quiere pararse ni mirar atrás, que no quiere ser estatua de sal, que no quiere inmovilizarse, tendrá que convocar a las Musas, a las Madres; llevar como Perseo el espejo protector, el escudo de Minerva, que le va a impedir mirar de frente a la Medusa, a la memoria pasiva, y la vencerá. Y de esa sangre de la Medusa nacerá Pegaso, que le va a transportar volando como se sale del laberinto. Y así también pasa con Fausto, que baja al reino de las Madres, y pasa con los argonautas esquivando la laguna del olvido. Todos buscan. Todos quieren encontrar la Inteligencia, el Alma, su complemento. Campana de Azur la llamará Nietzsche a Ariadna. Es el encuentro, es el Amor que buscamos desde nuestra trinidad y que encontraremos fugaz abriendo nuestras cuatro puertas «que unen la realidad trinitaria con el pranayama energético de todos los hombres».
Así se doblegará la enfermedad, la pereza, la duda, la insatisfacción y el miedo, el miedo que paraliza y que nos hace estériles. Porque el artista, aun sin saberlo, convoca, al igual que Homero, a las Musas: «…Cántame musa…», y es así como las doce Madres en lo profundo enseñan a la Inteligencia, Ariadna, Helena (son lo mismo), para que pasen de Kore a Señora, a Diosa, y encender al tiempo esas luces cercanas, profundas y lejanas; luz sin sombra, asombro, Iluminación.

sábado, 17 de marzo de 2018

¿Que qué estoy pensando?



Un ejemplo:
"Todo fluye, nada permanece".
"Todo fluye, Nada permanece".
Pronunciadas son frases idénticas. No creo, sin embargo, que objetivamente exista un argumento que demuestre de forma irrefutable que NO son frases diferentes.
Y, añado, si una de las dos (no sé distinguir cuál) es de Heráclito, la otra (tampoco sé distinguir cuál) me la he inventado yo.
Y, mi pregunta (retórica) ¿Qué daño puede hacerle al mundo que yo lo "invite" a considerar ambas versiones y sus diferentes interpretaciones?

domingo, 4 de marzo de 2018

Texto 13.19

13.19 “El máximo exponente de lo shivático es el amor como acto único, no sujeto al tiempo e inapresable, pero sobre todo irrepetible. Siempre partiendo de cero, sujetado en la experiencia de Vishnú e impulsado por el soplo creativo de Brahma, el amor debe ser renovado, inédito y máximo, tan esencial como fulminante, tan alegórico como sutil, tan orgánico como místico. Shiva pregona la renuncia, facilitando el acceso desde la falta de peso, y con él se alía todo lo creado cambiante, en el desafío permanente del principio de una nueva posibilidad. Es en realidad la imagen metafórica de la confianza desnuda, de la fe.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
¿Qué significa que el amor no está sujeto al tiempo? ¿Viene de más allá del tiempo, es atemporal y por tanto está y permanece siempre? ¿Es el amor una fuerza que apenas reconocemos porque no tenemos la capacidad, valentía, sensibilidad y pureza suficientes y que viaja a través de hilos que nos unen?
Lo shivático parece que tiene que ver con la autentificación de nuestros actos, con el impulso que nace de una fuente de acción más pura, que no podemos ni debemos controlar, con lo dionisíaco… es la fuerza que nos pone al límite de las cosas, de nuestra capacidad, de nuestros aparentes límites, que nos empuja al misterio, a la renovación constante, al pulso de la vida-muerte, que parece una contradicción pero que es el ritmo del cosmos.
Los actos más puros que a veces ocurren, ocurren porque no hay pensamiento, no hay premeditación, no hay espectativa… son y se hacen como si a través de nosotros hubiera actuado una conciencia más elevada, ¿son fruto del amor? Yo creo que sí. Hay una fuente interna a la que hay que atender más allá de la razón, un tambor de oro, interior, que al vibrar hace vibrar la materia, conecta todas las cosas celebrando la alegría de la comunión, nos acelera y acelera el mundo.
Le debemos tanto a Shiva… él nos empuja a la entrega, a la confianza plena, a el amor.

