miércoles, 26 de marzo de 2014

"¡Vamos a matarlos, que son pocos!"

Y gritando "libertad", como si no estuvieran teniendo más de la que se merecen.
A buenas horas a la policía de los tiempos de Franco se le hubiera subido a las barbas la gentuza que tiene hoy tomadas las universidades. 
A buenas horas en una manifestación iban a ser los agredidos los anti-disturbios, como ocurrió el pasado sábado.
A buenas horas iban a ser los policías los que resultaban con la cabeza abierta.
Y es que ni lo uno ni lo otro.
Que nos hemos ido de un extremo al contrario.
Se me ocurre imaginar qué pasaría si los no-anti-sistema, los no-nacionalistas, los no-separatistas, nos largásemos fuera de este pais, a cualquier parte, y se quedaran solos todos los de izquierdas - con personajes como por ejemplo Cañamero a la cabeza - y todos los salvajes incendiarios de contenedores y lanzadores de adoquines a las cabezas de las fuerzas del orden (una forma de llamarlas, "fuerzas del orden", cuando los gobiernos sucesivos las han ido privando uno tras otro de su fuerza), y todos los independentistas con sus Mases, y todos los etarras y todos sus consentidores y simpatizantes.
Pues pasaría que se liarían a hostias, entre ellos, unos con otros.
Y cuando ya no quedara ni uno volveríamos, todos los demás.
Y viviríamos tan a gustito.
Lo que sí ha pasado hoy, cosa rara, es que el rector ha llamado a la policía.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.