martes, 28 de mayo de 2013

De amor y oscuridad

El sábado pasado, o el domingo, no recuerdo con exactitud, tenía la radio conectada y hablaban de Federico García Lorca. Escuché, sin estar prestando mucha atención, por primera vez en mi vida el nombre de Juan Ramírez de Lucas.
Se hablaba, en el programa que estaban emitiendo, de que García Lorca hubiese podido marcharse de España pero no estaba dispuesto a hacerlo si no lo acompañaba esa persona.
Como sentí curiosidad por saber quién era tecleé en Internet y ahí encontré bastante información al respecto.
También me enteré, escuchando ese programa, que alguien cuyo nombre es Manuel Francisco Reina — que dentro de la poca atención que estaba yo prestando creo que era el entrevistado —ha escrito recientemente una novela acerca de esa historia y de esos “amores”.
¿Por qué asqueada?
Por varias cosas.
Una de ellas porque a cuenta de una historia que sólo debiera concernir a quienes la vivieron — si en verdad la vivieron — las dos familias, la de García Lorca y la de Ramírez de Lucas, tratan de lucrarse aireando (envolviéndolo en un cierto halo de romanticismo) miserias que, parece ser, están presentes en toda condición humana, incluso en la de los poetas más insignes y ensalzados.
Otra de las razones por las que siento repugnancia por este asunto es que ese señor, Ramírez de Lucas, guardó (con muy buen criterio, por otra parte) absoluto secreto acerca de esa relación, pero, por quién sabe qué motivos, antes de morir en 2010 se sinceró con una hermana suya que es, según he leído en alguno de los múltiples artículos publicados, quien ha dado a conocer cartas y la existencia de recuerdos que Ramírez de Lucas conservaba de aquella relación.
¿Por qué lo airea? Parece ser que por dar a conocer circunstancias que rodearon a la muerte de García Lorca, pero ¿qué sentido tiene ahondar en eso?, me pregunto.
Y me surge la sospecha de si no hay mucho de morbo en el asunto.
Por otra parte leo también que García Lorca pudo marcharse de España, y evitar ser asesinado, pero que no quiso porque no estaba dispuesto a separarse de su amado.
¿Por qué no podía separarse de su amado?
Él corría peligro, sí, pero no lo corría Ramírez de Lucas ya que pertenecía a una familia “conservadora” que no tenía nada que temer. Luego el interés de García Lorca al pretender llevarlo con él no era salvarlo de nada sino, nada más, no prescindir de su compañía…
¿Por qué le era tan “necesario”?
Por otra parte Ramírez de Lucas tenía 19 años y Lorca 38. Ramírez de Lucas quería ser actor y García Lorca le aseguró que él lograría que lo fuese.
¿Seguro que era amor, y sólo amor, lo que alentaba a Ramírez de Lucas en esa relación?
Otra cosa. Según la información que ha trascendido García Lorca esperó, sin resultado, a que Ramírez de Lucas obtuviese el permiso que éste solicitaría de su familia para que pudiera acompañarlo en su huida a Méjico. Pero ese permiso no fue dado jamás.
¿Solicitaría Ramírez de Lucas el tal permiso a sus padres?
Todo lo que ha trascendido es versión de Ramírez de Lucas, y cabe preguntarse si las cosas son como él las contó a su hermana.
En cuanto al propio García Lorca, vuelvo a preguntarme, ¿cómo era y qué matiz tenía su amor hacia el jovencito?
¿Era amor o era mera atracción sexual?
Los homosexuales suelen ser proclives a una sexualidad mucho más “apasionada”, más carnal de la que pueda darse entre heterosexuales. Así que, no se quería marchar sin él… por qué.
Me siento inclinada a pensar que porque estaba bastante “enganchado” al “objeto de su deseo”. Y poco más.
Por añadidura Ramírez de Lucas no aparece reflejado en los artículos que he podido leer como un dechado de dignidad ya que “para lavar su pasado” se alistó en la División Azul.
¿Por qué tenía que lavar ningún pasado?
Y, luego, setenta años después, sale con toda esa historia.
Y tanto su familia como la de Lorca parecen bastante entusiasmadas con que se divulgue.
¿Por qué? ¿Por dinero?
Y el escritor de la novela, Manuel Francisco Reina. Pues me tomo la libertad de pensar que también por dinero.
Todo bastante sórdido. Tanto la historia en sí como los intereses que, a juzgar por las apariencias, mueven a los interesados en difundirla.
Más tarde sigo mariposeando por internet y aparecen unos cuantos individuos (ninguna individua) que fueron el "ultimo amor" del poeta.
A todos ellos dedicó poemas, en todos ellos se inspiró, todos ellos guardan cartas de amor y recuerdos, de todos hay algún biógrafo aseverando que era con quien de verdad quería huir a Méjico.
En fin...

