viernes, 11 de marzo de 2016

Mujeres en la Residencia de (algunos) estudiantes.


No voy a negar que lo de “algunos” va con un punto de… digámoslo abiertamente, mala uva (que puedo también y por qué no evitar tanta apertura en el decir) pero es que – siempre lo dije – y sé que alguna vez se lo comenté a (…) y me argumentó que es que no tuvieron tiempo para…
Vale, pero como yo le dije "imagínate un chiquito en su pueblo; muy listo pero en su pueblo y con de eso que en los pueblos se llamaba antaño pocos posibles. Como el chaval vale, porque vale, los padres rompen la hucha y, ataviado él con su mejor traje (el de los domingos) maleta de cartón llena de vituallas en ristre, se dispone a tomar el tren camino de la capital.
− Pero, y digo yo ― la madre ―, nosotros no tenemos familia en Madrid ¿Dónde va a vivir el chico?
− Qué cosas tienes ― el padre ― ¿No va a ser estudiante? ¡Pues se hospedará, que la palabra lo dice pero tú no te fijas, en la residencia de estudiantes!
− Ah ― la madre ― ¡Qué tonta soy!"
Pero el chico no se hospedaría en la Residencia de Estudiantes por más que, con muy buena lógica, lo diga la palabra.
No hay mas que ver el palmarés de los que en ella residieron.
Bien es verdad que muy posiblemente fuera el tipo de formación recibida allí lo que los colocara en vías de llegar, como llegaron, a ser célebres cada cual en su disciplina; que no fuera necesario llevar el apellido que a la larga les confiriese la notoriedad de que, tal vez, antes de su paso por la Residencia y la celebridad el apellido no gozaba, era un apellido (puede) de no más poderío que cualquier otro apellido. Pero es cierto, y creo que incuestionable, que quienes podían permitirse el acceder a tal institución eran de familias al menos acomodadas, cuando no decididamente de clase alta.
Así que por eso lo de la retranca, si es que  algo dicho con tanta (aunque no del todo abierta del todo) retranca se puede decir en puridad que vaya con retranca.
Bueno. El caso es que esta tarde estuve viendo ahí, en la Residencia de Estudiantes, la exposición a que enlazo en el título.
Ellas, las señoritas, pertenecientes todas a muy buenas familias ― extranjeras muchas (o eso se desprende del video que puede verse al final del recorrido), por cierto, que no inmigrantes como sucede ahora ― aunque han alcanzado menos fama (creo, o al menos para mí eran hasta hoy desconocidas) que los Miró, Buñuel, Dalí, Altolaguirre, Alberti, Lorca y otros, hicieron cosas que me han parecido francamente bonitas.
Por ejemplo el cuadro que encabeza este texto.
Claro que también las hubo, como Joaquina Zamora, Francis Bartolozzi, Victorina Durán, Menchu Gal, Juana Francisca Rubio, Delhy Tejero (escucho contar a la persona que explica en visita guiada a la que no me sumo que su verdadero nombre era Adela, que Delhy lo adoptó por algo que no he alcanzado a oír relacionado con la ciudad de la India), Ángeles Santos, Marisa Roësset Velasco, Adela Ginés y Ortiz ― y puede que alguna otra que no haya apuntado en las notas de mi móvil, que parece que las nombro con un cierto desparpajo aunque, ya digo, no me sonaban de nada ―, que destacaron en diferentes ramas de las artes; pero de eso no he podido enterarme, que los letreritos eran muy pequeños y, de tanto cambiarme de gafas, me mareaba y tuve que desistir.
Pero que, vamos, me ha gustado y me han gustado.




