sábado, 31 de mayo de 2014

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Alicia Bermúdez 30 mayo, 2014 at 15:43 # 

No juzgo, sólo opino.
Usted está añadiendo unos juicios que yo no he hecho.
En cuanto a mi asco es sólo mío, no se preocupe por él.
Alicia Bermúdez 30 mayo, 2014 at 16:57 # 
Ah. Se me olvidaba un punto.
Lo del ser humano.
Y, si, es verdad; también yo soy humana.
Lo que pasa es que por más que discurro no doy con la solución para dejar de serlo.
He pensado a veces en el suicidio como única solución. Pero la he descartado porque para qué ahorrarle ese trabajo a la vida. Además, cuando alguien se quita de en medio siempre hay algún otro alguien que da un suspiro de satisfacción y murmura “¡qué alivio!”.
Sería un acto de generosidad que no merece nadie.
Así que seguiré tirando de la carga de ser algo que detesto.

Pongo la televisión.
Quito la televisión.
Pienso si abrir un libro, pero cuál.
El ordenador.
Un solitario.
El correo.
Nada.
Un blog.
Nada.
Vuelvo a poner la tele.
Sisi.
Vuelvo al ordenador.
¿Escribir?
¿Qué se puede escribir?
Zapeo.
Cine de barrio.
La Chunga. Vieja y gorda.
Otra cadena.
Qué tiempo tan feliz.
Qué mundo tan hortera.
Otra cadena.
Tiros y un negro.
Siempre que sale un negro cambio de cadena.
Tiros y un blanco.
Cambio también de cadena.
Apago la tele.
Otra vez al solitario.
Vuelvo a encenderla.
La 1 La Chunga en cine de barrio. Un horror.
TDP Waterpolo
La 2 Una entrevista aburrida.
Canal 24 horas. Hablan del tabaco y dicen que mata.
Clan Monigotes feísimos.
Boing Otro horror insufrible.
Telecinco Qué tiempo tan feliz, como para pegarse un tiro.
Telemadrid  Se está creando empleo neto. Y la guerra por la sucesión en el PSOE
La Otra Noches de tormenta. Richard Gere y una chica se enamoran.
La sexta Violaciones en la India y una mujer asesinada en España.
Cuatro El tabaco mata y si subieran las tasas moriría menos gente.
Divinity Desavenencias tipo reality de una familia.
FDF La que se avecina, para salir corriendo.
Paramount Chanel Homicidio en primer grado, con policías y tiros.
Disney Chanel Dibujos estúpidos.
Antena 3 Sola con un extraño. Película americana típica de televisión.
Neox Dibujos futuristas.
Nova Ahora caigo. Concurso macarra con presentador macarra y concursantes macarras para espectadores macarras.
El resto de cadenas todo son echadoras/es de cartas.
Apago la tele y bebo un vaso de agua.
No quiero leer.
No quiero escribir.
No quiero comer.
No quiero dormir.
No quiero olvidar.
No quiero saber.
No quiero hablar.
No quiero escuchar.
No quiero esperar.
No quiero creer.
No quiero vivir.
¿Qué puedo hacer?

Identificador


viernes, 30 de mayo de 2014

Y sin embargo defeca

Podemos elegir cómo mostrarnos, medir y aquilatar nuestro aspecto, nuestros actos, nuestros gestos, nuestras palabras, nuestra forma de mirar, y de sonreír, y de expresarnos; y podemos adoptar el tono de voz que consideremos el que mejor se adecúa al momento y al lugar. Todo cuanto mostramos puede ser manipulado o falseado, pero…  ¿y lo que no mostramos?
No podemos evitar que quienes nos miran o nos escuchan o nos leen nos imaginen defecando.
Un gesto, una palabra, un tono de voz, siempre queda la esperanza de poder negarlo, de argumentar que quizá fue mal interpretado y  “yo no soy así”.
Pero, defecar…
¿Alguien conoce a alguien que,  si le mostrásemos la foto del aspecto que ofrecía cuando nuestra imaginación lo sorprendió en semejante trance, pudiese protestar “oh, no; yo defeco con más elegancia”?


Mandala (cuadrado)

Hay que joderse

domingo, 18 de mayo de 2014

Texto 7.6

Publicado por  el may 18, 2014 en Prólogo a la carta número siete. El saco de la memoria. 

