sábado, 2 de noviembre de 2013

Al artículo de Manuel Bautista ¿Habrá trabajo para todos en el futuro?

Alicia Bermúdez 2 noviembre, 2013 at 14:40 # 
Entré a trabajar en Telefónica a principios de los años 70, cuando las telefonistas éramos legión, miles de telefonistas — y no exagero, miles entre los distintos servicios de información, averías, tráfico nacional, tráfico internacional, etc. — porque tenía que haber quien te pusiera tu conferencia tanto si querías hablar con el 36 de Aguadulce (creo que era un complejo muy famoso relacionado con el cine y hoteles de lujo para los cineastas, que tenía un trasiego tremendo de llamadas) como con París o Londres. Y legión también de mecánicos, dedicados no ya sólo al mantenimiento de los equipos sino a reparar las clavijas que se averiaban, los pilotitos que se fundían y los cablecillos que se rompían.
 Mi padre trabajaba en un banco y los bancarios también eran legión; la contabilidad se llevaba en libros, y a mano, y las sumas se hacían de cabeza. Y mi padre tenía asignados, como los demás empleados de su departamento, “sus clientes” que, si a uno no le cuadraba un saldo venía a reclamar y mi padre (o al que le tocase) había de puntear en los libros en busca de los centimillos aviesos y taimados. Mi padre (esto es anécdota) siempre estuvo muy orgulloso de que en esos rastreos nunca el error fue suyo sino del cliente.
Cuarenta años después, un telediario como quien dice, esas cosas parecen de chiste. ´
La crisis, la crisis, la crisis. No es sólo la falta de dinero por culpa de la crisis lo que hace que las empresas despidan empleados; es que hay trabajos que ya nadie tiene que hacerlos porque la tecnología los puede realizar mejor y más deprisa que las personas. Y a ritmo aún más vertiginoso de al que las cosas cambiaron en esas apenas cuatro décadas, cambia la propia tecnología que reemplazó a la mano de obra, y ahora lo que se necesita es personal a cada instante más especializado en unos trabajos que, a su vez y al ritmo vertiginoso que los avances llevan en todos los terrenos de cualquier tipo de producción o de industria, se quedarán también obsoletos y no serán tampoco necesarios dentro de cuatro días.
Así que el que quiera tener un puesto de trabajo habrá no sólo de trabajar en “lo suyo” sino estar siendo un constante aprendiz de lo nuevo porque “lo suyo” dejará de ser rápidamente “suyo”,  ni de nadie ni demandado, porque habrá venido a sustituirlo algo más avanzado.
Así que, en el futuro, nada más habrá puestos de trabajo para los empleos (cada vez menos, además, ya que todo se va mecanizando) que no requieran cualificación alguna y para los que estén dispuestos a dedicar parte del tiempo que el trabajo les deje a ser toda su vida “estudiantes”.
Y eso, es bueno, creo. Y no creo que la vida del Hombre tenga su por qué y su para qué nada más que en la propia subsistencia. Y creo que a la más corta o a la más larga las personas dedicarán menos tiempo al trabajo y más a eso que los modernos  llaman “realizarse”.
Ahora que, los ajustes y esas cosas que la llegada de esos tiempos acarrearán, no tengo ni idea de en qué puedan consistir ni de qué manera haya que abordarlos. Que yo de economía y de sociología y de… de casi todo lo susceptible de ser sabido, en definitiva, no entiendo ni palabra y para eso están los que si quieren saber más que yo tendrán que andar con ojo a no perder ni comba ni puntada. O se quedarán en la estacada. Mira, ha rimado.
  1. Oficios

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.