jueves, 4 de abril de 2013

En comentario a artículo de Carlos Peiró Ripoll


Alicia Bermúdez 4 abril, 2013 at 20:03 # 
Todo aquello que vaya a llegar a más gente, ya sea desde el punto de vista de lo que son los gustos como desde el de que resulte accesible económicamente, se vende mejor, ¿no? ¿Y qué interés mayor que el vender (y el comprar) puede alentar a un mundo obsesionado por el dinero?
Así que toda la oferta, de todo tipo de artículos y a través de todos los medios, va poco a poco o mucho a mucho cada vez más encaminada a difuminar hasta hacer (si fuera posible) desaparecer las diferencias que aquí o allá o en unos o en otros puedan suponer extrañeza o rechazo.
Cuando las cosas no eran todavía así al que quería conocer otras culturas y formas de vida in situ y respiradas por el mismo no le quedaba más remedio que viajar. Si el viajero tenía pocos posibles o espíritu más aventurero tiraba mundo adelante y, si tenía más posibles o espíritu más caprichoso, se embarcaba en cruceros (que sólo eran de lujo) o en expediciones que, pese a las vicisitudes que acarreasen, siempre resultaban pintorescas y de alguna forma glamurosas. Y sucedían anécdotas como que o se moría uno de hambre o se avenía a comer cosas impensables.
Y como eso con el vestir, el calzar, la cosmética, los artículos y cachivaches con que se llenan las casas, las propias casas, e incluso el tener mascotas; se ha logrado que todo ello esté tan al alcance de los que de toda la vida estuvieron familiarizados con la calidad — calidad de los actos, y de las cosas, y de los motivos para desearlas — como de los que no.
Sin embargo y al mismo tiempo todo el mundo quiere aparentar frente a sus vecinos (de escalera y de planeta) que él es uno de los agraciados que ha accedido a… lo que sea.
Así tenemos comida fusión, música fusión, muchas cosas fusión que no se sabe ya fusión de qué porque no hay ya manera de reconocer la oriundez (me lo acabo de inventar que, otra cosa, la Academia Española también es cada vez más permisiva, y me parece bien, pero los especialistas en la lengua se ponen estrechos y argumentan que tal o cual palabra no está admitida, “pues espérate un tiempito y lo estará”), oriundez de cada uno de los ingredientes que las están componiendo.
Ah. Y cruceros a precios populares.
¿Pero qué crucero puede ser un crucero a precio popular?
Y es que una cosa que me resulta a mí pero que muy chocante y se me hace además muy cuesta arriba es el lujo barato.
¿Cabe en alguna cabeza que el lujo pueda ser barato?
El lujo siempre ha sido un distintivo, o un capricho para un de vez muy en cuando, algo a rememorar al cabo del tiempo con la sensación de que marcó un hito.
Pero no. Ya hasta lo lujoso o exótico se ha vuelto cotidiano y vulgar.
¿Dónde y por qué andurriales habrá que ir para encontrar lo sorprendente y la rareza?

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.