martes, 13 de diciembre de 2011

Mira que te pones terca


Mira que te pones terca cuando te empeñas y empinas la nariz olfateando qué hay en el aire y qué habita en los cantos de las aves, en la del alba la brisa, en las hojas de los árboles y los ojos de la ardilla presurosa y vivaracha y en la laboriosa hormiga; y en la mosca, y el gusano, y el ratón y la pimpante mariposa que se inflama de colores en sus alas que se baten y arrebatan del feliz latido leve que en su palpitar se agita; y qué en los granos de arena y qué en las gotas del agua y en los timbres de las voces que pronuncian las palabras que dicen lo que no quieren tan sólo porque sus tonos las traicionan y remiten a no lo que están diciendo sino a qué piensa quien dice.


Mira que te pones terca cuando te empeñas y obstinas en distinguir entre líneas, entre sonidos y flores, las espinas que se ocultan en los pliegues de los dobles sentidos de que se sirven los sentidos de los hombres cuando no quieren dejarse vislumbrar aunque no logren ocultar lo que pretenden aliñado de primores que edulcorando adolecen de la amargura que enciende  en las almas el deseo  de bajo formas sutiles, tenues como el humo breve, hacer llegar al que entiende el contenido indeleble que se desprende indolente sin importarle un ardite el traicionarse y venderse al mejor postor que puje por de qué es deudor quien miente.


Mira que te pones terca cuando torpe te empecinas en hallar el recto rumbo de qué piensa quien recita palabras que suenan falsas, discursos que dan indicio, no de estar siendo sinceros y sí el producto torcido de aviesas cogitaciones afanosas del prestigio que confieren las maneras de los que habiendo aprendido que las buenas formas marcan el derecho a la templanza se valen de  la añagaza por la que sin despeinarse acceder a la ventura de ser tomados en cuenta aun cuando sus composturas estén dando muestra exacta de cuál es su catadura.

Mira que te pones terca cuando en tu desenvoltura te encabritas y te enconas, te enfadas y monta en ira, ese sentimiento tuyo que se niega y que porfía por qué no debe cederse un ápice a la perfidia de quienes bajo el aspecto, las fórmulas y las mixtas acepciones que se doblan y que la cerviz inclinan frente a los que traicionando los principios que debían regir las normas que imperen en una sociedad digna aceptan sin sonrojarse humillaciones que claman al cielo y a las erinias.

Mira que te pones terca no queriendo entender, niña, que hay que ser condescendiente y aceptar aunque reviente a gentes que aunque la nieguen son como tú, niña, insisto,  de esta tierra que no quieren.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.