domingo, 4 de septiembre de 2016

Texto 11.14 (Primero del undécimo mensaje)

Publicado por  el Sep 4, 2016 en Undécimo mensaje. Las cárceles de la razón. 

11.14 “Buscan la inocencia los políticos vocacionales, los ansiosos, los cotidianos, los hipnotizados, los hipotéticos, los represivos, los acomodados, los montaraces, los funcionarios cerebrales, los fatigados patológicos, los eficaces convencidos, los que pretenden ser objetivos y neutrales y en general todos los que alimentan las grandes epidemias que aquejan a la Humanidad”.
COMENTARIO DEL AVENTURERO
El individuo moderno parece haber perdido, a lo largo del proceso educativo, toda su capacidad para la inocencia, toda su disposición para darse cuenta de otras cosas que no sean las enumeradas en los suplementos dominicales de los periódicos, y que convencionalmente constituyen el mundo real.
El hombre anónimo parece compartir una misma condición con los seres neutrales que pueblan el Limbo de Dante, “los desgraciados, que nunca vivieron”, los que “no pecaron”, cuya existencia transcurrió “sin gloria y sin infamia”. Ellos son los seres neutrales, cuyo estado de ánimo es análogo a la inercia y apatía interior de los habitantes del mundo moderno, que viven igualmente una vida no esencial, sin esperanza de regeneración.
En algún momento de la historia reciente parece haberse producido una ruptura en el pensamiento entre el conocimiento afectivo-sensual y la razón, de modo que ser y pensar dejan de formar un todo. ¿Era inevitable que se convirtieran los sentidos en simples instrumentos, sin vida propia, sin permitirles libertad?
Pero, ¿cómo despertar a la incandescencia del mundo, cómo hacer de los sentidos verdaderas fuentes de vida, cómo romper “la marmita intectual”? Este parece uno de los grandes problemas a los que se enfrenta el hombre de hoy.
Es limitado el pensamiento frente a las preguntas esenciales, e inepto para hacer del hombre un ser pleno.
Como medio de conocimiento, la razón es limitada.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.