domingo, 26 de mayo de 2013

Texto 5.16

Publicado por  el may 26, 2013 en Prólogo a la carta número cinco. Pausas Imposibles 

5.16 “Parece evidente que las discusiones interminables entre proteinistas y genetistas meten al hombre en la inercia del problema planteado durante siglos, que generó discusiones interminables entre avezados teólogos al respecto del sexo de los ángeles; pronto los biólogos llegarán a la conclusión de que una parte es el todo, porque el todo se contiene de forma absoluta en cada una de las partes, y desde ahí se considerará la biología como una forma al servicio de la posibilidad de crecer, de evolucionar del ser humano”.
                                                                 ************************
  1. Alicia Bermúdez
    27 mayo, 2013
    Un gran número de mortales tenemos una noción bastante vaga de qué es ni cómo es un gen, y de las proteínas todo lo que sabemos es que son muy necesarias y que están en la carne y en el pescado y en los lácteos; aun así y dentro de nuestra ignorancia somos bastantes los que nos hacemos infinidad de preguntas que a la ciencia – bueno, a los científicos puede que sí, a título personal- le tienen totalmente sin cuidado. A la ciencia sólo le interesa lo que puede observar, al microscopio si es demasiado pequeño, y analizar y desmenuzar y medir con cualquiera de los aparatos que la misma ciencia va descubriendo para sus fines, y cuantificar y convertir en fórmulas que los profanos no entendemos.
    Pero no hay aparatos ni fórmulas con los que analizar ni resolver el alma humana que es, precisamente, donde se alojan todas las dudas, y todos los conflictos a que da lugar el hecho de tener ella, el alma, que estar forcejeando de continuo con el cuerpo.
    Así que si llega el día en que gracias a la ciencia y a sus investigaciones el cuerpo sea el recipiente perfecto e ideal para el alma estaremos contentos ¿Pero qué será la vida, ni para qué servirá, si crecer y evolucionar serán cosas naturales que se harán sin sentir y sin ningún esfuerzo?
    Me pregunto.
    Nota: No sé ni qué he escrito porque escribir en este recuadro tan pequeño de los comentarios se me da fatal. Aun así ya veremos si entra.




