miércoles, 2 de abril de 2014

Prosumo

  1. Alicia Bermúdez 2 abril, 2014 at 14:26 # 
    Leí hace poco, no sé si en un enlace que alguien puso en algún comentario a no recuerdo qué artículo en este mismo blog, que las primeras bombillas que se fabricaron podían funcionar durante cien años, y que cuando los fabricantes se percataron de que no eran rentables dedicaron trabajo y esfuerzo y estudio (y dinero, claro) a lograr una bombilla que no durase más de mil horas.
    ¿Cómo sería el mundo si las bombillas durasen cien años? ¿Si todos los artículos de uso y consumo estuvieran diseñados para durar indefinidamente?
    Cuando ya todos tuviésemos el coche, la televisión, la lavadora, el móvil, y toda la serie de artilugios que muy posiblemente, y si hubiera voluntad de ello sería posible, no habría que reponer y por tanto volver a fabricar, nos estaría sobrando tiempo a todos para salir de esa espiral disparatada en la que estamos inmersos.
    Comprar un coche, con el dinero que se obtiene trabajando, para acudir al trabajo, por ejemplo ¿No es un poquito kafkiano?
    Seguramente hubo un instante en el tiempo, en la historia de la humanidad, en que existió la opción de crear una sociedad totalmente distinta de la que hoy tenemos. Pero, ¿quién?, ¿quién sería?, ¿a quién interesó que la sociedad que pudo llegar a ser se quedara en lo que es y en lo que somos?
    ¿Y eso no es ya reversible?
    Otra cosa. Lo que comenta Enrique de, ya sé que es un ejemplo, personas que se ponen de acuerdo para compartir coche. Bueno, pues las empresas de transporte han puesto el grito en el cielo y exigido que eso se regule, y que lleve los impuestos y trámites burocráticos correspondientes porque, alegan, es competencia desleal.
    Habría algo más normal, en un mundo lógico, que el que tiene algo con que cubrir una necesidad lo ponga al servicio del que tiene esa necesidad y este, a cambio, corresponda de algún modo a la gracia recibida del que aporta el “algo”. Pero, claro, tal y como están las cosas, y tal como es nuestra mentalidad y el mundo que tenemos montado, la forma de “corresponder” siempre es dinero. Que enfada al que tiene su vida y su negocio organizado en torno al dinero que se verá mermado por culpa de un “espontaneo”.
    Y así nos vamos quitando libertades, los unos a los otros. Y cada día estamos más acorralados por leyes para defendernos del de al lado, cada vez más acorralado por leyes que van a defenderlo de nosotros.
    Eslabones de una cadena, todos, que a su vez nos encadena.
    Pero igual que los fabricantes de bombillas supieron ingeniárselas para fabricar una bombilla menos perdurable, ¿no vamos a ser capaces, entre todos los que vivimos, de ingeniárnoslas para conseguir que la cadena de la que somos prisioneros y eslabones se rompa por alguna parte?
  2. Me desagradó por dos razones el encontrarm

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.