miércoles, 26 de marzo de 2014

"¡Vamos a matarlos, que son pocos!"

Y gritando "libertad", como si no estuvieran teniendo más de la que se merecen.
A buenas horas a la policía de los tiempos de Franco se le hubiera subido a las barbas la gentuza que tiene hoy tomadas las universidades. 
A buenas horas en una manifestación iban a ser los agredidos los anti-disturbios, como ocurrió el pasado sábado.
A buenas horas iban a ser los policías los que resultaban con la cabeza abierta.
Y es que ni lo uno ni lo otro.
Que nos hemos ido de un extremo al contrario.
Se me ocurre imaginar qué pasaría si los no-anti-sistema, los no-nacionalistas, los no-separatistas, nos largásemos fuera de este pais, a cualquier parte, y se quedaran solos todos los de izquierdas - con personajes como por ejemplo Cañamero a la cabeza - y todos los salvajes incendiarios de contenedores y lanzadores de adoquines a las cabezas de las fuerzas del orden (una forma de llamarlas, "fuerzas del orden", cuando los gobiernos sucesivos las han ido privando uno tras otro de su fuerza), y todos los independentistas con sus Mases, y todos los etarras y todos sus consentidores y simpatizantes.
Pues pasaría que se liarían a hostias, entre ellos, unos con otros.
Y cuando ya no quedara ni uno volveríamos, todos los demás.
Y viviríamos tan a gustito.
Lo que sí ha pasado hoy, cosa rara, es que el rector ha llamado a la policía.

martes, 25 de marzo de 2014

25/3/14 01:55 a.m.

No lo sé; pero parece ser que la encontró entre los papeles del baúl, pequeño, en una de las carpetas junto a otras inscripciones y una página manuscrita con la advertencia. Caso de publicarse alguna vez.
Y porque la encontró, que es verdad, me la envió por correo, mírala, sintió pudor de conforme a su primera idea rehacer el texto, darle la vuelta como a un calcetín, y se conformo con pequeñas modificaciones y fraccionarlo, página por página.
Lo que no me explico es como lo has visto. Yo nunca me remonto a tan atrás. Agua pasada que ya...
De eso se vale, de que no me fijo, y como mete mano en todo...
¿La academia?
Clases a domicilio, así que por abreviar lo primero que explicó es domicilio no hay.
Cayó un chaparrón bueno, por cierto, pero la chica joven, de aspecto y trato muy agradable.
Dice que a veces se pregunta y sí, como tiene esa imaginación tan. Y que si mira tú por dónde de una manera tan natural se solucionase un problema que...
Debajo de los prismáticos, junto a la lata del tabaco en el cajón de arriba del mueblecillo.
Un paté dietético especial para su dolencia, pero no le hace gracia.
Pilas de 1,5 no. Las otras que son más delgadas.
Pues con una chincheta. Digo yo.

Página 2

jueves, 20 de marzo de 2014

20/3/14 07:03 p.m.

Pues claro que sé que no se trata de un lugar real, nada más he dicho que cuando me llevaste recordé haberlo pensado bastante parecido alguna vez.
¿La niña de las trenzas?
En el patio de la calle Bataneros. El original no aparece por ninguna parte, pero si la pudo escanear...
Lo que pasa es que sobre el papel se ve llena de manchurrones, pero dice que a ver si con más matiz o más color o menos contraste.
Ya me la enseñará y te contaré.
Ha refrescado y queda poco gel.
"Una querida", qué expresión tan trasnochada.
Se poda en guillotina.
Al lado del teléfono o detrás de la lata del café.
Está buscando, pero todo carísimo y a compartir.

martes, 18 de marzo de 2014

18 del 3 del 14 09:31 p.m.

¿Éste?

Pues en la misma cajita donde encontraste éste

que dice, ya sabes cómo es, que le recuerda la cara de un hombre,
de medio perfil, a su parecer.
El ojo izquierdo lo ve sobre el lomo del toro.

