domingo, 18 de noviembre de 2012

Afrodita en comentario al texto 4.17 de http://www.aventurapensamiento.com/?p=1324


18 noviembre, 2012

¿Es la vida otra cosa que un constante demandar los unos de los otros?
No digo que sea lo deseable, pero sí que es aun a nuestro pesar y a todas las protestas que podamos esgrimir aduciendo “lo hago por ti”.
Se hace “por ti” los padres con los hijos desde que nacemos; y eso que se hizo por esos hijos por los que se hizo “por ti” no siempre redunda en beneficio de los hijos. Y se los ve en infinidad de ocasiones crecer no tan felices como se hubiera deseado o como se considera que en virtud del esfuerzo realizado deberían serlo.
Y se espera y se exige que aquel por el que se hizo lo que se hizo por él y para que fuera feliz, lo sea, sin más y sin rechistar y punto en boca.
Y los padres se sienten frustrados; y no sólo por ver no feliz al hijo para el que se deseó y se hizo “lo mejor y por ti” sino, también y en mucha parte, porque “¿y de todo lo que yo hice por ti, qué?” y porque, encima, el condenado del chico va y rechista.
Porque aunque nos queramos engañar cuando estamos haciendo algo por otro siempre lo estamos haciendo en gran parte por nosotros mismos. Y de los hijos esperamos que nos den satisfacciones, y que en moneda material o inmaterial nos devuelvan y resarzan nuestro esfuerzo o, al menos y si no propiamente de ellos o desde ellos, esperamos que en algún lugar por más impreciso o abstracto que el lugar pueda ser queden impresos nuestros méritos y, de alguna forma, ver satisfecha nuestra vanidad, el reconocimiento de haberlo “hecho bien”.
¿O es eso, íntimamente y aunque jamás lo confesemos, lo que más nos importa? Nosotros, “yo”, en definitiva.
Y los hijos también se sienten frustrados porque… ¿son desagradecidos?
Y se genera una especie de círculo de eslabones imposible de romper, de reproches y de réplicas y de contrarréplicas.
Y, así, desde que nacemos. Desde que salimos del vientre de la madre y nos dan ese primer cachete en el culo (creo que es en el culo) que creo que se da a todos los recién nacidos en el culo…
(Continuará, que tampoco corre prisa y tiempo habrá)

20 noviembre, 2012

Cuando llegamos a eso que se llama uso de razón ya llevamos un lastre, aunque no lo recordemos; ya hemos tenido encuentros y desencuentros con aquellos que todo lo que hicieron por nosotros fue por nuestro bien; ya nos han reprochado y les hemos reprochado y nos hemos los unos a los otros y los otros a los unos replicado y contrarreplicado.
Y cuando ponemos la mano por primera vez en el picaporte de la puerta de nuestro mundo y de los nuestros para abrirla y entrar en el primer contacto con esos otros “otros” que no son los otros ya conocidos o vividos en propia carne y con los que para bien o para mal o para regular ya hemos establecido unos vínculos y firmado los correspondientes pactos de no agresión (o de no sacarnos los ojos, por lo menos) lo hacemos — según cómo nos haya ido la fiesta hasta el momento — o asomando el hocico con prudencia o a pecho descubierto y tumba abierta y… pues que sea lo que Dios quiera.
¿Hay más opciones?
Pues… Bueno, ¿Cuáles?
Se es confiado y generoso y comprensivo y tolerante y filántropo o se es desconfiado y egoísta e incomprensivo e intolerante y misántropo, o se es un poco de lo uno y un poco de lo otro porque “pero” pero “pero”.
Así que, entre unas cosas y otras y a pesar de los “peros” parece que hay bastantes opciones. Sí. Ninguna neta, ninguna pura, ninguna limpia del todo; pero las hay.
Y los otros, los “otros” nuevos con los que nos encontramos ahí fuera; pues están en las mismas y arrastrando, como nosotros, las propias experiencias de sus propias fiestas; predispuestos, lo mismo que nosotros que a saber de cuál de las categorías seamos, a lanzarnos en los brazos del de enfrente o a su yugular o, por el pero “pero”, a guardar las distancias, y las formas, y los ases en las mangas, y a pactar.
Por lo general, y de peor o mejor grado, se termina por — en virtud de una amplia batería de argumentos de lo más heterogéneo y contradictorios muchas veces — por pactar.
Pero pactar es como cuando, en una comida, se pide vino rosado no porque sea el que está prefiriéndose sino porque, “caramba, no es tan tinto como yo lo quería, confórmate por tanto (y aunque sea) aunque no esté siendo tan blanco como lo querrías tú”. (*)
Y nos repartimos, en buena armonía y para ir abriendo boca así para empezar, pequeñas tiranías y esclavitudes que, no hay que desesperar ni que agobiarse, ya irán de nuestras propias manos yendo a más.
De forma que — y para ir terminando — lo mismo que en la niñez sucedió dentro de la familia, sucede en la vida adulta en todo tipo de relaciones; más naturalmente en las afectivas — ya que en las laborales o de otras índoles es comprensible que haya que avenirse a acuerdo —, quiero decir “de forma más problemática” puesto que entra bastante en conflicto los sentimientos con los intereses aunque curiosamente suelen andar con demasiada frecuencia mezclados, interfiriéndose, y eso suele dar malísimos resultados.
Alicia Bermúdez

(*) Luego me voy a Otras políticas y me encuentro este comentario de Manu Oquendo  muy interesante.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.