lunes, 13 de mayo de 2013

A Ernesto en Efectos colaterales


Escribí que quizás soy un poquito discutidora, pero me temo que no tanto como para mantenerme a tu altura.
Por mi parte estás disculpado. Considero que has interpretado parte de lo que expreso de manera sesgada, y que me adjudicas una forma de pensar que se corresponde apenas con mi realidad.
En el mundo, en todos los países, también en los que no han tenido una guerra civil ni un dictador, existen las derechas y las izquierdas; pero en este nuestro el hecho de que alguien sea de derechas se asocia de inmediato con franquismo.
Aun en las circunstancias más ideales, imaginando que todo gobernante posible fuera un dechado de honestidad, yo me seguiría inclinando más por la derecha. No sé si es un delito, ni sé tampoco si yo ni nadie tenemos información o conocimientos lo bastante alambicados como para poder definirnos como de un lado o del otro; más bien creo que nos dejamos llevar por emociones y por datos que nos llegan muchas veces filtrados, e interpretados, por las emociones de quienes nos los hacen llegar.
Ocurre tan sólo que hay cosas, convicciones, formas de entender el mundo y la vida, que están muy arraigas en las personas, y las convicciones arraigadas en mí encuentran más sintonía (mucha menos de la que quizás imaginas) con las ideas que se nos venden como de derechas que con las contrarias.
La izquierda está representada por el comunismo y el socialismo, ¿no es cierto? Y ninguno de los dos me gusta.
No quiero un estado que lleve a sus ciudadanos de la mano, ni que decrete qué es lo correcto o lo incorrecto ni lo justo o lo injusto; ni quiero que haya que mostrarse dócil o ser de la cuerda de quienes gobiernan para sentirse protegido. No quiero ni tan sólo que nadie proteja a nadie y sí nada más que se facilite el que cada persona tenga o adquiera o aprenda la suficiente dignidad y la responsabilidad necesaria para no representar un peligro, en ningún aspecto, para ninguna otra nacida o por nacer.
Y porque me creo, puede que ingenuamente, que la derecha tiende más a esa libertad es por lo que (resumiendo mucho) me defino y me muestro como de derechas. Pero, llevadas las cosas a la práctica y visto lo visto, empiezo a sospechar que no soy de nada, ni de nadie, y que todos defraudan y que todos traicionan. Sin que quiera ello decir eso tan manoseado de “son todos iguales”. No, no son todos iguales. Pero ninguno es bueno. Quizás porque las personas no lo somos tampoco pese a ser tan diferentes unas de otras.   

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.