lunes, 24 de enero de 2011

Dudas y aflicciones varias

Rumbos que se van dibujando lentamente a lo largo de eso que los que nos denominamos "humanos" reconocemos como “tiempo” en un lugar que identificamos como un planeta al que llamamos Tierra.
¿Cómo medirán su tiempo los habitantes de otros mundos?
¿Cómo llamarán al planeta o a la estrella en la que vivan y cómo se denominarán a sí mismos?
¿A qué le llamarán "envejecer" y qué serán para ellos la belleza, la bondad, la ambición, la piedad, la inteligencia, el deber, la realidad?
¿Qué nombre darán a lo que nosotros denominamos amor y con cuál designarán al amor verdadero?
¿Tendrán un cuerpo del que desprenderse al morir?
Se me ocurren, mirando alrededor y al cada día y a las gentes que habitamos esta Tierra, otras muchas preguntas que me inspira un profundo rechazo el sólo formulármelas; pero, una vez que ahí están, por qué no compartirlas…
Así pues me pregunto, por ejemplo, si esos habitantes de esos otros mundos estarán sujetos lo mismo que nosotros a una materia que genera tanta suciedad, tantos desechos, tantos humores varios como los humanos destilamos por tantos orificios que son — a su vez y a modo de maldición — los conductos de los que hemos inexcusablemente de servirnos para subsistir.
¿No es una maldición, una indignidad, el saber que comiendo estamos propiciando el tener que humillarnos a algo tan grosero como es el defecar?
No sé, pero me siento muy inclinada a asegurar que hay mundos donde el andamiaje que sustenta a los seres que habitan en ellos no necesita alimentarse de nada que genere residuos ni podredumbre. Estoy convencida de que hay mundos, tiene que haberlos, donde sus habitantes no necesiten matar seres vivos para subsistir.
¿Y el placer?
¿Necesitarán esos seres adoptar posturas tan indignas y grotescas como a las que nos vemos obligados los humanos para experimentar placer?
¿Les será obligado el someterse a semejantes actos y actitudes para engendrar nuevos seres?
¿Necesitarán cosméticos y perfumes para limpiar sus cuerpos y mantener a raya los olores procedentes del sudor, las heces, la orina o el sexo?
¿Necesitarán cubos de basura?
¿Necesitarán papel higiénico?
¿Necesitarán malgastar algo tan preciado como el tiempo en adecentar su entorno barriendo, fregando, poniendo la lavadora, cepillándose los dientes, frotando el culo de cacerolas y sartenes (y haciendo abluciones en el propio) o — algo mucho más inocuo y menos antiestético — sonándose las narices?
No sé; pero quiero pensar que hay otros mundos donde sus habitantes no han de someterse a semejantes humillaciones.
Y que este mundo en el que los humanos habitamos es tan sólo una estación de tránsito.
Y que existen otros mundos, otros lugares, a los que iremos ganando el derecho a acceder a medida que en este o en otros purgatorios por venir nos vayamos liberando de las miserias a las que nos tiene amarrados nuestra naturaleza humana.

viernes, 21 de enero de 2011

Sondas de globos de plomo

Sondas de globos de plomo marcando pasos marciales rifle al hombro de relojes sin agujas que flemáticos, incólumes ascienden tan galanos a lo alto de las cumbres de oleadas inermes de minutos que se agitan batiendo en retirada contra las rotas esquinas de los ceños segundos de los terceros cuartos crecientes o de escobas o trasteros  de las apenas quintas partes del tiempo tan lastrado de sus sextos dueños resumidos en el conciso extracto de su sueño séptimo;  se elevan, gráciles, livianas en la vacuidad de las miradas que las contemplan descender hasta los abismos de la nada.

domingo, 16 de enero de 2011

El sistema socialista



"El primer rasgo característico de todos los sistemas que se llaman socialistas es una llamada enérgica, continua, inmoderada, a las pasiones materiales del hombre".

"El segundo es un ataque a veces directo, a veces indirecto, pero siempre constante, a los fundamentos mismos de la propiedad individual".