    Alta en el Cielo Azul un Ala27 mayo, 2013

    Bermúdez, Alice: No nos desilusiones con ese final terrorífico de no saber que es lo que escribes porque el rectángulo no da para más, siendo por supuesto cosa matemático geométrica precisa. Ya sabemos que todo lo es, y también que los sabios e investigadores se ocupan de hacernos conocer a los que nos dedicamos a las artes con alma (¿?), la otra parte del asunto, cosa que al final nos hacen explicatoria y entendedora, aunque no entre en todos los DIN -A4 del mundo.
    Eso que del alma anda en nuestro cuerpo, aunque para algunos afuera, es cosa sabida por vieja y remanida, aunque no te lo creas del todo. Hace también largos siglos que los sabios explicaron, más o menos, que pasaba con eso que decían alma y por dónde andaba, y algunos casi lo acertaron. Hasta las religiones se ocuparon de ello con el mismo sentido antiguo de los sabios, porque todos nosotros, a la hora de soltar esa expresión de que “me duele en el Alma”, sospechamos por donde anda la tía. O sea justo por el externon, para simplificar, cosa que la mayoría confunde con el corazón que está cerquita y porque te da un colocón de estremecimiento cuando a uno se le da por “almacionarse”.
    Hay, religiones, creencias y ciencias intersticiales, que lo explicaron a la perfección, y otras, las oficiales, que juegan al mareo. No te dejas engañar, hay mucha gente que sabe para qué y donde está el alma, lo malo es que mucha otra ni se entera que la tiene porque se lo han contado fatal.
    En realidad el alma anda por todos lados dentro de nosotros, porque para eso es etérea y compuesta de otras eteridades que nos habitan, pero lo cierto es que cuando se organizan, se ponen de acuerdo y se deciden, nos dan un golpe inerior de verdad, para que te enteres de lo que vale un peine, vital, por supuesto.
    Por cierto, éste rectángulo sí que se me ha quedado chico. Bueno, lo demás te lo explicas tú misma que para eso estas.
    ******************************
    Le Parisien sur la seine27 mayo, 2013

    Te entiendo perfectamente Alicia, en lo del recuadrito jejej, no, es broma. Entiendo que encuentres tanta información sofisticada de lo que comunmente llamamos ciencia alejada de tus sentimientos e inquietudes primordiales. Pero es que nos han enseñado mal como dice “Alta en el Cielo Azul un Ala”, nos han enseñado a fraccionarnos como si en la carne no hubiera misterio redentor o en el alma ciencia que desarrollar. Jugar a ésto es hacer lo que el autor dice con Genetistas y Proteinistas, es confrontar dos partes de una misma naturaleza que deben entenderse ,tendiendose lazos recíprocos hacia una plenitud mayor.
    Lo unico es que no se puede intentar entender profundamente lo científico sin una actitud científica, y me explico, no podemos intentar entender lo cientifíco como información pasiva, como un mero acto de deglución intelectual. Hay que propiciar una intención de asimilación de los conceptos para buscar los misterios que ampara lo que la ciencia nos ofrece, somos nosotros los que debemos convertirnos en científicos de nuestra propia experiencia de vida. Los kilos de información se vuelven inertes sino los conviertes en aventura cuando pasan por ti.
    Un abrazo.

sábado, 25 de mayo de 2013

www.aventurapensamiento.com

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Esto es lo que me sale cuando quiero poner comentarios.

viernes, 24 de mayo de 2013

Otro comentario en texto 5.14

Tal vez no expresé bien qué quería decir en referencia al cuerpo. No es que yo le eche la culpa de nada, el cuerpo es lo que es y tiene sus exigencias y, justo esas exigencias, son los condicionantes, lo que nos pone trabas para aplicar toda nuestra voluntad a fines que vayan más allá de las satisfacciones que él demanda.
No pretendo que haya que abandonarlo para ser libre, pero sí digo que la dedicación que requiere el atenderlo, alimentarlo, asearlo, adecuar el entorno vital al mínimo de confort en que quiere habitar, corren en contra de poder dedicar nuestro tiempo, y nuestra energía, y nuestra inteligencia, y gran parte de nuestras capacidades, a crear y a apreciar lo que otros crean y a disfrutar con ello.
Crear y generar algo bello en vez de tantos detritus como, por la noche, cuando están todos los contenedores de basuras en las aceras, se contempla (con una cierta perplejidad y no poco espanto) a cuánta suciedad y cuántos desechos da lugar nuestra ineludible corporeidad.
Por eso siento tanto desprecio y tanta aversión por el cuerpo, y por eso lo considero un tirano; sin dejar por ello de tener en cuenta que su existir estará sirviendo de crisol en el que el espíritu se vaya desbastando, y forjando, y depurando.
Pero no puedo evitar la frustración que me produce el hecho de que necesitemos algo tan primitivo y tan burdo para, de alguna forma, “entrar en cintura”.
Por eso sueño con otros mundos que no sé si existen, pero necesito creer en ellos para poder sobrellevar la repugnancia que me inspira este.