domingo, 6 de marzo de 2016

Texto 10.15

Publicado por  el mar 6, 2016 en Décimo Mensaje. El vehículo de la fe, el amor 

10.15 “De un ideograma, el texto más antiguo hoy conocido, derivado de los ocho trigramas del Libro de las Transformaciones, nace el principio manifestado de la sabiduría que puede ser revelada en la cultura china”.
10_15
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Goethe dice en alguno de sus textos que toda afirmación categórica alumbra inmediatamente una negación. De la misma manera, tan pronto como se dibuja una línea continua en un papel, se tiene la antítesis, pues, en tal caso, el espacio queda dividió en un “arriba” y un “abajo”. Merced a esta premisa, desde un punto de vista filosófico lo que sigue a continuación es la dualidad.
Pero no basta con un sistema binario para comprender el cambio, la facultad de transformación y la evolución de las cosas. El Libro de las Transformaciones, uno de los cinco textos clásicos de la cultura China, representa los distintos avatares de la vida, la sociedad y la naturaleza, a partir del estudio de sesenta y cuatro figuras de seis lineas (que pueden ser continuas o discontinuas), poniendo de manifiesto los mecanismos narrativos de la trama del mundo humano, tratando de explicar la vida de los hombres en todas su circunstancias.
En uno de los comentarios del propio Confucio a este texto clásico, se lamenta: “Si pudiese añadir algunos años más a mi vida, dedicaría cincuenta al estudio del Libros de las Transformaciones, para poder evitar así grandes errores”.
Aún para la mirada más prejuiciosa, este libro representa una invitación a una cuidadosa indagación de nuestro propio carácter, actitud y motivaciones; y a plantearte en cada momento, cuál es el modo de actuar correcto.

viernes, 4 de marzo de 2016

Twitteralmente (2)

Me ha contestado la RAE:

     "En español, solo se pueden formar adverbios en -mente sobre bases adjetivas, tomando la forma femenina del adjetivo: agudamente (agudo, da + -mente),rápidamente (rápido, da + -mente...). En la formación que usted propone, -mente se añade a Ätwitteral, que, como usted sabe, no existe en español.
     Entendemos su formación por analogía con otros adjetivos relacionales que en español terminan en -al formados sobre sustantivos, en este caso, sobre un nombre comercial registrado.

     Reciba un cordial saludo."


De cualquier modo - como ya comenté en la entrada del enlace - la palabra ya se ha utilizado. Y considerando que cuando el mundo "echó a hablar" no existía la RAE y, pese a todo - y sin que nada ni nadie pusiera objeciones a los primeros sonidos articulados que emitieran aquellos antiquísimos y espontáneos hablantes - el lenguaje nació y sigue, desde entonces, creciendo y enriqueciéndose, yo voy a utilizar la palabra en cuestión cuando lo tenga a bien. Que estoy segura de que quien la escuchare o leyere la entenderá sin dificultad alguna.

martes, 1 de marzo de 2016

Twitteralmente

Palabra que me acabo de inventar.

Veo en un informativo – de 13TV – que Pablo Iglesias ha escrito en su twitter que la excarcelación de Arnaldo Otegui es una buena noticia para los demócratas.

Entre que a mí no me parece una buena noticia ― que se lo diría a él twitteralmente (he ahí mi invento, que hasta se lo termino de comunicar a la RAE, para que conste en las actas que es mío y tener derecho al copyright) pero para eso creo que tendría que hacerme “seguidora” suya, y a eso no estoy dispuesta ― por un lado, y, por otro, que suelo elegir 13TV  ― aunque nada más para estar al tanto de la actualidad, que con su publicidad y sus teletiendas y sus galerías del coleccionista me irrita bastante ― en vez de cualquiera de las cadenas del signo contrario, me asalta la duda de que a ver si lo que a mí me pasa es que no soy demócrata, y que si no estaré discriminando con esa proclividad mía a preferir…

Bueno, pues en la misma noticia también sale Otegui hablando a los micrófonos fuera de la cárcel. Y me entran unas ganas horrorosas de abalanzarme a su cuello, y a los cuellos de todos lo que los reciben con regocijo y lo jalean.

Pero entendiendo, aun en mi ira, que con mi arrebato nada más conseguiría romper la pantalla del televisor ―  y deseosa como estoy, además, de poder disfrutarlo esta tarde para enrabietarme de nuevo con el discurso de investidura de Pedro Sánchez ― me contengo.

Lo que no logro desterrar de mi ánimo es la preocupación que me asalta al pensar si no soy demócrata, y si discrimino por elegir y preferir, e irresoluta por debatirme entre romper el televisor o dejarlo estar, y cabezona y obstinada y de a piñón fijo por entender ― sin saber convencerme a mí misma de lo contrario ― que es mejor no destrozar la tele aunque luego, después del discurso, lo destrozado sean mis nervios y me tenga que tomar una tazita de valeriana para serenarme, o una tila.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.