martes, 3 de septiembre de 2013

Texto 6.2


  • Alicia
    3 septiembre, 2013

    Tengo últimamente sensaciones extrañas que empiezan a resultar inquietantes y consisten en que las personas que ha de suponerse existen nada más en mi imaginación se comportan, conmigo por lo menos, como si fueran de verdad y hasta me miran, incluso parecen verme, y si les hablo me siguen el juego haciendo como si me hubiesen oído. Ayer mismo, fui a la tienda de alimento para mascotas, entré y dije buenos días y el hombre me contestó; sin mostrar yo la menor sorpresa ni preguntarle por qué hacía algo tan extravagante le pedí, con esa naturalidad tan mía que ha llegado a ser casi perfecta a fuerza de ensayar, un saco de pienso para gatos. El hombre, sin inmutarse, agarró el saco de encima del estante y lo deposito en el carro de la compra que yo, previsora, me había ocupado de arrastrar conmigo desde casa. Luego dijo que eran sesenta y tres euros y yo le entregué un billete de cincuenta, otro de diez, dos monedas de un euro, una moneda de cincuenta céntimos, dos de veinte céntimos y una de diez. Como si todo estuviera en perfecto orden.
    Al entrar en el portal me cruce con una vecina del sexto que no me saludó, y al salir del ascensor con la de al lado que no me saludó tampoco; pero ninguna de las dos me tranquilizó demasiado porque yo, desde que las imaginé a ellas y al resto de los vecinos, decidí que serían personas — personas, porque no se me ocurrió otra cosa, téngase en cuenta que soy en esto del imaginar tan sólo principiante —, pero personas poco comunicativas de esas que se mantienen a distancia y, en su afán por ignorarme que me salió lo que se dice bordado, se abstienen incluso de imaginar que existo.
    Pero los gatos se comen el pienso, tan campantes.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.