jueves, 28 de abril de 2011

Mourinho

No entiendo una palabra de futbol; sólo he mirado intencionalmente la final del mundial España – Alemania 2010 y, bueno, sí, ganó España y me alegré. Y ahí quedó la cosa.



Escuchando la radio me llega a los oídos ocasionalmente algo de deportes si me pilla en algún informativo o entre dos programas de tertulia política o económica — me despitarra (quiero decir “gusta muchísimo” todo lo que tenga que ver con economía o con política — y, así, en esos entremedias me voy enterando como quien dice sin darme cuenta de cosillas.


Sentí curiosidad el miércoles pasado por ver la final de la Copa del Rey (Madrid-Barça) y cuando terminó, pues, bueno, me alegró que ganase el Madrid y, otra vez “bueno”, pensé que ahí volvería a quedar la cosa. Pero arrancaron los primeros acordes del himno del Real Madrid y…


Recuerdo que de niña ese himno me conmovía, sin saber por qué, cada vez que llegaba a mis oídos sentía como burbujillas en las venas de los brazos y, luego, se me quedaba como en la recámara y lo canturreaba, tan inocente, por el pasillo.


Para mi padre todo era franquista — y Franco era fascista, decía él —, y el futbol en general y el Madrid en particular eran fascistas. Y cuando canturreaba el himno por el pasillo me mandaba, frenético, callar.


Y el miércoles pasado volvieron las burbujillas a las venas de los brazos y me dije que, vale, y que si todos los tendencionalismos (me lo acabo de inventar) del mundo se dirimieran a base de goles y de saber perder cuando procede y ganar cuando el juego lo merece mejor andaría el mundo así que… “soy del Madrid”.


Y como soy del Madrid me tragué ayer enterito el partido de ida — en el Bernabeu, Madrid-Barça otra vez — de la semifinal de la champions.


Tenía tomadas de aquí y de allá noticias de que es Mourinho entrenador que suscita polémica, y que cuanta con fervientes defensores y acérrimos detractores, y de que es al parecer una característica muy marcada el él el ser muy sincero y no morderse la lengua a la hora de expresar qué piensa.


Ayer perdió el Madrid (0-2), que ya lo sabe todo el mundo claro; y ya sabe también todo el mundo que hubo una expulsión (o dos, no recuerdo bien) en el Madrid, y tarjetas (tampoco recuerdo qué color) y que fue expulsado el propio Mourinho, que desde aquella especia de cercado de barrotes ya no podía dirigir ni dar instrucciones a su equipo…


El caso es que el Madrid perdió y, qué se le va a hacer. Soy del Madrid pero más bien del himno; y me falta “antigüedad” en la afición para agarrarme un berrinche.


Me quedé a continuación escuchando las declaraciones de Mourinho — hoy están siendo noticia en los informativos, y seguro que en la prensa escrita y en la digital — que, parece ser, le pueden costar muy caras.


Pero a mí me sirvieron para hacerme una composición de lugar con respeto a Mourinho y a apreciar su claridad serena a la hora de expresar sus opiniones y qué piensa de circunstancias y de situaciones.


Dijo también, muy honesto o muy realista, que piensa que para la final ya está todo perdido.


Pero, ganando o perdiendo, si va en la naturaleza humana el tomar de algún modo partido, me declararé sin mayor problema partidaria del Madrid.


Y, si hay que declararse a favor o en contra de Mourinho, me declaro — porque no es cobarde, ni airado ni agresivo; y porque se moja y se expresa y no es tibio — abiertamente a favor.


Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.