Por alguna razón no puedo enviar comentarios a 
http://www.aventurapensamiento.com/

domingo, 19 de mayo de 2013

A Mandrágora en 5.14


Alicia
19 mayo, 2013
A mí me parece que cada persona somos tres — ¿como la Trinidad?, no; pero si tres —: el que de verdad somos, el que creemos ser, y el que supone quien nos observa, o nos piensa o nos imagina.
Lo digo por tu pregunta “¿Qué nos hace actuar de modo diferente a lo que parece que somos?”.
A mi vez me pregunto si a lo que parece a los otros que somos o a lo que nos parece que somos a nosotros mismos.
Qué parecemos a los demás es más complicado de saber, supongo, y tan sólo nos cabe imaginar cómo nos percibirán a partir de cómo a base de cuidado y de esmero nos mostramos. Unas personas se esfuerzan por ser consideradas bondadosas, otras simpáticas, otras seguras de sí mismas, otras… pues lo que sea. Y aunque siempre aparecerán fisuras, o los otros nos encontrarán fisuras en función de lo perspicaces que a su vez sean, esos otros seguirán su camino, algo decepcionados tal vez si es que los defraudamos, pero lo seguirán sin más problema (salvo los suyos propios, claro) porque no es de ellos la responsabilidad de resolvernos. Aunque a lo mejor — pienso — quizás un poco sí, pero responsabilidad pequeña.
Cada cual sí tenemos la responsabilidad, grande e ineludible, de resolvernos.
Tal vez ese sea el motivo de la tan denostada dualidad, el “eterno monstruo” que como tú muy bien dices es (en mi opinión) algo a lo que deberíamos dar gracias por estar representando la constante búsqueda del verdadero ser que habita en cada uno de nosotros.
Creo que en cualquier manifestación del arte afloran mucho esa manifestación de la dualidad y ese empecinamiento del verdadero ser oculto por hacerse un hueco. Sin la dualidad me temo que el mundo de los humanos sería plano, sin rasgos ni matices, y un aburrimiento insufrible.
Pero creo también que un error al que no podemos sustraernos, porque va también en la esencia de la naturaleza humana, es imaginar que esa resolución del “yo” va a alcanzarla la persona que somos, con el cuerpo que tenemos, y habitando dentro de él.
Y a lo mejor la misión del cuerpo es justamente actuar de tirano, generar la lucha y el conflicto que servirán de impulso para, ya en otra parte y sin este cuerpo, recoger, de alguna manera, unos frutos que desde “nuestro aquí” se nos antojan (no sin una cierta razón muy humana) ajenos y lejanos.
Porque el cuerpo es muy (con perdón) cabrón y egoísta y lo quiere todo para sí; y estar presente y vivir en su carne la gloria de la resurrección que tu mencionas. Pero, luego, fuera de él, quizás lo que resulte muy ajeno y lejano sea lo que experimentamos mientras estuvimos en él; y que nos cause risa tanto como nos hizo pelear y batallar y padecer.
Son estas, Mandrágora, reflexiones surgidas a raíz de tu comentario. Prueba, tal vez, de que un poquito sí que nos resolvemos los unos a los otros.
Y quiero darte las gracias por ello.

