domingo, 18 de diciembre de 2011

Pensando

Me viene rondando — o ha rondado siempre por mi cabeza a lo largo de la vida —una cuestión que a lo mejor es muy tonta; tan tonta que es seguro que ya se ha paseado por muchísimas otras cabezas, pero que por su propia tontuna (de la cuestión, no de las cabezas) nadie la ha planteado — que yo sepa, aunque eso no significa nada, porque si sólo fuera a existir lo que yo sé el Universo entero sería casi en su totalidad la Nada —, decía, hasta ahora.
Me daba un poco de corte, diciéndome “¿cómo vas a poner en el blog semejante simpleza?”, pero me hice la sorda — oye, lo que es el subconsciente, que me ha venido cierto miembro de cierta casa real a la cabeza —, me hice la sorda y abrí el ordenador arremangada y “hala, pues lo pongo y que sea lo que Dios quiera”.
Pero mira he te tú aquí que me encuentro, como dándome el pie o punto de apoyo, las consideraciones de Bhakta que, espero, por cierto, no me malinterprete entendiendo que las relaciono con “tontuna” sino con la posibilidad que él me brinda de, al hilo de sus cogitaciones acerca de cómo se encarnarían las almas que precisan del cuerpo físico para su evolución y transformación y de la obligación que todos tenemos para con el resto de la humanidad, colocar qué me tiene sumida en preguntas sin respuesta conocida hasta la fecha.
Quiero decir:
¿Para qué sirve todo lo que empezó a existir cuando la Nada dejó de serlo?
Antes, hace mucho tiempo, ni en nuestro sistema solar ni en nuestro planeta ni en nuestra galaxia ni en ningún otro sistema ni galaxia existía nada, absolutamente nada; vamos que, hasta tal punto no existía nada que no existían ni galaxias porque no había ni Universo ni Cosmos ni Una Eternidad ni para contenerlas ni para contemplarlas ni para echarlas de menos ni echarse (ni de menos ni de más, en su nonadez) a sí mismos…
No había seres animados (aunque hubieran sido larvejas insignificantes) ni inanimados. Ni, por supuesto, seres pensantes ya fueran humanos o inhumanos o inimaginables; no había inteligencia, ni concepto de bien ni de mal, ni de belleza ni de fealdad. No había absolutamente nada antes de que la Creación empezase. Creo que lo estoy razonando bien.
Si no había Nada, no había error, ni dolor, mi maldad, ni fealdad, ni nada indeseable que erradicar ni contra lo que batallar.
¿Qué falta le estaba haciendo al Creador el crear todo lo que existe?
La Nada es perfecta, no tiene defecto y no hay, por tanto, nada que corregir en ella. No hace falta inteligencia ni hay ninguna necesidad —ni tampoco voluntad — de evolución que vaya, con todo lo que conlleva de trastabilleos y palos de ciego, a por medio de los seres pensantes y conscientes y de su inteligencia “mejorar” o perfeccionar lo que ya estaba siendo perfección absoluta.
Se me puede responder que todo ello es para que los seres (que seamos o estemos siendo) evolucionemos.
Pero es que vuelvo a lo mismo, ¿qué falta le estaban haciendo a la Perfección que ya era seres ningunos que completaran una especie de círculo que arranca de ella misma — esa Nada perfecta y sin mácula — para tras innumerables vicisitudes regresar a ella?
Ya advertí de que mi planteamiento era una tontuna. Pero entre Bhakta, Luz con su cuento, Salva-sea-la-Parte con su réplica, y Enrique con su disertación acerca de las pisadas y los colores y las piedras, me he animado a hacerlo entendiendo que, bueno, para qué ser tan recatada cuando se puede servir para que cualquier otro piense “mira, algo que yo también he pensado alguna vez”, o, en el peor de los casos, “a esta le falta un hervor”.
Pero y qué pasa por eso.