domingo, 21 de enero de 2018

Texto 13.13

13.13.”Si se describiera gráficamenta la curva de un pranayama desde el nacimiento hasta la cúspide del deseo, es el reino de Brahma, las potestades de Vishnú se mueven en el espacio de las apariencias analógicas que llegan hasta la muerte, y en el medio oculto de los sueños, entre el nacimiento y la muerte, está el territorio de Shiva. Es inútil enfrentarse a Shiva porque él no es el enemigo, es sólo el sacrificio, el oficio sacro, y pretende derribar el muro de la estabilidad, diluir la memoria pasiva y anunciar sucesivas encarnaciones que faciliten la transparencia de esa catedral que es el cuerpo para que en él se manifieste cada vez más diáfano el principio activo de la conciencia real, el principio del primer número, el yo trinitario.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Nacimiento y muerte. Contradicciones inventadas: todos sabemos que no existiría la una sin la otra, pero no sabemos sobré qué terreno gira esta rueda. Tal vez, si pudiéramos percibirlas de forma simultánea, nos daríamos cuenta de que no son más que las dos caras de una misma moneda que rueda por un terreno desconocido. Como eso es muy difícil, nos contentamos con querer tener una certeza, y dudar, querer estar activos y sentir pereza, querer obtener algo y manipularlo todo para que suceda, querer estar seguros y luchar contra la inseguridad, buscar el éxito teniendo presente constantemente el fracaso, querer que nada cambie y sentirnos inestables. En fin, queremos no contradecirnos y eso nos hace contradictorios. Nos aferramos a una cara de la moneda y simultáneamente, aparece la otra. Pero lo cierto es que nacemos y morimos. Inspiramos y expiramos.
Nacemos y morimos con cada respiración: inspirados, recogemos todo el impulso creativo de Brahma con toda la fuerza creativa de un poeta, deseando llegar a la cúspide. Expiramos, y se ve plasmada nuestra obra. Pero es inútil detenerse demasiado tiempo para contemplarla. Vishnú conserva las cosas justo lo necesario. Pero nosotros subimos y bajamos la montaña constantemente tratando de repetir lo mismo de antes. Pero ni siquiera el bueno de Sísifo estaba condenado realmente. Era pura apariencia. Si la vida, en realidad, no tiene nada de castigo, la muerte tampoco (¿o es que queremos contradecirnos de nuevo?). Si prestáramos atención a ese diminuto instante en el que muere la expiración y nace una nueva inspiración, tal vez entonces la muerte no sería nuestra enemiga. Y tal vez entonces, la contradicción, tampoco. Y la enfermedad se afrontaría con firmeza, la duda con ductilidad, la pereza con la aventura, el deseo sería pura armonía y la inseguridad, comunicación, el fracaso desparecería con velocidad y la inestabilidad, que tanto miedo nos da, se tornaría conciencia. Porque todo nace y muere pero, por encima de eso, está la conciencia: de un yo que se sabe vivo y muerto y que, a partir de eso, es capaz de encontrar aquello que le sostiene. Claridad en la catedral de cuerpo. Inmediatez en la existencia. Porque el primer número, el uno, no es una unidad sin más, un punto, ni una dualidad como una línea entre dos puntos, sino una trinidad.
Igual no sabemos qué es esa trinidad, lo que sí sabemos es que de la contradicción, sin más, no se puede salir por mucho que uno luche contra los elementos, por mucho que dure nuestra vida. Aunque pase el tiempo.
Tal vez por eso decía el filósofo: “Quien no sabe vivir a tiempo, no sabe morir a tiempo”

martes, 9 de enero de 2018

Al doblar de aquella esquina

donde se partió de lejos el juego en que se midieran las sombras con los espejos, la oscuridad con el llano y la quebrada en los huesos, se encuentra, cuando se enturbian, las aguas que caen del claro y las cuentas de las cifras, el secreto bien guardado que abandonó la codicia sobre las faldas del viento que entre sus pliegues dormita el sueño agitado y breve del que a penas dio la vida.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.