sábado, 18 de mayo de 2013

En comentarios al texto 5.14

Nadie sabemos qué debemos hacer con nuestra vida, ni para qué dedicación nos eligió el destino, o si era el “yo” el que debía elegir al destino. Pero entre tanto vivimos en un constante debatir, en cada instante, de a cuál de los dos toca la baza en el instante siguiente; y sin saber, también a cada instante, si nos precipitamos o nos rezagamos o si lo torcimos o nos hizo trampa.
Pero actuamos, no queda más remedio, aunque la opción que tomemos sea hacernos un ovillo y esperar a aclararnos estaremos actuando y teniendo una responsabilidad (aunque la desconozcamos) en lo que sucedió o dejó de suceder por causa de nuestro aovillamiento.
Incluso cuando afirmamos saber qué queremos y a qué queremos dedicar nuestra vida y nuestro afán, ¿somos conscientes de si lo que nos mueve es la voluntad y no sólo el deseo?
Estamos educados a que cualquier propósito llevado a cabo se materialice en algún resultado perceptible a simple vista, o a simple oído, o a simple tacto, o a simple gusto o a simple olfato, por los demás. Y a lo mejor no nos lo creemos del todo, a lo mejor tenemos una vaga sensación de que “hacemos” cosas que quedan fuera del ámbito de las percepciones inmediatas; pero, a ese tipo de cosas, les reconocemos tan poquita utilidad…
El hacer o no hacer solemos valorarlo en función de qué reporta a los aspectos prácticos de la vida, y centrarlo en la subsistencia, en el permanecer y en el dejar constancia de que somos — no qué somos,  que suele no proceder ni el plantearse, y si se plantea no debe cometerse la grosería, o la frivolidad,  de expresarlo — lo que se espera de nosotros y de que estamos en el lugar que nos corresponde.
Y todos nuestros actos quedan así sometidos a criterios de algo que se parece mucho a la productividad, porque todos nuestros actos han de representar un lucro (material o espiritual) o una posibilidad de trueque; y si no es así, en nuestro cada día, nos iremos a la cama por la noche con la desazón de “hoy no he hecho nada”.
Así que todo esfuerzo suele aplicarse a la actividad laboral cabalmente desempeñada, a la profesionalidad, a que el hogar esté en orden si se es ama de casa, a que las multas estén debidamente puestas (e impuestas) si se es guardián de la ORA, a que el reo esté correcta y puntualmente ejecutado si se es verdugo…
Y, caramba; después de tanto trajín se tiene derecho al esparcimiento.
Y el ocio se suele emplear en desvivirse buscando formas nuevas con que matar el tedio.
¿Qué tiempo queda para buscar a ese “uno mismo” que cada cual tiene la sensación de llevar dentro? ¿Qué tiempo para dedicarlo a ese “uno mismo” con el que tanto terror daría encontrarse?

lunes, 13 de mayo de 2013

A Ernesto en Efectos colaterales


Escribí que quizás soy un poquito discutidora, pero me temo que no tanto como para mantenerme a tu altura.
Por mi parte estás disculpado. Considero que has interpretado parte de lo que expreso de manera sesgada, y que me adjudicas una forma de pensar que se corresponde apenas con mi realidad.
En el mundo, en todos los países, también en los que no han tenido una guerra civil ni un dictador, existen las derechas y las izquierdas; pero en este nuestro el hecho de que alguien sea de derechas se asocia de inmediato con franquismo.
Aun en las circunstancias más ideales, imaginando que todo gobernante posible fuera un dechado de honestidad, yo me seguiría inclinando más por la derecha. No sé si es un delito, ni sé tampoco si yo ni nadie tenemos información o conocimientos lo bastante alambicados como para poder definirnos como de un lado o del otro; más bien creo que nos dejamos llevar por emociones y por datos que nos llegan muchas veces filtrados, e interpretados, por las emociones de quienes nos los hacen llegar.
Ocurre tan sólo que hay cosas, convicciones, formas de entender el mundo y la vida, que están muy arraigas en las personas, y las convicciones arraigadas en mí encuentran más sintonía (mucha menos de la que quizás imaginas) con las ideas que se nos venden como de derechas que con las contrarias.
La izquierda está representada por el comunismo y el socialismo, ¿no es cierto? Y ninguno de los dos me gusta.
No quiero un estado que lleve a sus ciudadanos de la mano, ni que decrete qué es lo correcto o lo incorrecto ni lo justo o lo injusto; ni quiero que haya que mostrarse dócil o ser de la cuerda de quienes gobiernan para sentirse protegido. No quiero ni tan sólo que nadie proteja a nadie y sí nada más que se facilite el que cada persona tenga o adquiera o aprenda la suficiente dignidad y la responsabilidad necesaria para no representar un peligro, en ningún aspecto, para ninguna otra nacida o por nacer.
Y porque me creo, puede que ingenuamente, que la derecha tiende más a esa libertad es por lo que (resumiendo mucho) me defino y me muestro como de derechas. Pero, llevadas las cosas a la práctica y visto lo visto, empiezo a sospechar que no soy de nada, ni de nadie, y que todos defraudan y que todos traicionan. Sin que quiera ello decir eso tan manoseado de “son todos iguales”. No, no son todos iguales. Pero ninguno es bueno. Quizás porque las personas no lo somos tampoco pese a ser tan diferentes unas de otras.   