                                               Al texto 3.11

jueves, 15 de diciembre de 2011

Texto 3.11

Publicado por  el dic 15, 2011 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos 

3.11 “Bajo las baldosas de cada habitáculo hay venas cargadas de mercurio y arterias por las que circula la ambrosía. Leyes que escribieron en el aire las leyendas cantan que en cada espacio, el encuentro entre la energía telúrica y los fotones que traen la luz del Sol trabaja en niveles distintos de vibración; por eso parece que cada sitio tiene sus pisadas, sus piedras, sus colores, sus tiempos y sus sensaciones, de modo que lo idealizan para que en él se libere un tipo de reacción, nazca un sueño o se produzca un sentimiento.”
Contertuliano a Salva-sea-la-Parte
18 diciembre, 2011
No sé si encaja o no encaja, pero todos los días, desde el instante en que nos levantamos de la cama y ponemos el primer pie en el suelo ya estamos expuestos a que no todo lo que acontece encaje con nuestra “agenda”; y sin embargo las cosas sucedes, y las incorporamos, y esas incorporaciones obligan a pequeñas o grandes vueltas de tuerca que van modificando nuestras vidas y nuestras mentes.
En cuanto a las frases, los aforismos que tú has escrito, no sabría decir si estoy de acuerdo o en desacuerdo, ya que todo cuanto pueda decirse o escribirse tiene, por lo menos, una doble lectura.
Por ejemplo, cuando escribes “la razón de tu vida eres tú mismo. Tu paz interior es tu meta en la vida”, ¿ha entenderse que soy el ombligo de mi mundo — el más importante de los mundos según yo (según el aforismo) — y que he de ir tras mi paz interior arrasando, si es preciso, con todo cuanto represente un obstáculo?
O cuando escribes (quiero decir transcribes, pues al ir entre comillas pienso que están tomados de algún otro sitio) “Nadie es dueño de tu felicidad, por eso no entregues tu alegría, tu paz, tu vida en las manos de nadie, absolutamente a nadie.” ¿Quiere decirse que mi alegría y mi paz he de reservarlas sola y exclusivamente para mí misma?
Y “No coloques el objeto demasiado lejos de tus manos,” ¿significa que lo conveniente es no verse forzado a ampliar, romper la barrera de los propios alcances?
“Deja de pensar mal de tí mismo, y sé tu mejor amigo siempre.” ¿Me está invitando a que me mire con benevolencia, a que como “buena amiga” justifique mi forma de proceder, sea la que sea; o a que como “amiga mejor” me haga ver mis errores? 
Posiblemente las interpretaciones acertadas no son las que yo he dado, y cuento con ello; pero cuento también con que hay infinitas maneras de interpretar.
***
Afrodita
18 diciembre, 2011
Me viene rondando — o ha rondado siempre por mi cabeza a lo largo de la vida —una cuestión que a lo mejor es muy tonta; tan tonta que es seguro que ya se ha paseado por muchísimas otras cabezas, pero que por su propia tontuna (de la cuestión, no de las cabezas) nadie la ha planteado — que yo sepa, aunque eso no significa nada, porque si sólo fuera a existir lo que yo sé el Universo entero sería casi en su totalidad la Nada —, decía, hasta ahora.
Me daba un poco de corte, diciéndome “¿cómo vas a poner en el blog semejante simpleza?”, pero me hice la sorda — oye, lo que es el subconsciente, que me ha venido cierto miembro de cierta casa real a la cabeza —, me hice la sorda y abrí el ordenador arremangada y “hala, pues lo pongo y que sea lo que Dios quiera”.
Pero mira he te tú aquí que me encuentro, como dándome el pie o punto de apoyo, las consideraciones de Bhakta que, espero, por cierto, no me malinterprete entendiendo que las relaciono con “tontuna” sino con la posibilidad que él me brinda de, al hilo de sus cogitaciones acerca de cómo se encarnarían las almas que precisan del cuerpo físico para su evolución y transformación y de la obligación que todos tenemos para con el resto de la humanidad, colocar qué me tiene sumida en preguntas sin respuesta conocida hasta la fecha.
Quiero decir:
¿Para qué sirve todo lo que empezó a existir cuando la Nada dejó de serlo?
Antes, hace mucho tiempo, ni en nuestro sistema solar ni en nuestro planeta ni en nuestra galaxia ni en ningún otro sistema ni galaxia existía nada, absolutamente nada; vamos que, hasta tal punto no existía nada que no existían ni galaxias porque no había ni Universo ni Cosmos ni Una Eternidad ni para contenerlas ni para contemplarlas ni para echarlas de menos ni echarse (ni de menos ni de más, en su nonadez) a sí mismos…
No había seres animados (aunque hubieran sido larvejas insignificantes) ni inanimados. Ni, por supuesto, seres pensantes ya fueran humanos o inhumanos o inimaginables; no había inteligencia, ni concepto de bien ni de mal, ni de belleza ni de fealdad. No había absolutamente nada antes de que la Creación empezase. Creo que lo estoy razonando bien.
Si no había Nada, no había error, ni dolor, mi maldad, ni fealdad, ni nada indeseable que erradicar ni contra lo que batallar.
¿Qué falta le estaba haciendo al Creador el crear todo lo que existe?
La Nada es perfecta, no tiene defecto y no hay, por tanto, nada que corregir en ella. No hace falta inteligencia ni hay ninguna necesidad —ni tampoco voluntad — de evolución que vaya, con todo lo que conlleva de trastabilleos y palos de ciego, a por medio de los seres pensantes y conscientes y de su inteligencia “mejorar” o perfeccionar lo que ya estaba siendo perfección absoluta.
Se me puede responder que todo ello es para que los seres (que seamos o estemos siendo) evolucionemos.
Pero es que vuelvo a lo mismo, ¿qué falta le estaban haciendo a la Perfección que ya era seres ningunos que completaran una especie de círculo que arranca de ella misma — esa Nada perfecta y sin mácula — para tras innumerables vicisitudes regresar a ella?
Ya advertí de que mi planteamiento era una tontuna. Pero entre Bhakta, Luz con su cuento, Salva-sea-la-Parte con su réplica, y Enrique con su disertación acerca de las pisadas y los colores y las piedras, me he animado a hacerlo entendiendo que, bueno, para qué ser tan recatada cuando se puede servir para que cualquier otro piense “mira, algo que yo también he pensado alguna vez”, o, en el peor de los casos, “a esta le falta un hervor”.
Pero y qué pasa por eso.