"El tercero y que caracteriza a los socialistas de todos los colores, es una profunda desconfianza hacia la libertad".

"Lo que les caracteriza es un intento continuo, variado, incesante, de mutilar, de acortar, de obstaculizar la libertad humana de todas las maneras posibles; es la idea de que el Estado no debe ser tan sólo el director de la sociedad, sino también, el dueño de cada hombre".


                                                             ALEXIS DE TOCQUEVILLE




jueves, 13 de enero de 2011

Ripio a cierta, malhadada circunstancia

Solemnes, empaquetados, seguros de su fortuna y orgullosos de sus glorias, proclaman, los que triunfaron — los que enarbolan pendones que se mecen en lo alto de las torres de la infamia y de la vergüenza inane que exhiben grandilocuentes ciertas damas que se jactan de su cargo y de su rango —, que merecieron el trueque; pregonando, en su torpeza — en su necia contumacia de mantenerse en sus trece que catorce veces siete es seguro que no puede convencer ni aun al más tonto de que saben lo que pintan, dónde van ni de qué vienen esas ínfulas absurdas con que se engallan y crecen y se adulan y presumen de ser gente que merece que se les rinda obediencia, cortesía y reverencias y se las diga señoras y, a los ellos, caballeros, y se los tenga en los cuernos de la luna y se les preste la atención que  por andarse con cuidado de qué traman, qué maquinan y qué tejen , es seguro que merecen —, que llegaron a la cumbre pero no alcanzarán nunca a la dignidad que exime del resquemor que adolece, conturba y desasosiega a todos los que indignados, ofendidos y ultrajados, sospecharemos por siempre que alcanzaron con quebranto.

lunes, 10 de enero de 2011

Al poder y al poderío

Esperando a que se pasen los días grises del invierno se ve pasar por delante de la vida y de las gentes el tiempo que se malgasta en lamentar los azares que cada jornada vierte sobre las frentes fruncidas de los que se ven hundidos en el tedio y en la ira y en la poca buena sangre que destilan los mangantes que so pretexto de alzarse en guardianes de lo bueno, de la salud, del provecho, de todo lo que no mata pero fastidia a mansalva a los que hemos de sufrirlos, a ellos, a los que mandan, vamos tirando del carro que acarrea tanta desgracia como es el tener por próceres al hatajo de tunantes, perversos, mal encarados, que dicen que eligió un pueblo que no es más que populacho.


miércoles, 5 de enero de 2011

El décimo, no codiciarás los bienes ajenos.

Estoy tan indignada con la ley de prohibición del tabaco que he sentido, desde que entró en vigor, eso que en términos coloquiales se llama “deseos de matar”.

Desde mi ira he pensado en distintos momentos “¡es que los mataría!”, pensando en el presidente Zapatero y su cohorte de ministras. Una de ellas, Leire Pajín, para dejar constancia de hasta qué punto un ser humano puede ser despreciable, ha invitado a la ciudadanía a denunciarse unos a otros. Y gran parte de esa ciudadanía (van más de mil denuncias en cinco días que lleva en vigor la ley de marras) ha atendido presurosa a la invitación.

Evidentemente no mataría en la realidad a ninguno de esos ejemplares de la raza humana; se trata sólo de una especie de reacción visceral que, llegado el caso, no llevaría como es muy natural a cabo.

Desde un arrebato de rabia momentáneo (o no tan momentáneo, que tardará en pasárseme el mal humor considerando, por añadidura, la antipatía que ya desde antes me inspira el personaje) una tiene pensamientos locos sin dejar de reconocer que son desmedidos. Y teniendo consciencia de esa desmesura una puede (es más, “debe”) sentirse culpable y prometerse “no volveré a tener pensamientos malvados”.

Hasta ahí, todo en orden.

Ahora voy a comentar un hecho (no tiene nada que ver con lo anterior) que sí es de la vida real y fue hace muy pocos días ampliamente difundido por los medios de comunicación.

Un niño de cuatro años necesitaba un trasplante múltiple de órganos (creo que escuche cinco órganos entre los que se hallaban hígado, corazón e intestinos, si bien en eso puedo estar equivocada).

