domingo, 29 de junio de 2014

TRABAJO Y TIEMPO LIBRE

Alicia Bermúdez 1 julio, 2014 at 13:43 # 

Texto 7.12

7.12 “Los cristianos, heredando tradiciones zoroástricas y judaicas, teorizan la existencia de una intercomunicación de vivencias que crean una especie de subconsciente colectivo después descrito en la Psicología; le llamaban la comunión de los santos, como una red protegida por la diosa Maya, iluminada por los focos espirituales de las oraciones y las procesiones místicas. En las tradiciones orientales, los rastros culturales previos de la Cornisa Atlántica y el chamanismo siberiano, todas las formas de vida están unidas por un fluido energético a veces visible que se denomina genéricamente prana, dependiendo de las culturas. Forma parte también de la memoria colectiva y es uno de los tres alimentos esenciales de lo que se podría llamar el arco iris de la mente. Su implicación en los procesos de fijación y uso de la memoria son evidentes, pero su dominio es sólo consecuencia de estados de pureza mental que vayan acercando al hombre al ritmo dhármico que abra las puertas de espacios espirituales superiores”. 

7_12

lunes, 23 de junio de 2014

Tal día como hoy de 1868 Christopher Latham Sholes patenta la máquina de escribir

Texto 7.11

7.11 “¿Puede que haya una memoria de la Humanidad? En ocasiones se experimenta la certeza de que lo que está ocurriendo ya se ha vivido; a veces puede ser achacable a especulaciones obsesivas, pero en algunos casos no son vivencias sino imágenes o sonidos en lugares nuevos, no visitados en ningún momento; ¿son pequeños guiños del espacio tiempo?, ¿juega con el hombre el mundo que él mismo inventó? Puede que exista una memoria que lo contenga, no ordenada ni cronológica sino en la más pura síntesis, y los distintos grados de relación consciencia-mente permitan iluminar diferentes vías de acceso, porque mientras no se llegue al anillo solar por todos sus rayos, no serán posibles más que experiencias parciales que deberán ser sometidas a la disciplina del análisis intelectivo”.
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
El tiempo y la memoria, el devenir o el ser, o la eternidad o la fugacidad del mundo: representan el conflicto y la complementariedad entre dos aspectos fundamentales de la vida y una de las cuestiones filosóficas, científicas y teológicas más antiguas.
San Agustín en las Confesiones, escribe “¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si alguien me lo pregunta y lo quiero explicar, ya no lo sé…” Y se pregunta si esos tiempos, el pasado y el futuro, son realmente, dado que uno ya no es y el otro todavía no es.
Tenemos la profunda intuición de que el futuro está indeterminado hasta que se hace presente y de que el pasado es inmutable. ¿Y si no fuera así? ¿Es el tiempo una ilusión?
La ciencia es el campo donde la cuestión del tiempo se plantea más agudamente. Históricamente, la física comenzó con una noción de este concepto altamente estructurada: el tiempo de pasado fijo, presente y futuro abierto con el que hemos construido nuestra experiencia cotidiana. Pero gradualmente se ha ido desmantelando y poco queda ya en pie de esta idea. El tiempo hoy es una variable redundante, desde la Relatividad podríamos describir el cambio sin recurrir a él: relacionando sistemas físicos sin recurrir a una noción abstracta de tiempo universal.
A partir de lo anterior, el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty sostuvo que, la tendencia a creer que el tiempo fluye sobreviene porque olvidamos ponernos en el escenario a nosotros mismos y a nuestras conexiones con el mundo. Puede que el tiempo aparezca únicamente tras descomponer el mundo en subsistemas y observar qué es lo que los mantiene unidos. Según esta idea, el tiempo físico surgiría en virtud de concebirnos a nosotros mismos como algo separado del resto de las cosas.
¿El tiempo es una mentira que encubre una verdad más profunda? ¿Es un artificio que surgió a la vez que la aparición de la consciencia del yo en el curso del progreso humano?
Muchas de nuestras elecciones de conducta surgen de esta relación del yo con nuestro entorno, parte del cual está dentro de nosotros. Y no hay que olvidar que el 90% de nuestra percepción es intuitiva, no consciente. De lo que se puede sostener que estas relaciones y su expresión final no son necesariamente conscientes.
¿Hasta qué punto somos capaces de inventar el futuro?
“¿Juega con el hombre el mundo que él mismo inventó?”

Afrodita
22 junio, 2014
Se me ocurre una cosa muy tonta. Un dolor de muelas — subjetivo, seguramente, pero todo el mundo ha tenido alguna vez dolor de muelas y que venga alguien a contarle que objetivamente el dolor no existió — y, al mismo tiempo que ese dolor que lo está martirizando a uno, llega, inesperadamente, una noticia feliz que se viene esperando largo tiempo.
El tiempo no existe, de acuerdo, pero el dolor de muelas ahí estuvo y la noticia feliz llegó.
Y el dolor y la sensación de felicidad se ensamblan, y crean un sentimiento (o quizás sensación, hay que ser tan cuidadoso con las palabras) que es a un mismo tiempo dulce y amargo.
En cualquier circunstancia de la vida pasa más o menos lo mismo. Se experimentan sensaciones y sentimientos que se superponen.
Quiero decir, con ejemplo tan tonto, que nunca y que jamás nada a recordar está limpio ni desprovisto de interferencias.
Y que, a lo mejor, querer desde la razón negar al tiempo el momento y el lugar que en nuestra percepción — subjetiva, sí, pero quien sepa de percepciones objetivas que levante por favor el dedo — ocupó, ocupa u ocupará, es quizás una trampa de doble filo, el ardid del que nos agarramos para ningunear al dolor, al fracaso, a la decepción, a cualquier sentimiento negativo o indeseado, sin estar teniendo en cuenta que al hacerlo estamos ninguneando también el lado amable.
¿Qué quedaría de nuestros yoes y de nuestras vidas si los desnudásemos de todos los condicionantes, fastos y nefastos, que nos van forjando?
Hay un aforismo que dice “el que quiere la col quiere las hojas de alrededor”.
No sé si me explico.

Mandala (óvalo 1)

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.