martes, 13 de diciembre de 2011

Mira que te pones terca


Mira que te pones terca cuando te empeñas y empinas la nariz olfateando qué hay en el aire y qué habita en los cantos de las aves, en la del alba la brisa, en las hojas de los árboles y los ojos de la ardilla presurosa y vivaracha y en la laboriosa hormiga; y en la mosca, y el gusano, y el ratón y la pimpante mariposa que se inflama de colores en sus alas que se baten y arrebatan del feliz latido leve que en su palpitar se agita; y qué en los granos de arena y qué en las gotas del agua y en los timbres de las voces que pronuncian las palabras que dicen lo que no quieren tan sólo porque sus tonos las traicionan y remiten a no lo que están diciendo sino a qué piensa quien dice.


Mira que te pones terca cuando te empeñas y obstinas en distinguir entre líneas, entre sonidos y flores, las espinas que se ocultan en los pliegues de los dobles sentidos de que se sirven los sentidos de los hombres cuando no quieren dejarse vislumbrar aunque no logren ocultar lo que pretenden aliñado de primores que edulcorando adolecen de la amargura que enciende  en las almas el deseo  de bajo formas sutiles, tenues como el humo breve, hacer llegar al que entiende el contenido indeleble que se desprende indolente sin importarle un ardite el traicionarse y venderse al mejor postor que puje por de qué es deudor quien miente.


Mira que te pones terca cuando torpe te empecinas en hallar el recto rumbo de qué piensa quien recita palabras que suenan falsas, discursos que dan indicio, no de estar siendo sinceros y sí el producto torcido de aviesas cogitaciones afanosas del prestigio que confieren las maneras de los que habiendo aprendido que las buenas formas marcan el derecho a la templanza se valen de  la añagaza por la que sin despeinarse acceder a la ventura de ser tomados en cuenta aun cuando sus composturas estén dando muestra exacta de cuál es su catadura.

Mira que te pones terca cuando en tu desenvoltura te encabritas y te enconas, te enfadas y monta en ira, ese sentimiento tuyo que se niega y que porfía por qué no debe cederse un ápice a la perfidia de quienes bajo el aspecto, las fórmulas y las mixtas acepciones que se doblan y que la cerviz inclinan frente a los que traicionando los principios que debían regir las normas que imperen en una sociedad digna aceptan sin sonrojarse humillaciones que claman al cielo y a las erinias.

