viernes, 27 de marzo de 2015

¿Se puede afirmar algo así de forma tan categórica?

Todo lo que son aspectos técnicos podrán ser investigados, y llegarse a conclusiones incuestionables; pero afirmar que lo hizo de forma voluntaria...
Que, sí, pudiera ser, como hipótesis; pero como una hipótesis más entre otras muchas.
¿Quién puede saber que le estaba sucediendo al copiloto, qué estaba pasando en su mente ni en su alma?
Además, sus padres. También los padres de este hombre son familiares de víctima; o víctima ha estado siendo hasta que se ha hecho una afirmación tan drástica.
Me parece injusto y aventurado.
E injusto también que sobre los padres haya de pesar ya para siempre el estigma de ser los padres de un... ¿asesino?, ¿homicida?

domingo, 22 de marzo de 2015

Texto 8.17

Publicado por  el mar 22, 2015 en Prólogo a la carta número ocho. Encima de las estrellas.

8.17 “Pero si el resto de las funciones que pueden completar la consciencia están ya escritas y forman la parte básica del destino, sería la lectura de ese libro “dhármico” el único objetivo, al menos el esencial, de la vida. El objetivo que conecta con la supraconsciencia. El paso que debe llevar al hombre a defender su compromiso consigo mismo, a asomarse al misterio de por qué nació, a sentir el latido de esa frontera donde ya no hay espacio, donde ya no hay tiempo. Y parece que a pesar de las formas sociales y culturalistas que cierran caminos, que conducen a fondos de saco, el mundo, el aire, la memoria de futuro de todo lo que rodea a la vida está lanzando mensajes permanentes de esperanza, y sólo hay que multiplicar la atención para percibir que sí hay procedimientos que enseñen a leer las páginas que se ocultan en el neocórtex y en la membrana de la célula. Hay formas de enfocar la vida para que cada instante sea una resurrección, un encuentro con una nueva propuesta que sólo hay que querer descubrir para vislumbrar un nuevo campo de ignorancia”.
8_17

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.