viernes, 7 de marzo de 2014

Anhedonia de la música

Lo he leído en El Mundo mientras desayunaba. Es por lo visto una patología digna de estudio. Tengo, por tanto, algún tipo de "avería" en mi cerebro que me impide sentir placer cuando la escucho. Vamos, que padezco algún tipo de enfermedad o de dolencia.
¿Todas las personas a las que no les gusta algo que está consensuado que debe gustar están enfermas?
¿Todas las personas a quienes son del todo indiferentes tantísimas cosas como a mí me conmueven debe entenderse, según ese criterio, que están sanas?
¿No es una patología la indiferencia que el común de los mortales siente hacía los sentimientos del resto de sus congéneres?
¿La emoción que yo siento viendo la mirada de un animal es, quizás, una patología que sólo a mí aqueja?
El caso es, en resumidas cuentas, que me quedo un poco tranquila porque así, cuando al yo afirmar que la música no me da ni tus ni mus las personas se muestren muy sorprendidas, podré responder muy cargada de razón "es que tengo anhedonia".
Y ellos responderán "Oh, pobrecita, ¿te lo vas ha hacer tratar?".
Y que no me preocupe, que seguro que con una buena medicación, o sometiéndome a psicoanálisis mejoro.
Y yo me callaré que hay dolencias, que padecen otros, para las que no existe remedio ni curación posible.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.