Mira que te pones terca no queriendo entender, niña, que hay que ser condescendiente y aceptar aunque reviente a gentes que aunque la nieguen son como tú, niña, insisto,  de esta tierra que no quieren.

martes, 4 de octubre de 2011

Con motivo de la crisis

Con motivo de la crisis y del (posible) próximo cambio de gobierno proliferan a diestro y siniestro escritores publicando libros a los respectivos respectos, ("respectivos respectos"; doña Sagrario Fernández Prieto diría que está mal escrito, pero a mi me gusta).   Se prodigan estos escritores en los medios de comunicación, publicitando su mercancia. Y digo yo, en estos tiempos tan mondernos en los que puedes poner de todo en la red, y considerando lo muy con el agua al cuello que anda todo el mundo, ¿por qué no suben sus libros, que seguro son interesantes, a Internet para que podamos todos leerlos gratis?
No sé, pero me malicio que en pudiendo sacar tajada, aunque sea de la miseria, nadie desperdicia la ocasión.
¡Asco de mundo!

sábado, 1 de octubre de 2011

Texto 3.6

Publicado por  el oct 1, 2011 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos

3.6 “Los paisajes quedaron marcados por extraños y perfectos sensogramas que reproducían la geometría de las estrellas, filas kilométricas de columnas seguían las dragas subterráneas y las líneas de fuego de la Tierra, espirales perfectas contaban los ritmos vibrantes de las esferas; ¿y cómo, con qué instrumentación marcaron aquellas gentes cruces de líneas milimétricos a cientos de kilómetros?, ¿tenían objetos voladores?; los brujos mexicanos de las sierras taraumaras relatan historias de cómo en determinados estados de hiperconsciencia son capaces de trasladar su mirada a los ojos de los grandes pájaros planeadores, y así detallan a la tribu los paisajes, definen los viajes y travesías, localizan el agua y miran de cerca los ojos de los dioses”.

Afrodita
1 octubre, 2011
El texto trae a la cabeza de forma inevitable, a mí al menos me los trae, aquellos libritos de Castaneda, Las enseñanzas de don Juan, que organizaron mucho revuelo por los años 80.
Trae también a la cabeza esa idea, que arraigó y sigue arraigada en todas las mentes de todos los que quieren ser rompedores o modernos o geniales, de que como el alcanzar ciertos logros sólo se puede conseguir por medio de determinados estados de consciencia la única solución son las sustancias alucinógenas. Esa idea ha llevado incluso a que de forma casi masiva se sienta admiración, y hasta se quiera emular, cuando se es joven, sobre todo, a personajes bastante desdichados que en su momento alcanzaron esa gloria deslumbrante que tanto fascina a todo ser humano. Todos quisiéramos ser únicos y distintos; y en realidad lo somos, o véase, sino, aquí mismo, en este blog, un puñadito de participantes que somos y todos con formas tan diferentes, incluso abismales algunas, de interpretar y de sentir y de trasmitir qué sentimos.
Y, sin embargo, la forma de evaluar o enjuiciar LA DIFERENCIA (lo escribo en mayúsculas porque ahora no me refiero a nosotros ni a las diferencias nuestras, sino a la noción de “diferencia” en algo así como en estado puro) parece que es en todos los humanos muy similar, o muy homogénea. Es como si se tuviera o como si existiese un punto referencial fijo, que tal vez se sabe que no es el único, pero en el que de forma maquinal se fija la mirada, y todo lo que queda fuera de ese punto queda también fuera de la consideración.
Se me ocurren, por ejemplo, tantos cantantes jóvenes y famosos (Janis Joplin, Jimi Hendrich, Amy Winehouse, y otros muchos que no me sé) como han muerto antes de tiempo; no sé si de no haber muerto hubieran seguido ascendiendo o se hubiesen terminado eclipsando; pero el hecho de morirse ya les confirió un halo de gloria añadido a sus méritos.
Tampoco sé si los méritos hubieran sido tales sin las drogas.
Pero lo que me intriga es el porqué de esos afanes; ese buscar fuera y por medios artificiales lo que (parece) debería de buscarse dentro. Y esa fascinación, ese valor añadido que se da a lo que se presenta rodeado de miseria o de disparate (¿era Jimi Hendrich el que después de algún concierto prendió fuego a su guitarra y aquello levantó pasiones?) o de destrucción, no ya de las cosas sino de la propia persona.
Así que, aquellas gentes que colocaron las piedras tan bien puestas, o tenían máquinas voladoras para poder mirar con distancia y ver la perspectiva de lo que querían hacer o habían desarrollado, quién sabe cómo, quién sabe qué capacidades por quién sabe qué medios que, ahora, con tanto como parece saberse de todo, son inimaginables.
Pero se sigue buscando fuera; todo fuera y siempre fuera.
Alguien me dijo una vez, y algunos de vosotros también lo habréis oído, que Moisés se guardó dos mandamientos que no “publicó”. Uno era “sólo firmarás pactos con tus enemigos” y, el otro, el que encaja más en este asunto, “sólo buscarás a Dios dentro de ti mismo”.
***
L. Diaz
19 agosto, 2012
La cama en que dormía de niño estaba justo debajo de la ventana y en las noches de verano podía ver antes de dormirme las constelaciones ahí arriba, lentejuelas de colores grandes y brillantes en un cielo negro. De muchas no sabía el nombre pero me sabía las formas que, desplazadas casi imperceptiblemente, se repetían cada noche. Y recuerdo especialmente las dos osas porque eran las que me quedaban más al alcance de la vista sin tener siquiera que incorporarme. Claro que entonces las farolas eran de gas y bajitas, no alcanzarían los tres metros de altura y cada atardecer venía a encenderlas el farolero.
Hace muchos años que el barrio está mejor iluminado con farolas potentes que alcanzan hasta un quinto piso. Pero hace muchos años también que las estrellas dejaron de verse.
Me pregunto si la misma modernidad que con sus farolas alumbrando dónde ponemos los pies nos impide ver unas estrellas que era incuestionable que estaban ahí no nos estará también imposibilitando de percibir otro tipo de evidencias.
Y no estoy pensando en percepciones fantásticas ni extrasensoriales sino cavilando si la tecnología con todos sus aparatos e inventos emitiendo todo tipo de ondas no estará actuando de forma parecida a un inhibidor de frecuencias, y si por eso según el mundo ha ido progresando la capacidad de los humanos se ha visto poco a poco interferida, y sintiéndose taponada se ha habituado, lo mismo que los ojos, a no mirar a lo alto.
Pero quiero pensar que aun con sus ataduras las capacidades están ahí, y que sólo nos hace falta tiempo para aprender a convivir con unos inventos que tantas comodidades y confort nos han ido trayendo, y que aprenderemos a neutralizar los inconvenientes y sortear los obstáculos.
Y qué un día volveremos a ser capaces de experimentar unas sensaciones que perdimos, y a interpretar la tierra y el agua y sus fuerzas y sus corrientes y sus vibraciones y a recuperar un conocimiento de tantas cosas que ignoramos que está ahí pero se trata, nada más, de que lo hemos olvidado.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Anda y ve

