lunes, 14 de febrero de 2011

Texto 2.16 (Último del prólogo a la segunda carta)

Párrafo 2.16

2.16 “No parece pues que para dejar de ser esclavo de una tendencia sea necesario conocer todas las claves por las que se produce. Conocerse a sí mismo no es conocer el pasado, ni siquiera ser capaz de proyectar el futuro: es mucho más simple, sólo parece consistir en salir más puros, más libres del momento presente, como si el presente no fuese una prisión con necesidad de ser perpetuada”.
Qué-vedos?
23 febrero, 2011
Hay palabras que se dicen, y palabras que se cuentan, y palabras que se ríen del pudor que disimula el candor con que se miden; y palabras desmedidas y palabras desmedradas y palabras desusadas y palabras desgarradas y palabras que se amarran y palabras que no encajan en su ambiente ni el entorno al que se ven circunscritas en su condición de meras relatoras de noticias.
Y palabras que no enlazan y palabras que no cuadran, y palabras que se encajan, se atraviesan, se atragantan, se enrocan o se agazapan porque no encuentran su baza, su acomodo, su jugada, su escalera de colores no quizás los más acordes con el tono del discurso que ha de concordar al uso, la tradición, la rutina, el hábito o el vestido de que se inviste el cumplido sensato común sentido que aun sintiéndose harto ahíto se fuerza a atender las formas, la compostura y los ritos impuestos por la costumbre de no romper los esquemas, ni los modos, ni los moldes, ni las modas en que impera el no escapar de la rueda que en su girar va enrolando sin dejar caer en la cuenta de si los roles que oferta serán los que mejor puedan hacer salir de su asombro, su oscuridad y su olvido al saber que se alimenta, se sustenta y toma aliento no en la razón o en la lógica sensatez que las conmina sino tan sólo en la floja cuerda por la que camina la huidiza ilusión sedienta de verse a salvo de trabas de la lengua que la estorba y la empuja por senderos que no son los que la animan.
Y palabras que estragadas se revuelven y vomitan y vierten sus sinsentidos sobre las pulcras rarezas que no comprenden, aquellas, qué esconden tras los embozos que se obstinan en no verlas enarbolando las riendas de la ilusión que aturdida se encabrita y se desboca y rompe la cuerda fina por la que ya no camina la sinrazón que las coarta sino el galopar airoso, alocado y desasido de potros que ya sin bridas y sin estribos ni cinchas se lanzan a la aventura de dejarlas ser, tan sólo, expresiones de sí mismas. 
Y las palabras, ya libres, se dicen, se cuentan, ríen del candor que ya no oculta el pudor con que se miden.
***
Otro
25 febrero, 2011
Pregunté de dónde vienes y me dijo que volvía de dar sepultura al muerto que yo había de ser un día.
Pregunté cuándo naciste y me dijo que en un tiempo en que supo que no era lo que encontraría en la Tierra lo que buscaba mi vida.
Pregunté cómo te llamas y me dijo que su nombre iba a ser tan sólo el rastro por el que seguir la pista de nada más que unas briznas del destello en el que anida una voluntad distinta lejos de la razón mía.
Pregunté cuál es la causa que te mueve, que te lleva, que te guía; y me dijo que no era causa alguna conocida ni por mí ni por mis recuerdos ni por el porqué que olvida el curso de los designios que el destino trazaría.
Pregunté por qué no quieres deshojar la margarita que te diga, que te cuente, qué te reserva la vida y sus rumbos y sus vías; y me dijo que no quiere porque prefiere que siga la margarita ignorando que no importa qué ella diga.
Pregunté para qué quieres no saber que cada día ha de ser un lugar nuevo sin huellas y sin reliquias; y me dijo que pues para no perderme en dar albricias ni a los pasos que ya diera ni a los que diese en mi huida.
Pregunté dónde irás luego, después de marcar la finta que esquivará las venturas que depara la armonía de a cada instante encontrarse frente al placer que redime del dolor y de la ruina; y me dijo que se iría a cualquier lugar del tiempo donde sólo hubiera vida que ya no se alimentara de muerte ni del cuidado por curarse las heridas.

La verdad y la mentira

La verdad o la mentira, qué se piensa o qué se siente, qué vemos o qué intuimos, qué esperamos, qué sabemos, qué ocultamos, qué ignoramos, cómo nos ve quien nos mira, cómo miramos el mundo, cómo escuchamos el tiempo que se desliza a su ritmo sin esperar ni importarle si lo hemos o no tenido;  a manos llenas o en balde, en el pasado que fuera, en el futuro que escapa, en el ahora que no es solo y sólo va acompañado de la vida que se lleva sin piedad pero sin ruido ocasiones que se pierden, sentimientos que se olvidan,  sensaciones que arrastraron el palpitar, los latidos, de un corazón que no guarda más secreto que el escrito en algún lugar de un cuerpo que alberga apenas destino.


                                               

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Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.