jueves, 15 de agosto de 2013

¡Querida niña!

Tarde espesa y medio anubarrada de domingo de agosto que dedico a aligerar cajones. Papeles variopintos, apuntes que al releer reconozco y “ah, esto ya lo utilicé” que van yendo a la papelera, troceados, por esa especie de pudor que me asalta al sentir  que un papel escrito por una misma — da un poco igual, a mí me da, si trata de realidad o de ficción — es como una fotografía que, aun hecha un gurruño, puede contemplar alguien que (como hay gente tan rara) hurgue, por la razón que sea, en la basura.
¿Y no es igualmente una fotografía lo escrito que se conserva en un cajón que un día abrirá quién sabe quién?
Sí. Pero si lo conservo — aunque sea nada más por olvido — y está en mi cajón de mi mesa de mi despacho de mi casa, todo mío, cabe suponer que si alguien lo mirase sería atentando contra mi privacidad. Y ahí no estaría yo teniendo ninguna responsabilidad.
¿Y publicarlo en internet, no es mostrarse?
Pues sí. Pero entonces ya es como una foto de estudio, un posado como lo llaman los del famoseo, y ahí ya pues quien escribe se esmera en presentarse un poquito bien acicalado si bien, si la ocasión lo requiere (que hay ocasiones para todo y cada ocasión requiere su aderezo), el acicale puede consistir en una cara sucia, o un pelo desgreñado, o en cubrirse de fealdad, o de harapos; de algo, en fin, poco favorecedor pero medido y estudiado.
Así que muchos de los papeles se han visto reducido a añicos. Pero he encontrado tres folios (cuatro, en realidad, que en el primero va, él solo y entre admiraciones, el título) — y digo bien folios porque son de verdad folios y no DIN A4 — cuyo contenido,  que al releer ha evocado con encantadora frescura qué sentí aquella tarde que se cita, tengo la seguridad de no haber utilizado jamás.
Ha sido quizás por la frescura — lo de “encantadora”  puede ser  discutible, pero me estoy refiriendo a la viveza (no sin embargo grata), la verdad y el arrebato con que  (recuerdo) escribí los folios — por lo que he pensado que me gustaría escanearlos pero, he ahí el problema, el hecho de ser folios (folios, folios, ya digo, no DIN A4) no me lo ponía fácil.
De modo que lo que he hecho ha sido copiarlos, letra por letra, punto por punto, coma por coma y frase por frase.
Podía haber hecho correcciones — y, bueno, para decir la verdad alguna coma (no más de dos o tres) sí que he puesto o he quitado — pero no he querido, aun siendo consciente de que tiene defectos (de forma, y quizás también de contenido)  pero defectos que son, de alguna forma, “complementos” para el acicale de cara sucia y de harapos con que libremente he elegido mostrarme.

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Mandala (47)

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.