y ponte de largo y cuélgate los zarcillos, los collares y los dijes que guardas por si alguien dice que ni collares ni dijes, ni zarcillos ni pulseras ni diamantes ni rubíes guardas en el cofre antiguo tachonado de turquesas que heredaste de tu madre y heredó ella de su abuela.
Anda y ve y ponte colores en tus mejillas de cera y la diadema en el pelo brillante como la seda  y en las manos la blancura de la nieve cuando cesa el otoño en el que arrastra el viento las hojas secas.
Anda y ve y dile al espejo que no serás nunca vieja memoria de lo que fuiste sino avance de una nueva chiquilla que creció luego de crecida la entereza y revestida de aliento y de alegría y de promesas se levantó una mañana despierta en un alma nueva.
Anda ve y no digas nunca ni a tu sombra ni a la ajena que tú sabes que ya siempre no volverá la tristeza porque amaneciste un día despojada de pereza que ya no va a detenerte en tu búsqueda de aquella felicidad que intuiste cuando fuiste muy pequeña.
Anda y ve lo que te aguarda con que tan sólo tú quieras con la fuerza que te anima despojarte de las quejas que clavaron en tu alma tantas erróneas creencias que aprendiste al mismo tiempo que dibujabas las letras.
Anda ve y no te demores en olvidar los pesares ni en recordar los temores que te tuvieron asida tanto tiempo a la certeza de que ya no podrías nunca desechar tanta pobreza en que se sumió tu vida por culpa de tu impaciencia.

Anda ve corre y descubre maravillas que aun esperan a todo el que desterrando de su vida la torpeza se entrega a seguir andando por la senda que es estrecha pero se ensanchará cuando la esperanza reverdezca.

domingo, 4 de septiembre de 2011

La biblioteca

Es asombroso cuántas cosas, objetos, en su mayor parte innecesarios, acumulamos las personas en ese lugar que denominamos “mi casa” y que no alberga aquello que nos va a hacer la vida más sencilla o agradable sino lo que (imaginamos) suponen nuestros amigos, o conocidos, o familiares, que vamos a tener en ella.

