martes, 7 de febrero de 2012

Asonancias



Una ventana entreabierta, una mentira encubierta, el silbar de una sirena, el collar de una condesa, el olor a menta fresca, el deslizar de la inercia, la brevedad de una espera, el azul de unas ojeras, el arrastrar de cadenas, el incumplir las condenas, dos minutos y hora y media, aceitunas en salmuera, no divulgar las miserias, un jarrón con dos gardenias, el crepitar de una vela, un rencor que se alimenta, el sacudir de una estera, un caramelo de fresa, los zapatos de un hortera, el rodar de una calesa, un tomate en la nevera, tres naipes sobre una mesa, un pensar con la entrepierna, caminar sobre la arena, lo que cuenta una portera, un fuerte dolor de muelas, un sinsabor que desvela, una jarra de cerveza, una historia que se enreda, saber vencer la pereza, la reina de una colmena, los pulsos cuando se alteran, una comida grasienta, los intereses que imperan, el humear de una tetera, recuerdos que no concuerdan, cuatro puntos que se sueltan, los restos de una merienda, un propósito de enmienda, no tener nada de cena, cantar uno las cuarenta, una verdad que se niega, amonestar al que yerra, un perfume que fermenta, el bofetón de una afrenta, un pez en una pecera, una madre que se mienta, una llegada a la meta, un anfitrión que se ausenta, el césped de una pradera, la curva de unas caderas,  un rótulo en una puerta, la rive gauche del Sena, un asomo de entereza, la ocasión que no se tercia, el perdón que se nos niega, una cesta con cerezas, un cuento que no interesa, forraje en una carreta, la mitad de una quincena, una asquerosa indecencia, un secreto que se inventa, una salsa que no espesa, dilapidar una herencia, alguien que llega y se cuela, un arrastrar de cadenas, un borracho que vocea, un camino que se estrecha, la traición que se sospecha, el balido de una oveja, tender ropa en una cuerda, un asomo de vergüenza, calentar unas lentejas, dos amantes que se enfrentan, no encontrar una pamela, un sonido que molesta, lograr algo por la fuerza, una barraca de feria, los ojos de una pantera, una puerta que no cierra, una rama de canela, un atardecer cualquiera, reírse como una hiena, anunciar la primavera, un puñado de monedas, una bata de franela, el fragor de una contienda, cierto peligro que acecha, una pizca de pimienta, una estúpida torpeza, unos pendientes de perlas, el honor de una doncella, un recuerdo que se aleja, un amor que se impacienta, una bola que no rueda, una sombra en una almena, un envejecer sin pena, los avances de las ciencias, un arco y ninguna flecha, la albufera de Valencia, una matrona que llega, un ramito de caléndulas, ponerse de vuelta y media, un tesoro que se entierra, llegar muy tarde a una fiesta, una caña que no pesca, un vendedor de pulseras, una oscuridad que aterra, los andares de una reina, algunos copos de avena, una herida que se venda, una tarde de tormenta, un torrente de tristeza, oler algo que alimenta, resistir mientras se pueda, un carnaval en Venecia, una observación certera, la carrera en una media, un feliz brillo de estrellas, una música sin letra, una copita de absenta, un eslabón que se suelda, ninguna huella en la arena, unas enaguas de seda, la solución de un problema, una mosca en una oreja, un pinchazo en una rueda, una cana en una ceja, un ciclista que se acerca, panales de miel de abeja, las noches de luna llena, la riña de una pareja, un aroma de verbena, un soldado cuerpo a tierra, un fulgor que reverbera, un despertar sin pereza, amortajar a una muerta, hacer trampa en una encuesta, incumplir una promesa, arrancar la mala hierba.

Una está repetida ¿Cuál es?

viernes, 3 de febrero de 2012

El toro de lidia

Nunca me gustaron los toros — quiero decir la fiesta de los toros —; por causa de mi pasión por los animales siempre he detestado todo cuanto de cualquier forma los dañe. Me resulta extremadamente doloroso ver (e incluso aunque nada más sea imaginar) sufrir a un animal y, más, a manos o por la voluntad de un ser racional.

He pensado, sin embargo, también muchas veces qué ocurriría si esta fiesta desapareciese. Imagino que en tal caso el toro de lidia dejaría de ser “interesante” y que los ganaderos que se dedican a la cría y mantenimiento de dichos ejemplares (que les proporcionan unos pingües beneficios) se verían, además de privados de su fuente de ingresos con lo que ello acarrearía para todas las personas cuyo medio de vida gira en torno a esta… “¿industria?”, empujados a… ¿qué hacer con los animales ya existentes?

Al no estar ya destinados a ser lidiados se convertirían en una carga, tal vez en una ruina, y los ganaderos se desharían de ellos, que terminarían sacrificados en los mataderos.

¿Es mejor, o más digno, o menos cruento, ser sacrificado en un matadero que el morir en una plaza y desplegando, hasta el último aliento, todo su poderío y toda su belleza?

Además, en el supuesto de que hubiese, quién sabe, alguien altruista que siguiera criándolos y velando por la raza aun a sabiendas de que no le iban a proporcionar riqueza y tan sólo por el deseo encomiable de que la raza del toro bravo no se extinga, ¿seguiría la raza siendo lo que es?,  ¿seguirían sus ejemplares siendo los animales magníficos, imponentes y sobrecogedores que son?

No lo sé. Pero tal vez privados los toros de su oportunidad de morir a manos de quien a su vez sabe que está arriesgando su vida enfrentándose a un adversario tan imponente y lo encara, por tanto, con respeto o con adoración, incluso — como quien se mide con una deidad —, algo en ellos, en los toros, iría palideciendo, perdiendo su belleza y su fuerza y su halo de animales míticos.

Y desaparecerían.

¿Y no sería triste para el mundo la pérdida de tanta belleza?

No sé tener un criterio único y no contradictorio a este respecto; y me pregunto si para los animales, igual que para las personas, no existirá un fin trascendente que vaya más allá de lo que desde la razón se evalúa de grato o ingrato o justo o injusto; y si, como sucede con las vidas de tantas personas, no será más digno morir con orgullo, con arrogancia, tener una muerte que no desmerezca de la vida confortable (regalada, incluso) de que se ha gozado y no la muerte mansa de los que vivieron y murieron, sin pena, sí, pero también sin gloria.

En fin, no lo sé; sí sé que continuaré eligiendo no acudir y no ver corridas de toros. Pero hoy, a la vista del video que alguien ha subido al blog de el Aventurero, me he sentido conmovida y he deseado — al menos durante 4:25 minutos — que no desparezca del mundo algo tan maravilloso como es el toro bravo.

jueves, 2 de febrero de 2012

El lobo, la lechuga y el cordero

Un hombre que lleva un lobo, una lechuga y un cordero, debe cruzar un río y para ello tiene un puente. El problema es que no puede cruzar con los tres a la vez; tendrá que irlos pasando al otro lado de uno en uno y teniendo en cuenta que en ningún momento puede dejar solos al lobo y al cordero (porque el lobo, como es natural, se comería al cordero) ni, tampoco, al cordero con la lechuga porque, como es igualmente natural, se la comería…

Stravinsky



                                                 Luz

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.