sábado, 11 de mayo de 2013

A Manu Oquendo en "Cataluña y el expolio fiscal"


Alicia Bermúdez 11 mayo, 2013 at 12:48 # 
Pero ocurre, Manu, que ellos no quieren, ellos no quieren ser España. Ellos llevan muchísimo tiempo (no sé exactamente cuánto en términos históricos, pero lo llamo “muchísimo” porque es la suya una cantinela que ya sonaba allí donde alcanzan mis recuerdos) queriendo ser eso que ellos llaman “independientes”, que, por otra parte, ¡como si la independencia fuese posible!
Cada vez estamos en un mundo más interconectado y más dependiente en todos los aspectos todos y todo de todos y de todo lo demás; pero ellos no lo admiten. Ellos quieren ser una especie de… yo que sé, una especie de gueto o algo así.
Yo no entiendo que eso pueda ser deseable. Pero dicen que lo quieren. Y los que habitan en Cataluña, muchos de ellos emigrantes no sólo de otros países (recientemente) sino de todas las demás provincias de España, están transigiendo y tragando, sin rechistar, ¿o cuánto o cuándo se ve que la ciudadanía que no está de acuerdo con el separatismo se revele de alguna manera?
Muchos de los españoles sí que nos revelamos a seguir soportando su matraca, y sus impertinencias; muchos estamos cansados de no poder sintonizar las noticias sea en radio o en televisión sin encontrarnos con alguna proclama nacionalista, pronunciada en lengua que no es la española, reivindicando no sé qué derechos que, por otra parte han tenido siempre y jamás se les han negado. Es más, y muy al contrario, parece que el gobierno central tiene que andar siempre mimándolos, y contentándolos y haciendo concesiones y “regalos” para que ellos sigan derrochando en sus caprichos, y en sus embajadas en los lugares más remotos del planeta que qué necesitados estarán, me pregunto, de una embajada catalana.
Pero ellos lo quieren, y los que no lo quieren no manifiestan tampoco el no quererlo.
Así que, sí, que sean independientes y nos dejen en paz a todos los demás, ¿qué mal hay en ello?, ¿en que nos perjudicaría al resto de los españoles?
Y lo pregunto en serio, de verdad, desde mi ignorancia que puede ser muy escandalosa, pero es que no entiendo por qué hay que aferrarse a que España tiene que seguir teniendo exactamente el mismo dibujo de mapa que ahora tiene para seguir siendo España.
Desde que el mundo echó a rodar han nacido y desaparecido cantidad de países, y unos se han segregado y otros se han adherido ¿Por qué hay que obstinarse en que España ha de seguir igual?
A mí personalmente me importa muy poquito que España sea un poco más grande o un poco más pequeña. Y no soy la única persona que lo ve así.
Entiendo que mi planteamiento y mi razonamiento son pueriles, y seguramente muy discutibles; y estaré encantada de que alguien — tú por ejemplo, Manu, cuyas opiniones y criterios siempre me merecen un enorme respeto — me haga comprender por qué y en qué no tengo razón.
Pero el caso es que, mientras mis ideas no estén más claras, me siento capaz de declararme tan separatista como el más separatista de los catalanes, o de los vascos, o de los que se tercie.
Que se separen, y se marchen, y nos dejen en paz a todos los demás.
¿Qué pasa por eso?
Habré puesto hasta faltas de ortografía, pero es que es un tema que no lo puedo remediar pero me enciende.

