viernes, 27 de abril de 2012

Control de natalidad

 Todo cuanto hasta la fecha se ha puesto en práctica para reducir la natalidad han sido métodos agresivos y destructivos ¿O no es método agresivo y destructivo el aborto?, ¿o no lo son todos los anticonceptivos?, ¿o no lo es la píldora del día después?, ¿o no lo son las presiones que las mujeres sufren en sus lugares de trabajo para disuadirlas de que sean madres?
¿O no es agresiva — yendo un poquito más allá — la propia naturaleza humana negándose a prescindir del sexo y sus placeres pero no quiere saber nada de los inconvenientes que su “fogosidad” puede acarrearle?
Así que, la verdad, no veo más procedimiento ético que la abstinencia.
Da la risa, ya lo sé; queda ridículo decir (escribir) algo así. La sexualidad es un derecho humano, por lo visto, y no parece que nadie nunca se haya atrevido ni piense atreverse a cuestionar si la dependencia tan exacerbada que la mayoría de las personas tienen respecto del sexo sea, en gran medida, una no desdeñable parte de los problemas que nos aquejan.
Vamos, que pienso que con menos jodienda la situación de la humanidad mejoraría bastante; y que tantas energías como se emplean en copular se podrían aplicar a mejores causas que el engendrar unos hijos — estoy pensando en algunos países del tercer mundo — que mueren de hambre, a centenares; y, en este primer mundo nuestro, nacen sin haber sido deseados aunque se les atiende y se les cuida, sí, pero como se atiende y se cuida cualquier otra propiedad.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.