7.6 “Hay memoria táctil, hay memoria olfativa, pero sobre todo, el rey de los sentidos en el terreno de la información retenida en el cerebro es el oído. Puede que porque sea difícil sustraerse a la tentación de concebir cualquier recuerdo dentro del idioma. Es difícilmente evitable si se tiene en cuenta que no existe un lugar o una estructura que acoja como un archivo fílmico un bloque informativo, sino que se divide en múltiples fracciones que ocupan lugares física y energéticamente diferentes, y que en su reproducción o recopilación no todos acudirán con la misma celeridad e impulso, y habrá que sustituir la ausencia de algunos y recuperar otros. Desde la memoria no se puede relatar ni inventariar cómo se ha vivido; es un referente subjetivo de cómo se siente hoy que se ha vivido, y es cambiante en tanto en cuanto es permanentemente analógico. Se podría dividir la memoria en múltiples clases o tipos en función de las implicaciones morfológicas que intervienen en el proceso, y de las formas perceptivas, de los usos, pero ello confundiría y conduciría a elaborar un tratado sobre la materia y no parece apropiado; pero sí parece importante señalar que gran parte de la memoria que interviene en los actos más triviales y en los más esenciales se ha almacenado sin permiso de la consciencia”.
7_6

domingo, 11 de mayo de 2014

Texto 7.5

Afrodita
11 mayo, 2014
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Puede que nuestros recuerdos estén trucados, y nuestras emociones y nuestros sentimientos también lo estén.
¿Pero quién o qué los tergiversa?
¿Quién o qué puede desvelarnos dónde está la trampa?
¿Dónde ir a buscar la objetividad desapasionada que nos saque del laberinto en que se interfieren y enredan recuerdos y emociones y sentimientos que a su vez, unos y otros, condicionan el fluir y el funcionamiento de los demás componentes de ese todo?
¿Existe alguien en el mundo que pueda decir a otro ser humano estás recordando mal, o tus emociones son injustificadas, o tus sentimientos son erróneos?
¿Alguien puede desplegar frente a mí lo que tal vez (pero cómo saberlo) son mis verdaderos recuerdos y sentimientos y emociones y decirme “mira, pedazo de tonta, estos, los que yo te estoy mostrando son LA VERDAD”?
Y que me desprenda de los que habitan en mí, y los tire a la basura. Y que los olvide para remplazarlos por otros distintos que… ¿de quién serán?
¿Quién tiene una verdad que sirva para otro?
Otra cosa:
“Esta tierra encantadora”.
Aventurero, no vivimos en la misma. Te diría “pon la tele”, pero comprendo que es una frase muy manida.
Claro, que si ello quiere decir que estamos inmersos en un encantamiento…
¿Quién lo desencantará?

Foto borrosa

martes, 6 de mayo de 2014

Para Nuba, en texto 7.4

Afrodita
6 mayo, 2014
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Intenté hace años leer la Crítica de la razón pura – tonta de mí, quién me mandaría – y aparte de no entender una palabra y de aburrirme como un cocodrilo (expresión mía, no sé cómo se aburren los cocodrilos) arrastraba, a lo largo de los renglones y los párrafos leídos a saltos y trompicones, la sensación de un Kant (en mi percepción, claro) ajeno a todo lo que no fuera su obra, obsesionado por desmenuzar… no sé qué, porque como no pude aguantarlo no me enteré, pero imagino que sería la idea de Dios, o del universo o de algo así.
Y me lo imaginaba, a Kant, caminando por la calle y encontrándose con un perro abandonado — bueno, es que para mí los animales son una especie de paradigma de la soledad, o la incomprensión, o la impotencia — que para nada lo conmovía. Recuerdo que, tras arrinconar su libro, escribí “¿Tendría alguna vez Kant un canario?”, porque no puedo imaginármelo ocupándose de ponerle su alpiste, y su agua, y de tener cuidado de que no esté la jaula en la ventana cuando atiza el sol de los mediodías de verano.
¡Kant, ocupándose de esas minucias habiendo tantas cosas tan profundas sobre las que disertar!
En otra ocasión hice un intento parecido con El hombre y Dios, de Zubiri, y mi fracaso fue no menos rotundo.
Y con Nietzsche. Con el que además de experimentar la misma sensación (angustiosa) que con los dos anteriores notaba como si estuviera yo en mitad de un desierto, todo arena, tanta arena que me impedía caminar, me cubría casi por completo, se me metía en la boca y me ahogaba; y sobre mi cabeza un sol rabioso que me achicharraba. Hay un cuadro, creo que es de Goya, que se llama “perro enterrado en la arena”. Leyendo a Nietzsche yo era ese perro, de manera que antes de perecer en el intento cerré el libro y me juré que nunca más Nietzsche ni ningún otro “enterao” de esos que hilan tan fino.
Y con la mayor parte de los comentarios me pasa algo parecido que en mis torpes intentos de leer filosofía.
Y me los imagino a ellos, los que escriben, caminando por la calle y yo mirándolos, desde lejos — todo fantasía, claro, que no sé a quién corresponde cada nombre ni los conozco — y, al verlos pasar de largo junto al pero paradigma… (léase más arriba), sin pestañear ni perder el hilo de su discurso, murmurando para mis adentros “te he pillao con el carrito del helao”.
Maldades mías. Que como no estoy muy segura de que este comentario se vaya a publicar, lo pongo, para ti, en mi blog que tú ya conoces.
Besos.

Kant

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.