viernes, 15 de junio de 2012

Texto 4.3

Publicado por  el jun 15, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias | 

4.3 “Las necesidades de unificación cultural han conducido al hombre a decantarse hacia un pensamiento único de grupo, de ética o de país, y esta forma de pensar que conduce la creatividad hacia destinos unidireccionales, desemboca en la utilización de los sentidos de manera cribada y conduce a objetivos previamente establecidos”.
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Estamos inmersos en un espacio social con unas reglas fuertemente establecidas. La familia y la escuela se encargan de trasmitirlas y fijarlas.
Hay un gran Plan. Es decir, hay un modelo sistemático para dirigir y encauzar al hombre.
Planificamos nuestras vidas y las de aquellos que dependen de nosotros.
Planificamos nuestros embarazos, planificamos la educación de nuestros hijos, planificamos nuestras carreras, nuestras vidas laborales, planificamos los días, planificamos los fines de semana, planificamos los viajes, planificamos nuestra jubilación…
Hacemos un gran mapa de lo que será nuestro tiempo vital antes de que ocurra.
Y lo hacemos a modo de representación ideal. El Plan se convierte en un plano de dos dimensiones, llano, liso y sin relieves. Como un denso esquema que representa nuestra trayectoria, lo que ocurrirá y lo que sentiremos.
Nos estamos inventando la vida antes de descubrirla. Y así nos enfrentamos al tiempo, y nos enfrentamos con un esquema estereotipado, en vez de entregarnos sin condiciones ni objetivos. Tal vez estemos convirtiendo el futuro en pasado…
Antes de dibujar el mapa hay que ser explorador. ¿Por qué no cartografiamos futuros parajes?
Si cada hombre explorara el mundo desde su esencialidad se dibujaría un mapa distinto por cada persona, así tendríamos una cartografía del mundo mucho más compleja y poliédrica y se completaría la realidad que está por descubrir. Sería la manera de escapar a un mundo trazado por otros.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.