miércoles, 13 de agosto de 2014

María Iverski


"…Sigo sin saberlo muy bien. Me estanqué. Pensé como cualquier gilipollas que mi misión en la vida era ser feliz y que si antes lo había conseguido a medias en otros países quizás la apuesta me saldría bien en este, pero no. Tengo 37 años, me siento como si tuviera 80, no puedo caminar orgullosa por la calle sin considerarme a mí misma una completa imbécil. ¿Enorgullecerse de qué…? No soporto a la gente que me recuerda que mi problema es esa perenne insatisfacción como si en este estercolero cósmico no fuese de enfermos sentirse satisfecho, no aguanto a los triunfadores que juzgan el mundo ocultando un as en la manga pero tampoco a los que se dejan arrastrar, a los que prefieren no resultar incómodos para sí mismos. Sé que no tengo las respuestas, que no están al alcance de mi brillante mente pero no confío en la vida. No confío en nada.".

Había apuntado el nombre en la libretita que siempre llevo en el bolso. Lo vi, recuerdo, en uno de los apuntes en sucio de Manuel Jabois y me dije quiero saber quién es y qué escribe.
Pero luego me olvidé de mirar la libretita, que es como con las agendas, para qué vale una agenda si no la miras.
Así que, al encontrarla hoy por casualidad digo ¿y este nombre?
Así que me voy, o me vengo, a Internet y la tecleo.
Entonces recuerdo lo de los apuntes de Manuel Jabois en el Mundo, desayunando días atrás.
Y pincho, pues porque es el último publicado y el que primero me encuentro, este Amchit del 3 de agosto.
Y ahora vuelvo allí, a terminar de leer el artículo.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.