martes, 23 de julio de 2013

A Duende en texto 5.24

Me temo, Duende, que nadie va a poder darte la explicación que pides.
Llevo participando en este blog desde que echó a andar, y en infinidad de ocasiones — vamos, que en casi todas — me ocurre lo mismo que a ti, y me siento tentada de clamar “¡¡¡que alguien me lo explique, por favor!!!”.
Luego entiendo, eso sí lo entiendo, que en el mundo del pensamiento nada tiene una interpretación única,  y que — tal vez — no siempre ha de ser obligatoriamente la Razón quien entienda y se lo dé, al pensante, cocinado y masticado. Y que la interpretación que cada cual hacemos, esa sí, es irrepetible y única.
Si acabas de llegar a este blog te recomendaría, si no conoces el libro en el que se basa, que echaras un vistazo hacia atrás, leyeras los textos desde el principio; ahí tal vez te hicieras una idea — la tuya, personal e intransferible  — de qué pretende (que no me parece "pretender"la palabra acertada, pero no encuentro otra) trasmitir el libro y de que todos los que comentamos nos movemos por los textos y por los comentarios pues… como podemos; como en la vida misma.
¿Y no vivimos cada día sin estar, muchísimas veces, entendiendo la vida?
He leído tu comentario en Otras Políticas; ahí haces una pregunta,  “Quizás hay ocasiones donde todos pensamos lo mismo y realmente sea lo mismo, ¿o no?”.

Bueno, pues yo me tomo la libertad de opinar y responderte que no; que nada es lo mismo. Y que si tu razón no entiende, pues algo habrá de ti, o en ti, que de alguna manera sí que entienda, y que a ti mismo te sorprenda.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.