jueves, 13 de junio de 2013

Texto 5.18

Desayunando echo mano de un periódico que anda por encima de las mesas y leo de un hombre, un ruso creo que con mucho dinero, que lleva gastada una fortuna en… me temo que no lo sabré repetir, pero algo como crear una especie de cerebro “réplica” del suyo que irá metido en un ordenador que a su vez irá dentro de una cabeza —en la foto del periódico tiene el aspecto de las máscaras funerarias que se ven en las momias — que será también réplica de la cabeza suya.
Muy mal explicado, sí.
El asunto está, por lo que alcanzo a entender, en que la inteligencia y todas las demás cualidades “humanas” se almacenarían libres y desbrozadas de la “humanidad” que las condiciona y pone trabas y, por tanto, “vaciadas” de dualidad.
Y en que si la idea se generalizase todo sería fácil y maravilloso porque todos tendríamos cada cual nuestra réplica que, además de ser no recuerdo si he leído que inmortal o casi, resolvería el problema tan engorroso de la subsistencia, de alimentarse, ya que la maquina requeriría mantenimiento pero no comida.
¿Qué sería de nosotros desprovistos para siempre de ese aliado tan necesario para dirimir diferencias, tan irreconciliables algunas (pero, bueno), que sólo pueden darse dentro de nuestra condición de humanos?
¿Qué haríamos con nuestras vidas si no tuviéramos que aprender a dominar la agresividad y a vencer el miedo, ni que controlar el pánico y tampoco los deseos?
¿Para qué rayos podrían servir tanta inmortalidad y tanta inteligencia tan desbrozada de la tan denostable humanidad que nos adorna a los humanos si, suprimida la dualidad que tanta guerra da y tanto machaca, nos quedásemos cada agonista sin nuestro correspondiente antagonista?
¿Qué llevan en mente las cabezas pensantes — con todas sus neuronas y todas sus sinapsis (todavía, que luego serán una especie de Google) — que investigan tanto para llegar a ese tipo de inventos?




Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.