P.D. Pero no la que está dentro de la de galletas. La otra en la de bombones y está sola, no la puedes confundir con ninguna otra cosa.
Anda, ve allí.
Arriba. Y busca bien que me pones muy nerviosa.

viernes, 14 de marzo de 2014

Anatemas


Anatemas diletantes de concatenancias con salmodias para esfuerzo dorado de arterias circundando diatribas de dólmenes atesorarían, cuando el atardecer torciera el pavor de la cordura, planas de anzuelos endulzados de estamentos que, al arrobo de un sinfín aun no implorado, cortarían, entre los asteriscos, el calor tan ajado y tan recio del apócrifo sacrificar de la estopa por el brillo tenaz, pero cerúleo, del constante ir y allanar el rubor con la sedienta media verdad que a todas tierras ronda – sin importar qué lastre algún denuedo – y devanar, después y ya en un amarillento ronco y sin perfume, glaciaciones de acentos que tendidos estrangulan, de reojo, detalles que se zanjaron al revuelo del plomo tan cargado de indolencia como veló por el azar de la amarga desmesura de una risa.


Pero se perdieron y llegaron – además de angulosos – sin astucia.

viernes, 7 de marzo de 2014

Anhedonia de la música

Lo he leído en El Mundo mientras desayunaba. Es por lo visto una patología digna de estudio. Tengo, por tanto, algún tipo de "avería" en mi cerebro que me impide sentir placer cuando la escucho. Vamos, que padezco algún tipo de enfermedad o de dolencia.
¿Todas las personas a las que no les gusta algo que está consensuado que debe gustar están enfermas?
¿Todas las personas a quienes son del todo indiferentes tantísimas cosas como a mí me conmueven debe entenderse, según ese criterio, que están sanas?
¿No es una patología la indiferencia que el común de los mortales siente hacía los sentimientos del resto de sus congéneres?
¿La emoción que yo siento viendo la mirada de un animal es, quizás, una patología que sólo a mí aqueja?
El caso es, en resumidas cuentas, que me quedo un poco tranquila porque así, cuando al yo afirmar que la música no me da ni tus ni mus las personas se muestren muy sorprendidas, podré responder muy cargada de razón "es que tengo anhedonia".
Y ellos responderán "Oh, pobrecita, ¿te lo vas ha hacer tratar?".
Y que no me preocupe, que seguro que con una buena medicación, o sometiéndome a psicoanálisis mejoro.
Y yo me callaré que hay dolencias, que padecen otros, para las que no existe remedio ni curación posible.

domingo, 2 de marzo de 2014

Texto 6.28

Publicado por  el mar 2, 2014 en Sexto mensaje. Los caballeros del Grial 

6.28 “Enfermedad, duda, pereza, deseo, inseguridad, fracaso y redención son las siete luces negras que barre el pranayama, son remansos de fango que enturbian la sangre, transformando la memoria en peso, el entendimiento en complicidad y la voluntad en egocentrismo”.
6_28

sábado, 1 de marzo de 2014

Paco de Lucía

Dos días llevan dando la murga todos los cultos y sensibles de este país con la muerte de Paco de Lucía, deshaciéndose en elogios para su arte o para lo insigne e irrepetible artista que ha sido.
No tengo nada que objetar. Mi sensibilidad para cualquier tipo de expresión artística ha sido siempre nula. Nunca me ha emocionado más el sonido de una guitarra que las pedorretas del tubo de escape de una moto.
Tanto duelo…
Ha sido una persona que ha merecido respeto y admiración y prestigio por hacer bien lo que sabía hacer bien ¿Merece tanto elogio algo tan obligado como lo es hacer bien lo que se sabe hacer bien?
Pero, ya digo, no entiendo de esas cosas.
Nunca me ha conmovido lo bonito, ni lo delicado, ni lo excelso.
Me conmueve ver el cada día del mundo en el que vivo. Ir caminando por la calle, o viajar en el metro, y ver tanta tristeza en tantos ojos, y tanto abatimiento pesando sobre tantos hombros, y tanta indiferencia de cada transeúnte atribulado hacia la tribulación del transeúnte atribulado con el que se cruza.
Me conmueve ver tanta miseria y tanta pobreza. Y tanto egoísmo y tanto ver y vivir cómo cada ser humano somos un buitre carroñero intentando sacar con todo tipo de argucias los hígados al buitre carroñero de al lado.
Y el sufrimiento y el dolor y la mezquindad a que impelen las carencias.
Me pone un nudo en la garganta ver cómo nos abordamos los unos a los otros siempre pidiendo y demandando algo, nunca ofreciendo ni dando.
Todas esas cosas me conmueven. Pero no el arte.
El arte, todo el arte, me trae completamente al fresco.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.