martes, 7 de mayo de 2013

Inspirada en el comentario de Enrique al texto 5.13

Alicia
7 mayo, 2013
En el último párrafo del comentario de Enrique: el tiempo de los sueños, ese que transcurre de otra manera, desplegando el mismo microsegundo en mil mundos paralelos.
Los sueños terminan diluyéndose y olvidándose. En muchas ocasiones incluso se piensa no haber soñado y, lo que a retazos o trompicones se recuerda, se cuenta, como anécdota que suele mover a risa de tan disparatado y por más trágico o angustioso que estuviera siendo.
Pero mientras se está dentro, en ese mundo imposible, se viven los acontecimientos con toda naturalidad. Es como si en nosotros existiera una capacidad de comprender, o de incorporar cualquier tipo de entorno y de asimetría y de atemporalidad, y cualquier realidad; que no se manifiesta en la vigilia.
Esa importancia que se da a los sueños, tratando tantas veces de interpretarlos y, casi siempre, llevando el agua al molino de las obsesiones que nos aquejan en esa otra realidad que tenemos por “la verdadera”, pretendiendo encontrar símbolos y paralelismos que nos faciliten las claves para comprenderla cuando, quién sabe, por lo que habría que sentirse en verdad intrigado es por qué sé moverme en lugares tan ilógicos, en los que jamás he estado antes y no guardan siquiera un tipo de proporción coherente con lo espacial ni lo temporal que mi razón entiende; y con gentes a las que no conozco y se desenvuelven en situaciones que no me cuestiono y hablan de cosas que no entiendo pero mantengo el tipo, sin esfuerzo, aceptando sin mayor perplejidad lo que me toca vivir y sentir mientras estoy allí dentro, y encontrando soluciones a problemas a veces mucho más complicados que los que me encuentro en la vida… ¿real?
Pero de esas cosas nos reímos.
Me contaron una vez que existe una tribu, en Nueva Zelanda, o en Australia, creo que los maoríes, que aseveran que la vida verdadera es la soñada.
¿Significará eso que el “verdadero yo” es ese otro, resoluto y perspicaz y aventurero? ¿Ese otro yo en esos otros mundos que, cuando me pienso en posesión de eso que solemos llamar “todas mis facultades”, no me tomo en serio?
O a lo mejor es él (otro) quien, mucho más espabilado, no me toma en serio a mí.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.