miércoles, 9 de mayo de 2012

5/09/2012 09:49:00 a. m.

Me gusta hacer esto. Guardar una fecha en blanco para rellenarla en otro momento con lo que yo quiera sin sentirme observada.
Sin sentirme observada porque, si da la casualidad de que alguien me sigue, que no creo, pero nunca se sabe, quizás reciba en su correo un aviso de cuándo he editado una nueva entrada y, si la persona que recibe el aviso va a leerla, encontrará que está vacía, y se marchará. Y ya nunca más recibirá el aviso de que yo actualicé esa entrada.
Los blogs son un buen invento. Sirven como una agenda, o como un diario, pero igual que las agendas y los diarios pienso que es bueno preservarlos de la vista o de la curiosidad de los otros.
¿Para qué tienes entonces un blog, si no quieres que nadie lo vea?
Pues por una especie de superstición bastante estúpida, porque cuando veo dibujadas las palabras plasmando mis pensamientos — o no plasmándolos, que por esa misma superstición estúpida procuro “pensar” algo específico y ex profeso para ser plasmado que no tiene por qué ser pensamiento verdadero, como si me estuviera confesando — tengo la sensación de estar frente a la prueba fehaciente de que ahí, en ese día y a esa hora, yo existía.
Luego puede ocurrir, y ocurre, que cuando escribo algo que no se corresponde con la fecha que figura arriba, en la barra, me quedo bastante dubitativa, intrigada, preguntándome si de verdad me reconoceré en lo escrito caso de que alguna vez vuelva a leerlo.
Pero no importa. Existir o no existir es algo que tiene su propia entidad, fuera del espacio y del tiempo en los que se esté viviendo.
Hoy, por ejemplo, o, bueno, hace un par de días o tres, murió Gabriel García Márquez.
Nunca me gustó. Es decir, creo que nunca me gustó porque cada vez que intenté leer algún libro suyo terminé cerrándolo, aburrida como un cocodrilo o hasta de mal humor porque siempre me daba la sensación de recrear un mundo sórdido de personajes miserables, unos, y, otros, tiranos o crueles o…
Pero, ya digo, no puedo opinar acerca de él porque nunca lo he leído.
¿Y qué necesidad tengo yo de poner en conocimiento de nadie si me gustaba o no me gustaba?
A lo mejor lo que me pasa es que le tengo manía a los personajes célebres, a esos que entre unos y otros erigen en mitos cuando, entre esos “unos” y esos “otros”, no puedo estar segura de cuáles en verdad los admiraron y cuales sólo se hacen eco, sin demasiado criterio, de la opinión de otros.
Pero, como qué yo opino ni de García Márquez ni de nadie no es algo de interés general, lo pongo aquí, en este 9 de mayo de 2012.
Me desahogo, digo lo que quiero, y nadie se entera ni podrá decir que es que quiero ir de distinta, diferente, inconformista, inadaptada… O lo que sea.


Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.