domingo, 15 de febrero de 2015

Texto 8.12

Publicado por  el feb 15, 2015 en Prólogo a la carta número ocho. Encima de las estrellas.

8.12 “¿Pero es cierto que el hombre se conforma con el confort que le puede proporcionar el hábitat estable o la tecnología?; puede que mientras no asegure su supervivencia o siga latiendo el miedo a perder lo conseguido, ligue su vida al juego modélico de la estabilidad económica, pero dentro de cada ser humano surge la pregunta: ¿para qué? El criterio utilitarista educativo ha situado el placer de saber en el último eslabón de las prioridades de la sociedad moderna, de tal forma que el estudio ha de estar ligado al para qué. El viejo planteamiento del estudio entroncado a la felicidad, al conocimiento, a ir rodeando la mente de interrogantes que lancen la consciencia hacia el infinito, ha sido reemplazado por algunas preguntas útiles contestadas de manera categórica y doctrinal”.
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COMENTARIO DE EL AVENTURERO
El placer de saber. Tal vez el problema que se oculta detrás de la renuncia a dicho placer radique en la tergiversación que se ha ido tejiendo alrededor de la propia idea de placer. Ya no se trata más de un regocijo íntimo, de la fruición de descubrir incógnitas personalmente y cuidadosamente erigidas, cuestionamientos que hemos visto nacer, crecer, multiplicarse en nuestra mente a lo largo del tiempo y del estudio. No. Ahora el placer ya no es de ningún modo placer si no es visible al exterior, si no es demostrativo de las cualidades que nos adornan como pensadores, investigadores, artistas capaces de presentar resultados. Ahora el placer solo es placer si dispone de testigos, si es exhibicionista. Y no me refiero al más o menos lógico prurito de comunicar los hallazgos personales al resto del mundo tras la ardua y deliciosa tarea de llegar a un gran o pequeño ¡eureka!, seguramente sin el menor interés para el criterio tecnocrático y utilitarista. El placer así se ha convertido en prestigio, y el prestigio se ha convertido en poder. El poder de saber. Porque cada vez se tratará más de un saber enfocado hacia el que lo paga, y eso es lo que lo hace útil. Un saber a la postre dirigido por el que lo paga.
El eclipse de las Humanidades. Eso lo explica todo.
El eclipse digo, y no la abolición, porque todos sabemos que pasadas estas tristes y largas horas de ignominia plana y utilitarista, las Humanidades regresarán. Las auténticas Humanidades, es decir, aquellas ciencias en cuyo seno no habrá que desenmascarar lo categórico y lo doctrinal, porque inevitablemente se denunciarán a sí mismas. ¿Por qué? Porque lo doctrinal bloquea la pregunta, cierra la interrogación, y la interrogación debe seguir abierta hasta el infinito.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.