jueves, 1 de marzo de 2012

Aquí cuentan que sí

¿Percibimos los colores según el país de origen y la profesión?

Texto 3.17 (Primero del Tercer mensaje)

Publicado por  el mar 1, 2012 en Tercer mensaje. Peregrinos de una tierra sacralizada

“3.17  Decían los kuretes que la vida empieza en el amor, pasa por la voluntad y debe terminar en la frontera de la libertad; el sistema misterioso universal que rige la realidad aparente parece que muestra los colores del mundo a quien busca nacer, y cada hombre busca en los colores y las formas su esperanza desde el propio estado de consciencia; el símbolo de nacimiento de la dama madre abarca desde la serpiente a la copa: es el nuevo cerebro esperando el nacimiento real. Desde que Saturno engendró la vida fertilizando la Tierra, reinó el tiempo; luego Cronos fue vencido por el rayo, la velocidad, que fue administrada y a veces usurpada por los héroes. Todas las secuencias suceden en la experiencia de vida de un hombre. Parece que ninguna lengua contiene el pensamiento más puro, ningún espacio contiene con brillantez todos los colores del espectro, pero se puede ir más allá de la lengua; el pensamiento puede y debe anular el artificio y la barrera de las palabras”.

Alguien de este mundo
2 marzo, 2012
Cuando fuiste voz, cuando fuiste acaso, cuando fuiste hiedra; cuando fuiste el canto silente de arrullos y aromas y encantos de tenues mixturas de encuentros robados gimiendo en las cumbres altas que ni esperan ni rompen ni amparan ni plañen ni rozan un orar cansino, rítmico, inclemente, de sombras sedientas teñidas de rojo y azules y opacos acordes insomnes que no se encaraman — como agarrotados, sin fuerza y sin eco — a las acechantes amalgamas mórbidas de trinos y lazos y vetos de sedas vertidos por rápidos dedos que se estrellan contra las texturas, de bronce o de arena, de cuerpos ebúrneos que no se interpretan envoltura efímera de eternas certezas que no han de arroparse ni cubrir su apenas desnudez ninguna de algunas primeras primicias cedidas por sapiencias ciegas a qué es la impostura, la farsa o la afrenta y qué lo que nunca jamás “yo quisiera” vivir en las redes obtusas y estrechas que cierran los ojos y que abren las venas de vidas que fluyen, se imbrican y orientan, por rumbos sin coste de nudos ni apuestas que frenen el giro de tantas ruletas como guardan mudas entre sus secuencias de pares y nones y rojas y negras fortunas y agravios que dan y que quitan y suman y restan algún rastro altivo que no quiere verse borrado cual huella de paso a otra cosa que será — quién sabe — si ocaso o arranque de qué nuevos largos o cortos alcances llegados de dóndes y cuándos y quiénes y porques y paras y peros y “puedes” que van a encontrarse buscando perderse entre la espesura de brumas que envuelven llamaradas fatuas de fuegos que hieren cuando la cordura se ufana y se yergue sobre la grandeza apenas indemne de la nada fría, brillante y sonriente, sensación sin nombre que va a sorprenderte.
***
  1. Afrodita
    11 marzo, 2012
    Hay formas de expresión en las que no se cuestiona su cómo son plasmadas ni se espera de ellas que lo que plasman vaya a ser reflejo veraz ni realista del mundo visible, audible o tangible en el que está inmerso el que mira o escucha o toca aquello que es expuesto a sus sentidos; muy por el contrario se da por hecho y se acepta sin rechistar que (un cuadro, por ejemplo) no tiene por qué estar retratando ninguna realidad porque es un cuadro, “¿es que no lo ves?”, no figurativo y no realista. Es un “cuadro moderno” y lo que “tienes que hacer frente a él, so pedazo de atún” es tan sólo sentirlo.
    Y con la música algo parecido. Tal o cual pieza musical puede evocar verdes praderas o el interior sobrio de una iglesia románica o (como Wagner a Woody Allen) hacer que a uno le entren unas ganas enormes de invadir Polonia.
    Pero ni en las pinceladas ni en los acordes se nos está narrando algo que “deba” ser interpretado de manera objetiva ni de forma idéntica por todo el que mira el cuadro o escucha la pieza musical.
    Y está bien, que así sea y que cada cual de rienda suelta libremente a su imaginación y se realice; o no se realice o se de la media vuelta o diga “me gusta” o “me parece horrible” o llore o ría o bostece o se rasque el cogote o… lo que sea.
    Pero, la palabra…
    La palabra ha de representar algo que encaje, que se corresponda o dé la réplica a algo previo que el que la lee o la escucha tiene ya forjado en su cabeza.
    Así, la palabra encontrará su utilidad y su acomodo en una lista de la compra “cuarto y mitad de panceta, dos yogures y un quilo de acelgas”, que se entiende estupendamente y te garantiza, además, que si obedeces lo que ahí pone no te quedarás sin comer ese día.
    Sirve también para decir “hoy es domingo y son las ocho y veinte”; sirve un poquito menos para decir “la ventana está cerrada” porque, en este caso concreto, puede resultar que algún quisquilloso, en nombre de la veracidad y reconocibilidad que a la palabra se le exige, te salga con que “perdona, pero sólo está entornada”. Pues rectificas y ya está.
