martes, 16 de abril de 2013

Populacho enardecido (clic aquí)

¿Es lógica esta forma de proceder, en pleno siglo XXI y en un país que se pretende decir civilizado?
¿No es delito tratar así a una persona?
¿No es delito también el que las fuerzas de seguridad no eviten, por todos los medios, que un hatajo de gente (que no son seguro mejores personas que la encausada) someta a nadie a estas humillaciones?
¿No es vergonzoso, a la vista de los hechos, que la Constitución diga que todos los españoles somos iguales ante la ley?
¿No es delito que no exista ninguna autoridad que se ocupe de que todos seamos efectivamente iguales ante la ley?
¿Se hubiera actuado del mismo modo si no se estuviese tratando de un personaje tan mediático como Isabel Pantoja? 
Claro que, en la culpa llevan la penitencia. Esa misma gente que hoy la vapuleaba y le tiraba de los pelos pagará gustosa (por puro morbo, naturalmente) el precio de la entrada de sus próximos conciertos, que ella hará muy bien en vender carísimas. Así, esa misma gente, la estará ayudando a costear la multa de un millón de euros que le han impuesto.
¿De cuánto será, por cierto, la multa que le impongan a la infanta esposa del señor Urdangarín por causas no muy distintas?
¿O es que si son muy distintas?

jueves, 11 de abril de 2013

En comentarios al artículo de Manuel Bautista Pérez MONARQUÍA, REPÚBLICA... ¿ES ESA LA CUESTIÓN?


Alicia Bermúdez 11 abril, 2013 at 18:53 # 
Decir República en este país es algo así como nombrar la bicha. Se te ocurre decir que te parece buena cosa y serás calificado de loco o de insensato.
¿Pero por qué?
Es verdad que las dos que tuvimos dieron mal resultado, pero no creo que el mal radicase en ellas propiamente sino en las gentes que aquí somos ¿No? ¿O es que no hay un montón de republicas en el mapa de Europa sin estar suponiendo mayor drama para quienes las viven? Y si hay mayores dramas no es el hecho de ser repúblicas lo que los acarrea.
Por otra parte, ¿qué es un rey?, ¿qué son todos los reyes y todas las dinastías que en el mundo han sido?
Nunca se ha visto que una señora se ponga de parto y, al rato, “¿qué ha sido?”; y, “señora, ha tenido usted un rey”.
No están hechos de otra cosa que el resto de los mortales ni los adornan cualidades distintas de las que puedan adornar a cualquiera.
¿Por qué entonces avenirse a darles un trato diferente? ¿Por qué doblegarse sin rechistar a que vivan fuera de la ley? Porque me parece a mí que personas que quedan al margen de ser ni juzgadas ni encausadas ni sancionadas con la pena que según los códigos de cada país corresponda a tal o cual infracción o delito están viviendo al margen de la ley, ¿o no? ¿Y no es verdad que quienes viven al margen de la ley son un peligro público?
Así que prefiero una república, con su presidente al que se elige y, si no funciona, a la ronda siguiente a por otro.
Luego está el tema de con qué criterios elegimos la papeleta que depositamos en la urna que tenemos delante. El jubilado con la vista puesta en su pensión. El achacoso, en su salud. El parado en su subsidio. El vago en su subvención. La jovencita desinhibida en su aborto. El cada uno en su cadaunez…
Ya sé que estoy exagerando, pero… ¿a cuántos conocemos cada uno cuyas miras vayan un poco más allá de sus personalismos?
¿De qué manera meter en las cabezas de las gentes que ese mundo mejor que cada uno queremos sólo lo será si es mejor para todos?
Así que no sé, la verdad. Con Monarquía o con República estaremos igual de empantanados mientras sigamos siendo como somos.
Una anécdota. Me contaba un amigo de un grupo de personas que fueron a visitar una fábrica en Japón. Era por la mañana muy temprano y los pocos coches aparcados en un aparcamiento inmenso estaban muy lejos del edificio. Los visitantes preguntaron que por qué era así, y la persona que los acompañaba explicó que aquellos coches eran de los que habían llegado pronto, y que los sitios más cercanos los dejaban para que los fueran ocupando a medida que llegaban con el tiempo más justo.
¿Alguien se puede imaginar semejante forma de proceder aquí, en este país?
Y así nos va.

jueves, 4 de abril de 2013

En comentario a artículo de Carlos Peiró Ripoll


Alicia Bermúdez 4 abril, 2013 at 20:03 # 
Todo aquello que vaya a llegar a más gente, ya sea desde el punto de vista de lo que son los gustos como desde el de que resulte accesible económicamente, se vende mejor, ¿no? ¿Y qué interés mayor que el vender (y el comprar) puede alentar a un mundo obsesionado por el dinero?
Así que toda la oferta, de todo tipo de artículos y a través de todos los medios, va poco a poco o mucho a mucho cada vez más encaminada a difuminar hasta hacer (si fuera posible) desaparecer las diferencias que aquí o allá o en unos o en otros puedan suponer extrañeza o rechazo.
Cuando las cosas no eran todavía así al que quería conocer otras culturas y formas de vida in situ y respiradas por el mismo no le quedaba más remedio que viajar. Si el viajero tenía pocos posibles o espíritu más aventurero tiraba mundo adelante y, si tenía más posibles o espíritu más caprichoso, se embarcaba en cruceros (que sólo eran de lujo) o en expediciones que, pese a las vicisitudes que acarreasen, siempre resultaban pintorescas y de alguna forma glamurosas. Y sucedían anécdotas como que o se moría uno de hambre o se avenía a comer cosas impensables.
Y como eso con el vestir, el calzar, la cosmética, los artículos y cachivaches con que se llenan las casas, las propias casas, e incluso el tener mascotas; se ha logrado que todo ello esté tan al alcance de los que de toda la vida estuvieron familiarizados con la calidad — calidad de los actos, y de las cosas, y de los motivos para desearlas — como de los que no.
Sin embargo y al mismo tiempo todo el mundo quiere aparentar frente a sus vecinos (de escalera y de planeta) que él es uno de los agraciados que ha accedido a… lo que sea.
Así tenemos comida fusión, música fusión, muchas cosas fusión que no se sabe ya fusión de qué porque no hay ya manera de reconocer la oriundez (me lo acabo de inventar que, otra cosa, la Academia Española también es cada vez más permisiva, y me parece bien, pero los especialistas en la lengua se ponen estrechos y argumentan que tal o cual palabra no está admitida, “pues espérate un tiempito y lo estará”), oriundez de cada uno de los ingredientes que las están componiendo.
Ah. Y cruceros a precios populares.
¿Pero qué crucero puede ser un crucero a precio popular?
Y es que una cosa que me resulta a mí pero que muy chocante y se me hace además muy cuesta arriba es el lujo barato.
¿Cabe en alguna cabeza que el lujo pueda ser barato?
El lujo siempre ha sido un distintivo, o un capricho para un de vez muy en cuando, algo a rememorar al cabo del tiempo con la sensación de que marcó un hito.
Pero no. Ya hasta lo lujoso o exótico se ha vuelto cotidiano y vulgar.
¿Dónde y por qué andurriales habrá que ir para encontrar lo sorprendente y la rareza?

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.