miércoles, 23 de marzo de 2011

A la guerra y sus desastres

Que venga todo el que quiera mirar por un agujero de cerradura de llave qué se ve en este planeta donde todo el mundo riñe, do todo quisque se enfada, donde todo es tiranteces y los pueblos de unos lados y otros lados del Atlántico se tiran bombas los unos a los otros que les lanzan todo tipo de improperios y profieren amenazas.

Un planeta envenenado por odios y por malsanas ambiciones iracundas enraizadas en qué entienden las torpes gentes que mandan qué será el bien de sus pueblos, qué el hacer grandes las patrias, qué defender las culturas y qué mantener la llama de la fe que ha de llevarnos en alas de la templanza a convivir como hermanos en las diferentes razas.

Que vengan todos y vean, comprueben si no se espantan de ver tanta desventura, tanta irrefrenable saña como ponen en herirse, dañarse y hacerse mala, muy mala sangre negruzca que se vierte y se derrama de corazones infectos invadidos por la rala ilusión de ganar gloria a costa de la desgracia.

Que vengan y que se queden boquiabiertos de ver tanta estupidez como alienta en tantas razones dadas por mentes que alcanzan sólo a entender que será fama lo que adornará las cruces de los muertos en batallas libradas en campo abierto a voluntades oscuras de argumentos que se erigen en causantes de la infamia.

Que vengan y no se asusten, que escruten con sus miradas, que sean valientes y enfrenten la realidad desgarrada que atenaza a tantas gentes que sufren y tienen ganas de que tanto error termine y sea alguna vez la flama del amor que ha de prenderse en toda la especie humana la que lance sus destellos al nacer cada mañana.

Que vengan miren y vean por cerradura de llave pequeña como las miras de los necios gobernantes cuál es este mundo nuestro, cuáles son nuestros afanes, cuál la gloria que ellos buscan y qué logros nos atañen; que vengan, miren y vean; y que una vez visto todo cuanto no debe olvidarse cierren la puerta del mundo y tiren luego la llave.


Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.