Y es que nuestras casas no son la guarida que nos da cobijo sino el escaparate desde el que nos mostramos; igual que las prostitutas (¿es en Ámsterdam?) muestran desde detrás de las vidrieras sus encantos muestra el lector, por poner por caso, los suyos exhibiendo hileras de títulos dando fe — al que sea propenso a tener fe, que no estará necesitando que se la dé nadie ni de nada — de cuánto le interesa la filosofía, o la economía, o la poesía, o la historia, o las ciencias o, incluso y en el colmo del mal gusto, la biográfica.

La biografía es el colmo del mal gusto y el paradigma de la literatura cutre porque, qué biografía; ¿qué busca el lector cuando lee la vida y milagros de tal o cual científico, o filósofo, o poeta?

El aspecto interesante del científico está en su ciencia, en sus investigaciones y en sus estudios; y parece lógico que si su nombre ha trascendido y perdurado y llegado al conocimiento de las gentes esas gentes habrán de acudir a sus obras, y empaparse de ellas, pero no de la vida privada que suele, además, ser bastante aburrida cuando no decididamente oscura y triste.

¿Y qué derecho tiene escritor ninguno a que el pobre científico que dedicó su vida puede que con toda inocencia a quién sabe qué cosas rarísimas y sin preocuparse de nadie — porque los científicos, lo mismo que los filósofos, son muy suyos, maniáticos y obsesivos, y no es costumbre que se ocupen de la gente — se vea convertido en objeto de chismorreo sólo porque él, el escritor, es incapaz de escribir algo más imaginativo?

Pero no son los géneros literarios lo que me ocupa en estos momentos, ni el género de lector que siente inclinación hacia tal o cual género, sino la manía que todo lector que quiere ser entre los de su círculo reconocido como tal tiene de almacenar libros.

Hubo una época, hacia el final de los setenta (siglo XX), cuando estaba de moda ser intelectual y por supuesto de izquierdas, en que “excepto mis discos y mis libros” era frase que repetían todos los progres que abogaban porque todo había que repartirlo. Todo menos sus discos y sus libros,  que eran sus bienes más preciados…

Aquellos progres, muchos de los cuales nos vienen gobernando desde hace más de un lustro (porque le cogieron el gusto a ser progres y ahí se quedaron, como metidos en alcanfor y tal cual; va ya para cuarenta años) o están almacenando otra cosa — que por más que discurro no se me ocurre qué pueda ser — o están tan ocupados en amasar (tampoco se me ocurre qué) que no tienen tiempo de leer o, prueba de ello, es cómo no hará más de un par de días, o ayer mismo, el ministro de Fomento don José Blanco decía «si lo miramos con “prespetiva” histórica».

Pero tampoco es la política ni los políticos en lo que quiero centrarme sino en las personas y en su cómo entienden el buen vivir y cómo ha de inferirse qué es su concepto de confort para sus entornos vitales; que no tiene por qué corresponderse con la idea de rodearse del menor número posible de preocupaciones e incomodidades.

Así — y regresando al tema de los libros — el que se denomina o se tiene por lector se siente obligado a tener la casa (que ya hemos dicho que es el escaparate desde el que nos mostramos) atestada de libros cogiendo polvo que, luego, hay que limpiar…; limpiar o dejar que se acumule alegremente sobre ellos ¿Pero qué dirían las visitas si viesen nuestra biblioteca cubierta de polvo?

De manera que hay que limpiar el polvo o, si no gusta hacerlo (y no gusta) hay que tener a alguien, un extraño que de algún modo va a ser juez — o testigo, cuando menos — de nuestra forma de vivir y que, en atención o estricto cumplimiento de qué es la condición humana, contará a sus amigos o parientes o conocidos cómo es el entorno de tal o cual persona a la que presta sus servicios.

De esa forma, tan simple, uno, el que vive a lo que podría de forma perfectamente lícita ser “su manera” pierde, por culpa de los objetos y de las circunstancias que los objetos acarrean, algo de su privacidad y su manera.

Y perder la privacidad es molesto, cuando menos; y cuando más puede llegar a ser incluso peligroso porque cuanto más de nosotros sepan los extraños de más armas dispondrán con las que dañarnos.

De lo que se deduce, por resumir, que mejor que poseer libros es acudir a la biblioteca pública; y mejor que tener cuadros ir a visitar el museo del Prado, y mejor que tener joyas irse a mirar los escaparates de las joyerías de la calle de Serrano. Así no hay que malgastar el tiempo en atusar la casa, ni en perderlo con quien la atuse, que las personas dan todas muchísima guerra y son muy, pero que muy latosas y pesadas.

