miércoles, 15 de junio de 2011

Texto 3.1 (primero del Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos

Publicado por  el jun 15, 2011 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos 

3.1 “Antiguas leyendas más allá de la Teogonía de Hesiodo describen a la Tierra como un ser vivo y relatan la vida en la Tierra como una asociación parasitaria de mutuas conveniencias; los postulados herméticos, la Cábala, la Alquimia y casi todas las viejas mancias hablan de la memoria de la Tierra, de las piedras sagradas, de los poderes de las gemas, de los lugares especiales donde la vida transcurre a otra velocidad. Cientos de fantasías de lugares ocultos donde se forman los sabios circulan por todos los caminos y traspasan las fronteras de las lenguas. Esas fantasías anidaron en la consciencia de los hombres, se insertaron en sus culturas y fueron transmitidas simbólica y oralmente durante generaciones, y aún continúan vivas. Aveces guardadas fielmente por brujos o iniciados, otras insertadas en mitos y cuentos populares, pero siempre rodeadas de una atmósfera de magias y secretos”.
Ángeles Termin Ador
17 junio, 2011
Pues a mí lo que más me llama la atención en el párrafo es eso de que la vida en la Tierra es una asociación parasitaria de mutuas conveniencias. Me deja pensativa porque siempre se está en la idea, yo lo estoy, de que ser un parásito no es bueno.
El autor podría haber utilizado “asociación simbiótica”, que parece que ahí la idea estaría siendo más de equilibrio, o de compensación de fuerzas, entre la variedad de aportaciones de los distintos organismos y las distintas especies a la subsistencia de todo lo vivo.
Pero no ha escrito “asociación simbiótica” sino “asociación parasitaria”; y por algo será.
Por otra parte de entre todos los seres vivos que habitamos la Tierra sólo los humanos, con nuestra razón y todas nuestras baterías de argumentos, podemos ser los que nos estemos equivocando; no aportando en su justa medida lo que debiéramos, y apropiándonos de lo que tal vez no nos esté correspondiendo.
Ningún otro ser vivo puede estar incurriendo en tal error; todo lo que se mueve sobre la faz de la Tierra y no es el Hombre está obedeciendo, ciñéndose escrupulosamente a su propia naturaleza, y cumpliendo exactamente el cometido para el que fue creado.
Los humanos, por el contrario, lo ponemos todo a nuestro servicio y, si podemos, también supeditamos a otros humanos que, a su vez, harán lo mismo con otros que lo volverán a hacer con otros.
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Afrodita
19 junio, 2011
A la letra impresa le pedimos que nos cuente algo, que nos narre o relate o describa, pero siempre algo. Un algo que, preferentemente, se asemeje a lo que según vamos leyendo o escuchando lo que se narra o relata o describe nos haga sentir, o suponer, que “yo”, el lector o escuchador, podría haber escrito, narrado, relatado, algo no idéntico, claro, pero sí algo parecido. Algo que se esté correspondiendo con algún otro algo que, aunque sea de forma más o menos ambigua o inconcreta, ya estábamos antes de leer o de escuchar sabiendo que estaba ahí, y que “era”, y pudiendo visualizarlo porque no está siendo tan diferente de qué cada uno somos capaces.
Nos gusta, sí, que haya magia y misterio en las leyendas y en los cuentos; pero una magia y un misterio que no sobrepase ciertos límites que, para traspasarlos, exijan un mínimo de ruptura con nuestro propio esquema.
Deseamos saber, ampliar nuestro conocimiento pero siempre, a ser posible, que la nueva adquisición encaje y se adecúe con lo sabido. Algo parecido a añadir pisos a un edificio sin que lo nuevo desentone de lo ya construido.
Y nos gustan las historias y los cuentos de amor, o de terror, o de aventuras, o de lo que sea; y nos dejan insatisfechos cuando no contienen un puntito de misterio, de intriga que se termine resolviendo de cualquiera de las cientos, miles, de formas previsibles. Y es que los humanos somos cada vez más listos, y es cada vez más difícil sorprendernos.
O eso creemos…
Llega Eolo, el pasado día 16, y se nos descuelga con “algo” que no entendemos; algo cuya respuesta no encontramos en el arsenal de previsibilidades de que todos estamos bien provistos. Y eso es difícil de encajar y de aceptar.
¡Tiene que haber una explicación comprensible!
Y se la pedís.
Y Eolo os responde, complaciente, el día 18.
Y es que parece, entre tantos logros de que los humanos vamos siendo en nuestro progreso más capaces, que hay un logro imposible, que se nos resiste; el logro de conseguir dejar que lo que es sea, lo que en sí mismo es y no lo que queremos o esperamos que sea.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.