domingo, 17 de septiembre de 2017

Texto 12.39

Publicado por  el Sep 17, 2017 en Duodécimo mensaje. La noria de los ángeles.

12.39 “El quinto impulso ya desciende hacia la muerte iniciática y se inscribe en el área de lo dhármico, absorbe las experiencias de todos los vivientes y canaliza un arcano ligado a la consciencia y el discernimiento, la voz. Este impulso aúna la comunicación conceptual a la eliminación del dióxido de carbono y al reciclaje energético exógeno, está ligado a la autoafirmación y es acechado por la inseguridad. Se potencia con el culto, el estudio y la vocación, y en él se afinan todas las notas musicales y confluyen los llamados sentidos astrales que modifican la velocidad energética de las dos serpientes que unen sus cabezas en el puño del caduceo”.
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
La voz, la palabra, el lenguaje, tienen unas características especialmente propias en cada persona, no tienen relación con la genética biológica —es decir, la voz no se hereda—, lo cual tiene una relevancia especial en el desarrollo de cada ser. Parece que cada ser humano tiene su propio sistema fonético, relacionado con su fisionomía ósea facial, con su boca, con sus cuerdas vocales… Pero el dato más llamativo es que la voz de cada persona está configurada por su estructura energética; la voz de cada uno está íntimamente ligada a su estructura astral, a su autenticidad esencial. Y sin embargo, pocas personas pueden decir que tengan su propia voz.
Desgraciadamente, es una de las cosas que más se imitan desde el ámbito familiar, y es muy habitual que las voces se parezcan entre los miembros de la misma familia.
Buscar la propia voz es un camino que pocas veces se descubre solo por el hecho de incidir desde el estudio en el mero mecanismo emisor. No debe de ser en vano que nuestro órgano de fonación esté colocado en tan estratégico lugar anatómico, coincidiendo con la puerta que nos conduce ya hacia lo más sutil de nuestra identidad. Y parece que en cierto modo funcionara como un filtro, como si el último tramo, el camino real, debiera recorrerse necesariamente tras el esfuerzo de una transformación.
La emisión de la voz, del sonido, pertenece a la segunda parte de la curva del pranayama; en dicha curva se localizan diferentes zonas o puntos y la emisión de un sonido o de una palabra en buena relación con esos puntos es de suma importancia para que lo emitido suene o no a verdad. Una estrecha conexión entre lo que conceptualmente se dice y el momento exacto de expulsión de aire, acelera el sentido del ritmo, nos acerca a la autenticidad de nosotros mismos. En este sentido parece lógico que a través de la voz se lidie con la propia inseguridad, puesto que resulta muy reconocible el no uso adecuado de nuestra voz. No se siente propia cuando no hablamos con “propiedad” o cantamos “por derecho”. Y es esencial considerar que respirar es alimentarse de, y al tiempo, transformar la memoria astral de la humanidad que vive en el hoy, posiblemente a tiempo real. A través de la voz ponemos en vibración no solo nuestras memorias, nuestras emociones presentes, sino las de todo el mundo. Cabría plantearse si hay algún tipo de cota en función de posibles afinidades energéticas o se trata de un “tótum revolútum” sin parangón. En cualquier caso, incluso la primera opción es abrumadora.
Tras esta reflexión, que seguramente bucee aún muy cerca de la superficie del asunto, cabe pensar que con cada emisión de sonido estamos transformando el mundo. Con todos nuestros actos lo hacemos, pero en el laboratorio de la voz, la transmutación del aire en voz debiera ser un acto responsable. Deberíamos hablar o cantar como quien se lanza a una aventura que siempre exige confianza, intuición, valor y entrega, que exige acercarse al amor y morir en él. Requiere pues “culto, estudio y vocación”, teniendo siempre presente, como decía el sufí, que “en cada respiración está la respiración de Dios”.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.