El niño pudo recibir los órganos ya que murió otro niño con las características adecuadas y los padres (creo que el niño que murió era portugués) autorizaron el trasplante.

Escuché en la radio cómo era entrevistado el padre del niño español.

Estaba muy contento y daba gracias a Dios por la inmensa suerte que habían tenido. También expresaba, sí, su agradecimiento a los padres del niño portugués.

Es algo que va por lo visto con el ser humano. La contradicción de alegrarse por la muerte de un ser humano y, al mismo tiempo y desde una actitud perfectamente encomiable y bondadosa, dar gracias a Dios sin experimentar el menor sonrojo.

Todas las gracias que usted quiera pero usted, padre del niño que resultó tan felizmente beneficiado, deseó fervientemente que algún otro ser humano —no, por supuesto que no era nada “personal”, usted no estaba deseando daño alguno a alguien con nombre y apellido, usted no estaba sintiendo odio por aquel a quien estaba (sin saberlo, pero sólo a medias, todos sabemos que para morir hay que estar antes vivo) deseando la muerte — sufriera un mal irreparable.

No. No es culpa del que se encuentra frente a una determinada situación el verse impelido sin buscarlo a un sentimiento al que sin esa presión no cedería.

No es culpa del individuo — ese padre o cualquier otro colocado frente a una situación semejante —, pero da que pensar a qué tipo de mundo, y a qué tipo de sociedad, y a qué tipo de concepto de qué es la ética nos está llevando tanto avance de la ciencia que, quién sabe, tal vez mereciera la pena el cuestionarse que sí, que puede estar muy bien que los conocimientos se amplíen, que puede ser digno de celebrar que técnicamente sean factibles cosas que tiempo atrás eran impensables, pero que puede estar habiendo en cada ser humano algo más importante, más indestructible, más eterno (vaya tontería que termino de escribir, como si pudiera algo ser “eterno” pero menos) y más merecedor y digno de ser salvado que “eso” que arrastramos con todas sus contradicciones y miserias de la cuna a la tumba y que creemos que es nuestro “yo” cuando está siendo (con todos los respetos, sí) tan sólo nuestro cuerpo.

martes, 4 de enero de 2011

Prohibido fumar

Ante la prohibición de fumar unos se plantean el dejarlo.
¿Dejar de fumar porque el gobierno lo impone? Una cosa es fumar o no fumar, y acudir o no acudir a los lugares donde está prohibido hacerlo; y otra cosa muy distinta dejarse humillar.
Hay quienes se salen a la calle, muy obedientes, se fuman el cigarrillo y entran de nuevo al establecimiento. Y eso también es dejarse humillar.
Yo ya sé lo que voy a hacer:
Acudiré al bar o al restaurante para comer, o cenar (quiero decir para “ingerir alimento necesario para subsistir"), pero no tomaré café — ¿dónde se ha visto que un fumador como Dios manda se tome un café sin su cigarrillo? — ni ningún tipo de bebida que no sea exclusivamente la cerveza o el vino que acompaña al menú.
Habida cuenta que en el menú se puede elegir entre postre o café optaré siempre por el postre.
De todos modos mientras uno está propiamente comiendo no fuma; así que ahí no se siente uno muy vapuleado.
Suprimiendo el café y las bebidas extra se puede, creo yo, y considerando que es el café y las bebidas lo que deja más margen de beneficio, hacer la suficiente mella en los hosteleros para que se replanteen si fue acertado no rebelarse ni ofrecer la menor resistencia frente a la prohibición.
Debieron de pensar que como en este país somos como somos, que se nos va la fuerza por la boca pero al remate tragamos con todo, el cliente terminaría entrando por el aro, y “bueno, aquí no ha pasado nada".
Pero los fumadores tenemos algo que expresar, ¿no?
Y una forma de expresar nuestro desacuerdo es ¡¡¡NO TOMAR CAFÉ NI BEBIDAS EN BARES Y RESTAURANTES!!!
ENTRE TODOS PODREMOS HACER QUE SE DEROGUE LA LEY ANTI TABACO.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.