lunes, 6 de octubre de 2014

Una auxiliar de enfermería, primer caso por contagio de ébola en España y Europa

El altruismo y la abnegación de misioneros como Miguel Pajares y Manuel García Viejo pueden ser muy encomiables. Pero cuando las cosas se pusieron feas pidieron - gesto muy humano, por otra parte - ser repatriados.
El gobierno se apresuró a atender las respectivas peticiones; que también puede ser un gesto muy encomiable y, más, cuando de no dar tal respuesta toda una sociedad - imbuida de la idea de que no mostrar un perfil buenista  puede ponerla en riesgo de ser tachada de cruel e insolidaria - se le hubiera echado encima.
Hubiese preferido, el gobierno, no tener que comerse ese marrón; pero...
En el mundo muere gente, y de formas muy atroces, todos los días. Y el mundo y la vida siguen su curso sin mayor sobresalto y sin que a nadie se le apague la sonrisa por sus propias alegrías ni se le acentúe el rictus de dolor que ya acarrea por sus propias desdichas.
Esas dos personas, los misioneros, eran muy dueños de dedicar su vida a lo que considerasen más oportuno o entendieran que más o más deprisa iba a acercarlos a la gloria terrenal o a la Gloria a secas y en mayúscula.
Pero, si hay que ser coherente y responsable con los propios actos y las propias decisiones - que no es que lo diga yo, es que es una especie de "vox populi", si bien las voces de los pueblos suelen ser populares o, peor, populistas e hipócritas -, lo correcto por parte de ambos misioneros hubiera sido afrontar una situación que en nada estaba siendo distinta a la de los centenares y miles de contagiados de la misma enfermedad en los paises donde se encontraban.
Pero, no. Sabiendo que la enfermedad es mortal y que sus posibilidades de curación de ellos eran prácticamente nulas pidieron ser repatriados.
¿Es tan importante morir en la propia tierra de uno?
Pero, claro, el gobierno no podía negarse, que hubiera quedado muy feo.
Así que no los trajimos, a casa. Y con el primero hubo suerte, pero con el segundo no la hubo y ahora una auxiliar de enfermería está contagiada.
No entiendo una palabra de medicina. Pero parece claro que desde el instante en que la auxiliar estuvo contagiada hasta que se sintió mal y hasta que se le hicieron las pruebas pertinentes hubo unos lapsos de tiempo, y una serie de gestos y contactos cotidianos; y parece también claro que debe de resultar enormemente complicado seguir la pista a todos esos gestos y a todos esos contactos tan ocasionales e inevitables como puedan serlo el darse la mano o (quizás exagero, pero yo qué se) el intercambio de monedas con la cajera de un supermercado.
En fin, que lo siento; pero que el par de misioneros nos la liaron buena.
Que no es eso lo malo; por otra parte. Que nadie podemos saber por adelantado por dónde puede llegarnos un desastre.
De lo que me quejo es de su actitud, la de los misioneros.
Que si se elige ser héroe hay que echarle agallas y serlo hasta el final y hasta las últimas consecuencias.

México descubre a los estudiantes desaparecidos en fosas comunes

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.