    También puede cumplir una cierta función — si nos metemos en ese terreno que se suele llamar literatura y que engloba todo tipo de escritos desde la filosofía o el ensayo a un libro de texto o novela o poesía — si nos cuenta o relata lo que estemos acudiendo a buscar en ella (ej: que nos largue la crítica de la razón pura en el caso de la filosofía, o una disertación sobre la conveniencia de colocar o no tal o cual estilo de adorno floral en la mesa que estamos preparando para una cena de mucha ceremonia) o nos relata (esto para la poesía) cómo son los labios o la caída de ojos de la persona amada del que escribe el poema o (ya estoy terminando, estoy en la novela) las peripecias de su protagonista y que no serán (las peripecias) ni mucho menos las mismas si la novela está siendo de amor, de terror, de aventuras, policiaca o de ciencia ficción aunque — ese sí — con la licencia, para todos los casos y para todos los géneros novelísticos, de que se pueden colocar (y quedan muy bien) escenas de sexo.
    Pero, fuera de todo eso, ¿qué demonios tiene que pintar ni qué juego ha de jugar la palabra?
    (sigue)
  2. Afrodita
    11 marzo, 2012
    (Siguiendo)
    Quiero decir, cuando Alguien de este mundo escribe su parrafada, ¿de verdad sería capaz Luz de detectar si ese “alguien” escribió de noche o de día?, ¿de verdad percibiría de manera distinta el mismo párrafo si lo leyera con luz natural o a la de una vela?
    Y, cuando Anónimo intercala en su texto signos de un idioma extraño, ¿está queriendo ser entendido o está queriendo que se entienda que el que maneja las palabras debería primero conocer muy bien determinados símbolos o de lo contrario abstenerse de filigranas si es que no quiere hacer el ridículo?
    Es posible que Antónymus esté muy en lo cierto cuando dice que se debería escribir a veces más claramente en español corriente.
    Y es que, reconozcámoslo, para trasmitir mensajes más o menos enigmáticos de vaya usted a saber qué entresijos de qué mentes ya contamos con otros métodos y con otros modos homologados y consensuados; pero, la palabra, la palabra, por favor, a ver si la mareamos un poquito menos, ¿eh?
    Nota: De la reprimenda queda eximido (en parte) Anónimo; y queda eximido (en parte) porque parte de su texto no está en español.
  3. Afrodita
    12 marzo, 2012
    Entiendo que según tu criterio, Slurging Soup, toda apreciación subjetiva de la expresión de cualquier otro alguien habría de obviarse, y renunciar al propio sentir para volcarse en estrujarse las meninges hasta desentrañar la objetividad del “emisor del mensaje” – sea el tal mensaje audible, legible, tocable o visible – o, al menos, imbuirse de la subjetividad de ese emisor hasta asumirla como VERDAD evidente y convincente.
    ¿Hacemos eso alguien en nuestra cotidianidad?
    Imagina que en plena canícula, una tarde de agosto en medio de la estepa castellana, tú tienes frío. Será ridículo o descabellado, pero tú estás sintiendo frío ¿Te hará entrar en calor que alguien te demuestre termómetro en mano que lo que deberías estar haciendo es sudar a chorros?
    Te podrán explicar que es que estás enfermo, que te está pasando algo anormal para que estés teniendo una sensación tan disparatada.
    Y sí, puede ser; puede ser que la percepción de cualquier agente externo esté condicionada por las anormalidades, o dolencias o carencias, del receptor; pero ese receptor no se puede desprender a zarpazos de su sentir sólo porque “otro” (un “otro” por cierto sí objetivo y ecuánime por la sencilla razón de que se califica a sí mismo de objetivo y ecuánime) le venga a decir que está equivocado.
    ¿Por qué debería nadie de prescindir de su subjetividad para obedecer como un cordero los criterios no menos subjetivos de ningún otro?
    Creo que estrujarse las meninges puede valer para entender el principio de Arquímedes, porque es algo demostrable; o cualquier fórmula de la física o de la química. Pero para algo tan en absoluto trasmisible como es el sentir no me parece a mí que exista ningún estrujamiento que pueda solucionar nada.
    De cualquier modo te quiero hacer notar que la última palabra de mi último comentario era (sigue).
    Por alguna razón la continuación no ha aparecido reflejada en el lugar que cronológicamente le correspondería dentro de los comentarios.
    Y mientras esa continuación no aparezca mi exposición no estará completa; y comentarla sin estar completa puede ser precipitado.
  4. ***
  5. Afrodita
    14 marzo, 2012
    Hoy se termina este hilo y, como solemos, no regresaremos nunca a él; no echaremos la vista atrás a ver qué se dijo en torno a cada uno de los textos. Personalmente pienso que sería bonito e interesante; ver a los otros y a nosotros mismos pasado el tiempo y, en mayor o menor medida, modificados todos. Quizás si volviéramos a leer tanto los textos del autor como qué escribimos unos y otros al respecto viésemos que “ahora” no interpretamos exactamente igual que entonces, ni nos expresaríamos como entonces o expresaríamos, incluso, algo diferente o nuevo que entonces no sentimos.
    Así que, antes de que nos marchemos, os haré una pequeña confesión.
    En mis comentarios del día 11 (los dos correlativos de las 21:10 y 21:12) no estaba ni muchísimo menos escribiendo la verdad de qué pienso de la palabra; muy por el contrario estaba ensayando, adrede, formas distintas en que puede utilizarse y tratando de averiguar si el hecho de que lo que esté diciendo sea mentira la hace chirriar o la desvirtúa.
    No sé si lo he averiguado, que creo que no; pero me ha servido para experimentar conmigo misma, y para el experimento os necesitaba, necesitaba que alguien lo leyese.
    Vamos, que sólo estaba siendo un juego. Y cualquiera que en algún momento se haya movido un poquito por mis blogs habrá podido ver que qué yo escribo y cómo lo escribo no se corresponde en absoluto con qué manifiesto en esos comentarios.
    Si estaba siendo del todo veraz en mi comentario del día 12 de las 18:29
    Besos a todos

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.