Nota: Esta entrada ha sido rehecha el 28 de septiembre de 2011 (aclaración que hago para que se comprenda que cuando digo “ayer” para la frase que pronunció el ministro Sr. Blanco me estoy refiriendo al martes 27).

jueves, 18 de agosto de 2011

De padrinos y madrinas

Hace pocos días nuestra ministra de asuntos exteriores visitaba al presidente de Bolivia y sus relaciones son tan buenas como puede verse en la fotografía.
Al mismo tiempo hay una ONG que se está desviviendo porque se apadrinen niños en Bolivia.

¿Es lógico que desde España haya que apadrinar niños de un país democrático?
En el mundo hay muchos niños, en muchos países sujetos a muchas circunstancias muy adversas ya sea por sus propias condiciones de desarrollo o por estar gobernados por dictadores despiadados y crueles.

Pero… ¿en un país donde quien gobierna ha sido elegido en una votación?

Por otra parte todo el tema de los apadrinamientos es un tema bastante artificial. Las personas bondadosas lavan sus conciencias aportando una cantidad mensual para un niño o una niña con el (o con la )que  establece una relación forzada y racional mediante la que se cartean y el niño cuenta cosas de su vida y de su mundo a su padrino o madrina.

¿Con qué ganas o qué ilusión ese niño o niña se pone de tiempo en tiempo a escribir una carta a una persona a la que debe gratitud?

Bueno, que no creo en esa forma de hacer las cosas. Y qué no entiendo cómo o por qué el padrino o madrina “quiere más” a ese niño que a cualquier otro.

lunes, 1 de agosto de 2011

Mundo futuro

Lo he escuchado en la radio hoy por primera vez.

El doctor que lo ha realizado dice que en el futuro se podrán crear este tipo de órganos, sea cual sea el órgano dañado, y que no será necesario por tanto estar dependiendo de un donante para hacer un trasplante.

Esto me ha llevado a pensar que está bien, que es bueno, no tener que vivir deseando que alguien muera para solucionar “nuestro problema personal” pero que, además, llegarán tiempos en que cualquier “avería” de nuestro cuerpo no requerirá mayor atención, ni preocupación ni desvelo, que la pequeña contrariedad que, en la actualidad, conlleva el “vaya, por Dios; se ha escacharrado la lavadora”.

Pero… ¿qué sucederá una vez la mayor de nuestras obsesiones, nuestra salud — y nuestro cuerpo, por lo tanto —, pierda el protagonismo que hoy le concedemos?

Tal vez entonces, en ese mundo futuro, el ser humano vuelva sus ojos hacía cuestiones tan lejanas, tan “ridículas” y tan extravagantes, como en la actualidad se considera el ocuparse del alma y de su mundo.

De cualquier modo, lo que resulta evidente es que ante cada nueva etapa que se cubre, ante cada nuevo problema resuelto, surgirá un nuevo reto.

¡Así es la vida!

miércoles, 15 de junio de 2011

Texto 3.1 (primero del Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos

Publicado por  el jun 15, 2011 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos 

