domingo, 26 de enero de 2014

Texto 6.23

Publicado por  el ene 26, 2014 en Sexto mensaje. Los caballeros del Grial 

6.23 “Rezan los cantos de los chamanes que la Humanidad es un plan del Dios de todos los dioses para convencer de su rebelde estupidez al demonio, y ese plan se repite en todos los extremos en cada hombre. Lejos de analizar la impotencia o el esfuerzo del hombre para corregir el error satánico, lo que importa es cómo la historia del pensamiento humano ha estado girando alrededor de buscar respuestas al motivo de su origen, al destino de su farragosa existencia. Las interrogantes ¿qué hacemos aquí, para qué estamos? anegan el cerebro como olas persistentes que rompen en la frontera de la consciencia, extendiendo su espuma hasta el hipotálamo. El sentido colectivista que convoca estas preguntas rebaja y diluye el nivel de responsabilidad ante la vida pero a su vez plantea ¿hay una esencialidad común más allá de la necesidad trágica de compartir los miedos?”

viernes, 24 de enero de 2014

24/1/2014 11.00 p.m.

No, cielo, no son iguales, se parecen mucho pero no son iguales.
¿Sabes?, hoy me escribe contando que a ver si no es chocante que después de tantas vueltas como habrá tenido que dar (¿?) vaya a coincidir que al enlace del Quijote le venga a caer en suerte la casilla 22. Pero yo voy a ese enlace y lo que sale es la página 151 de Retrato de un espejo roto, sin casilla ninguna. Además no sé por qué tendría que ser chocante.
Hay días que de verdad no sé cómo funciona su cabeza.
Sí, llamaron por la mañana, que no, ningún problema a la ida. Y que Jerry contento con padre y madre.
No. Que el lunes o el martes y que telefonearán desde el tren. He intentado decirle esperad quizás mejor unos días porque está haciendo malo, y en ese sitio no hay alero. Pero, con eso de no entenderse…
Ya lo sé, pero nunca he conocido a nadie a quien le dure la flor de pascua.
Sacarina, no. Azúcar o nada ¿Para qué hacer experimentos si donde se pondría a la una ya se pone a la otra?
Se han terminado las alcaparras, tu hijo ha telefoneado dos veces y no entiendo qué pinta el ventilador en mitad del pasillo.
En ese compartimento no se puede, bueno, no se debe, colgar ropa larga. Mejor chaquetas y blusas o camisas, ¿Cuántas veces te he dicho que lo que alcanza lo destroza?
Sí le gusta, pero hay que darle una latita nueva cada vez, aunque haya pasado sólo un rato. Olfatea y se da la media vuelta.
No hace falta que lo leas. Ya te lo sabes. Es sólo para que entienda que lo digo por él o dirá que todo lo mezclo.
¿Sabes que dijo del caballero 22? Que eso me pasaba porque abro la página con Internet explorer, que si se abre con Google Chrome sí se ve.
Y es verdad.
Parece de brujería pero así es.

jueves, 2 de enero de 2014

Héroes y víctimas

A la emisora que estoy escuchando en TDT se le va de repente la voz y doy al botón de otra que viene a ser Onda Cero y reconozco la voz de Irene Villa. No sé si por la poca simpatía que me inspira esa chica reconozco su voz, que no me gusta porque sin poderlo evitar me suena falsa.
La están entrevistando porque ha escrito un nuevo libro, que me parece bien, es un personaje público, conocido, y es comprensible que los medios de comunicación se interesen por qué hace.
Lo que nunca entiendo es por qué, no sólo a ella, a las víctimas se las trata con un respeto que debiera reservarse a los héroes.
El héroe sabe qué hace, y por qué lo hace, aunque pueda (que puede a veces) estar equivocado; pero tiene un criterio, el suyo, tan válido como cualquier otro criterio.
La víctima pasaba por ahí, por donde fuese, sin sospechar que fuera  a verse envuelta en algo que iba a hacerla famosa por pura casualidad y sin haberlo buscado.
Así que esta chica es víctima, no heroína.
Ella, sin embargo, ha sabido sacar partido de su desgracia que se ha convertido en su fortuna.
Me pregunto cómo estaría siendo en la actualidad la vida de esta persona si a los doce años  — creo que fue en el 90 — su ángel de la guarda la hubiese mantenido lejos del lugar donde hubo un atentado terrorista.
Aborrezco a los terroristas, a todos.
Pero no siento admiración por las personas  que utilizan la propia adversidad para labrarse un futuro.

miércoles, 1 de enero de 2014

Qué le pido al año que empieza


Que no me falte salud, ni fuerzas, ni medios para atender y cubrir las necesidades de los seres vivos de los que voluntariamente soy responsable y a los que debo mis cuidados.
Que si hay algo, en cualquier orden de cosas, que sea bueno y yo sepa y pueda hacer bien, no deje de hacerlo.
Que no me falte lo mínimo para poder seguir llevando eso que se llama “una vida digna”.
Que no me sea indiferente qué sucede fuera de mí, y de mi ámbito y de mis alcances y de mis entendederas, aunque después de darle mil vueltas no encuentre cómo remediarlo y me cueste alguna que otra llorera.
Creo que nada más.
El resto de bienes o venturas que puedan desearse entiendo que van más allá de mí, de mi piel y de mis huesos y del DNI que sirve para identificarme y atestiguar que soy Alicia.
Todo eso que está más allá de mí no será, ni para bien ni para mal, algo que vaya a revertir en la persona que estoy siendo; porque qué seré cuando no sea yo lo desconozco, y desconozco igualmente qué ese otro yo que escapa a mi entender desea o entiende como deseable.
Me paro un instante a considerar si alguna vez he deseado algo más, o algo distinto, y no sé identificar en el recuerdo ni algo más ni algo distinto.
Y, sin embargo, es la primera vez en tantos años que se me ha ocurrido escribirlo.
Así que, allá va.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.