martes, 1 de marzo de 2016

Twitteralmente

Palabra que me acabo de inventar.

Veo en un informativo – de 13TV – que Pablo Iglesias ha escrito en su twitter que la excarcelación de Arnaldo Otegui es una buena noticia para los demócratas.

Entre que a mí no me parece una buena noticia ― que se lo diría a él twitteralmente (he ahí mi invento, que hasta se lo termino de comunicar a la RAE, para que conste en las actas que es mío y tener derecho al copyright) pero para eso creo que tendría que hacerme “seguidora” suya, y a eso no estoy dispuesta ― por un lado, y, por otro, que suelo elegir 13TV  ― aunque nada más para estar al tanto de la actualidad, que con su publicidad y sus teletiendas y sus galerías del coleccionista me irrita bastante ― en vez de cualquiera de las cadenas del signo contrario, me asalta la duda de que a ver si lo que a mí me pasa es que no soy demócrata, y que si no estaré discriminando con esa proclividad mía a preferir…

Bueno, pues en la misma noticia también sale Otegui hablando a los micrófonos fuera de la cárcel. Y me entran unas ganas horrorosas de abalanzarme a su cuello, y a los cuellos de todos lo que los reciben con regocijo y lo jalean.

Pero entendiendo, aun en mi ira, que con mi arrebato nada más conseguiría romper la pantalla del televisor ―  y deseosa como estoy, además, de poder disfrutarlo esta tarde para enrabietarme de nuevo con el discurso de investidura de Pedro Sánchez ― me contengo.

Lo que no logro desterrar de mi ánimo es la preocupación que me asalta al pensar si no soy demócrata, y si discrimino por elegir y preferir, e irresoluta por debatirme entre romper el televisor o dejarlo estar, y cabezona y obstinada y de a piñón fijo por entender ― sin saber convencerme a mí misma de lo contrario ― que es mejor no destrozar la tele aunque luego, después del discurso, lo destrozado sean mis nervios y me tenga que tomar una tazita de valeriana para serenarme, o una tila.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.