lunes, 8 de julio de 2013

¿Le queda algo que aportar a la izquierda? Artículo de Manuel Bautista

¿No tienen algo de apolillao, de decadente sin encanto — porque lo decadente con encanto sí que tiene su aquel — tanto la izquierda como la derecha?
Lo mismo una que otra me trae a la cabeza montones de escombros, de cascotes o de restos de un derribo que en nada se parecen a unas ruinas que puedan despertar un algo de nostalgia.
¿Y si es que ninguna de las dos tiene las soluciones para los males que nos aquejan hoy en día?
A mí me parece que ambas estuvieron diseñadas para arrastrar, cada una a su manera, a las masas; pero también me parece que hoy por hoy las masas son cada vez más pequeñas, que quedan cada vez menos multitudes susceptibles de ser aglutinadas bajo banderas o consignas sean del color que sean. Quedan, sí, pero quizás no muchas más de las que pueda arrastrar, por poner un ejemplo, cualquier tipo de manifestación por las calles de cualquier ciudad reivindicando lo que sea y sea el “lo que sea” propugnado por la izquierda o por la derecha; unos cuantos cientos de miles de personas allí, dando la sensación de una homogeneidad que puestos a arañar un poquito se vería que en realidad no es tal. Y el resto del personal, el que no se manifiesta, ¿es que todo el mundo es gris y amorfo, es que a todos los que no se expresan les da igual una que otra?
A mí me parece que no y que lo que pasa es que cada vez hay más personas que se sienten o nos sentimos solas, que no hay ningunas siglas con las que nos sintamos identificados ni respondan a nuestras inquietudes, que, por otra parte, son tan diferentes de “cada uno” a de “cada otro” porque cada cual tiene su propia escala de valores que, a lo mejor, haría poner el grito en el cielo a su vecino, que lo ve cada día como tan normal y tan parecido a sí mismo.
Vamos, que creo que es el individuo a su pequeña escala y con su pequeña voz (la suya, no la de su amo) el que tiene en sus manos el modificar su pequeño entorno a base, tal vez, de muy pequeños gestos alentados, o movidos, por una voluntad cada vez mayor de encontrar su propio camino más allá de la subsistencia.
Que ya no es época ni son tiempos de grandes partidos prometiendo… ¿qué?
Quizás cuando salgamos de la célebre crisis todos lo hagamos trasformados, como cuando se sobrevive a una enfermedad grave, y entendamos nuestro destino de otra manera; puede, incluso, que sin ser conscientes de ello, lo estemos empezando a entender…
No sé si es que me he levantado hoy yo rara, optimista o algo así; que en mi juicio (poco o mucho, el que tenga) sí que debo de estar porque, lo prometo, todo lo que he tomado ha sido un café con leche.



Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.