domingo, 14 de mayo de 2017

Texto 12.27

12.27 “Siete años después, los sesenta y tres de vida, se concilian todas las virtudes para la entrega, ahora la vida espiritual de los demás es la que adquiere toda la relevancia y el hombre se empeña en allanar los caminos que faciliten la apertura de la consciencia de sus semejantes”.
 

COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Vimos en el párrafo anterior que, con 56, para comenzar a explorar nuevos territorios de la mente, para alcanzar un mínimo grado de sabiduría, era imprescindible haberse desprendido del ego. Desde entonces hasta los 63 habría que haber logrado desmontar las grandes trampas mentales, los estereotipos que nos hacen percibir a los demás y a nosotros mismos como seres competitivos, necesitados de autoafirmación, aislados y defensivos, inmersos en un mundo donde imperan las leyes de la supervivencia.
Sin ese requisito previo, sin la adquisición de ese rasgo de sabiduría resulta imposible concebir la idea de que “el otro” es para mí mismo mucho más importante que “yo”, idea que es origen e impulso para la entrega de la que nos habla este párrafo. Un otro ya no visto como rival, ni siquiera como semejante, sino como un ser único, especial, cuyo desarrollo espiritual debería convertirse en el objeto de nuestro verdadero interés y exclusiva atención.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.