miércoles, 7 de noviembre de 2012

11/07/2012 09:33:00 p.m.


Me volviste a cambiar el dial. No puedo soportar a esa panda de graciosos que hacen esa sección de parodias que se supone sirve para hacer reír. He mandado mensajes y dejado recados protestando de la mala sombra que tiene ese radiador o como rayos se llame.
Mientras tecleo hablan en la tele de la resolución del tribunal constitucional, y para ilustrar la noticia se ven en la pantalla dos tíos dándose un beso de tornillo.
Me parece repugnante.
Otra polémica de hoy es lo de la donación de órganos de la niña que murió en la fiesta del otro día. Cuando ya estaba todo dispuesto llegó por lo visto una orden del juez diciendo que no se podía realizar.
La familia de la persona receptora (creo  que era del hígado) muy afectada tantas esperanzas e ilusiones como habían puesto…
¿No es monstruoso? Alegrarse de que “alguien” (así, en abstracto) muera para que otro viva.
Pero la gente no siente el menor pesar ni culpa por ese tipo de cosas… ¡Desear que alguien muera porque  “a mí me beneficia”! Y sin asomo de sonrojo.
También me parece repugnante.
Sí, lo vi, y hoy ha vuelto a intentar pinchar de nuevo. Ha cambiado de nombre, pero ha cometido el error (o lo ha hecho adrede) de escribir mi nombre con el guioncito en medio.
Pero no creo que sea nada personal, con otros le pasa lo mismo.
Ah, la presentación.  Pues como son esas cosas; elogios y alabanzas y palabrería.
Que por qué voy a esas mascaradas; y la verdad es que no lo sé.
Pues con una aguja de punto, ya te dije. Ese cajón está lleno de cosas que habría que ir pensando en tirar.
¿Cómo que cuál? Pues ese de las tapas rojas que siempre llevo conmigo. No sé dónde lo he dejado.
He preguntado en el bar y me dicen que allí no.
Se ha comido dos dedos de tu guante izquierdo.
Ah, por si no te das cuenta. En las fechas enlaces a los textos donde puedes ver los comentarios en el original.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.