martes, 7 de mayo de 2013

Inspirada en el comentario de Enrique al texto 5.13

Alicia
7 mayo, 2013
En el último párrafo del comentario de Enrique: el tiempo de los sueños, ese que transcurre de otra manera, desplegando el mismo microsegundo en mil mundos paralelos.
Los sueños terminan diluyéndose y olvidándose. En muchas ocasiones incluso se piensa no haber soñado y, lo que a retazos o trompicones se recuerda, se cuenta, como anécdota que suele mover a risa de tan disparatado y por más trágico o angustioso que estuviera siendo.
Pero mientras se está dentro, en ese mundo imposible, se viven los acontecimientos con toda naturalidad. Es como si en nosotros existiera una capacidad de comprender, o de incorporar cualquier tipo de entorno y de asimetría y de atemporalidad, y cualquier realidad; que no se manifiesta en la vigilia.
Esa importancia que se da a los sueños, tratando tantas veces de interpretarlos y, casi siempre, llevando el agua al molino de las obsesiones que nos aquejan en esa otra realidad que tenemos por “la verdadera”, pretendiendo encontrar símbolos y paralelismos que nos faciliten las claves para comprenderla cuando, quién sabe, por lo que habría que sentirse en verdad intrigado es por qué sé moverme en lugares tan ilógicos, en los que jamás he estado antes y no guardan siquiera un tipo de proporción coherente con lo espacial ni lo temporal que mi razón entiende; y con gentes a las que no conozco y se desenvuelven en situaciones que no me cuestiono y hablan de cosas que no entiendo pero mantengo el tipo, sin esfuerzo, aceptando sin mayor perplejidad lo que me toca vivir y sentir mientras estoy allí dentro, y encontrando soluciones a problemas a veces mucho más complicados que los que me encuentro en la vida… ¿real?
Pero de esas cosas nos reímos.
Me contaron una vez que existe una tribu, en Nueva Zelanda, o en Australia, creo que los maoríes, que aseveran que la vida verdadera es la soñada.
¿Significará eso que el “verdadero yo” es ese otro, resoluto y perspicaz y aventurero? ¿Ese otro yo en esos otros mundos que, cuando me pienso en posesión de eso que solemos llamar “todas mis facultades”, no me tomo en serio?
O a lo mejor es él (otro) quien, mucho más espabilado, no me toma en serio a mí.

domingo, 5 de mayo de 2013

Texto 5.13

Publicado por  el may 5, 2013 en Prólogo a la carta número cinco. Pausas Imposibles 

5.13 “Parece que por ti no haya pasado el tiempo es una frase coloquial de uso común; se emplea como favor o como requiebro, pero en realidad está escondiendo la parte más confusa de la miseria del sistema: es hacer de la vida el cuento de las princesas dormidas, pero ningún príncipe va a despertarte con un beso, y seguirás esperando a la voluntad de haber nacido hasta que una luz atraviese un muro mal cerrado y conmueva a las hadas narcotizadas, y al despertar sorprendidas, se desaten en forma de crisis gritando bajito a tus oídos: ¿qué has hecho de tu vida?, ¿en qué has gastado los latidos del corazón?, ¿de qué ha servido la información de los miles de litros de aire que pasan por tus pulmones?, desde la posibilidad de seleccionar millones de mensajes, ¿por qué siempre hiciste lo mismo?”

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.