3.1 “Antiguas leyendas más allá de la Teogonía de Hesiodo describen a la Tierra como un ser vivo y relatan la vida en la Tierra como una asociación parasitaria de mutuas conveniencias; los postulados herméticos, la Cábala, la Alquimia y casi todas las viejas mancias hablan de la memoria de la Tierra, de las piedras sagradas, de los poderes de las gemas, de los lugares especiales donde la vida transcurre a otra velocidad. Cientos de fantasías de lugares ocultos donde se forman los sabios circulan por todos los caminos y traspasan las fronteras de las lenguas. Esas fantasías anidaron en la consciencia de los hombres, se insertaron en sus culturas y fueron transmitidas simbólica y oralmente durante generaciones, y aún continúan vivas. Aveces guardadas fielmente por brujos o iniciados, otras insertadas en mitos y cuentos populares, pero siempre rodeadas de una atmósfera de magias y secretos”.
Ángeles Termin Ador
17 junio, 2011
Pues a mí lo que más me llama la atención en el párrafo es eso de que la vida en la Tierra es una asociación parasitaria de mutuas conveniencias. Me deja pensativa porque siempre se está en la idea, yo lo estoy, de que ser un parásito no es bueno.
El autor podría haber utilizado “asociación simbiótica”, que parece que ahí la idea estaría siendo más de equilibrio, o de compensación de fuerzas, entre la variedad de aportaciones de los distintos organismos y las distintas especies a la subsistencia de todo lo vivo.
Pero no ha escrito “asociación simbiótica” sino “asociación parasitaria”; y por algo será.
Por otra parte de entre todos los seres vivos que habitamos la Tierra sólo los humanos, con nuestra razón y todas nuestras baterías de argumentos, podemos ser los que nos estemos equivocando; no aportando en su justa medida lo que debiéramos, y apropiándonos de lo que tal vez no nos esté correspondiendo.
Ningún otro ser vivo puede estar incurriendo en tal error; todo lo que se mueve sobre la faz de la Tierra y no es el Hombre está obedeciendo, ciñéndose escrupulosamente a su propia naturaleza, y cumpliendo exactamente el cometido para el que fue creado.
Los humanos, por el contrario, lo ponemos todo a nuestro servicio y, si podemos, también supeditamos a otros humanos que, a su vez, harán lo mismo con otros que lo volverán a hacer con otros.
***
Afrodita
19 junio, 2011
A la letra impresa le pedimos que nos cuente algo, que nos narre o relate o describa, pero siempre algo. Un algo que, preferentemente, se asemeje a lo que según vamos leyendo o escuchando lo que se narra o relata o describe nos haga sentir, o suponer, que “yo”, el lector o escuchador, podría haber escrito, narrado, relatado, algo no idéntico, claro, pero sí algo parecido. Algo que se esté correspondiendo con algún otro algo que, aunque sea de forma más o menos ambigua o inconcreta, ya estábamos antes de leer o de escuchar sabiendo que estaba ahí, y que “era”, y pudiendo visualizarlo porque no está siendo tan diferente de qué cada uno somos capaces.
Nos gusta, sí, que haya magia y misterio en las leyendas y en los cuentos; pero una magia y un misterio que no sobrepase ciertos límites que, para traspasarlos, exijan un mínimo de ruptura con nuestro propio esquema.
Deseamos saber, ampliar nuestro conocimiento pero siempre, a ser posible, que la nueva adquisición encaje y se adecúe con lo sabido. Algo parecido a añadir pisos a un edificio sin que lo nuevo desentone de lo ya construido.
Y nos gustan las historias y los cuentos de amor, o de terror, o de aventuras, o de lo que sea; y nos dejan insatisfechos cuando no contienen un puntito de misterio, de intriga que se termine resolviendo de cualquiera de las cientos, miles, de formas previsibles. Y es que los humanos somos cada vez más listos, y es cada vez más difícil sorprendernos.
O eso creemos…
Llega Eolo, el pasado día 16, y se nos descuelga con “algo” que no entendemos; algo cuya respuesta no encontramos en el arsenal de previsibilidades de que todos estamos bien provistos. Y eso es difícil de encajar y de aceptar.
¡Tiene que haber una explicación comprensible!
Y se la pedís.
Y Eolo os responde, complaciente, el día 18.
Y es que parece, entre tantos logros de que los humanos vamos siendo en nuestro progreso más capaces, que hay un logro imposible, que se nos resiste; el logro de conseguir dejar que lo que es sea, lo que en sí mismo es y no lo que queremos o esperamos que sea.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Omóplatos platerescos,

cosmogónicos corsarios, sacrosantos corolarios de cordales enclavados en elevaciones claras de clemencias centenarias; ascendentes, altaneros, atildados, alaban con altas voces, aflautadas y ancestrales, a todos los altavoces alentando y dando alas a los deudos sudorosos de sudarios y de hisopos que, reposados y en pausa, posan o pisan sanciones necesarias de atenerse a que no atender razones sentenciará sinsabores de arborescentes tensiones que tenderán, abusivas, a aborrecibles saberse.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Lo que sobra de una cena,

no cumplir una condena, eslabones en cadena, la extensión de una parcela, la cola de una sirena, cuatro patas de una mesa, cuánto las tristezas pesan, si llegas pronto me esperas, dar más palos que a una estera, un par de botas camperas, como el agua en una cesta, perdonarás las ofensas, no irás mañana de pesca, no encontrar una carpeta, no hay que perder la cabeza, despertar en la Provenza, duerme todo lo que quieras, descender una escalera, emprender una carrera, interpuesta la querella, el panal de una colmena, los ojos de una morena, antes de la curva frena, dónde has puesto mi diadema, encontrarse ante un dilema, no hacer de cierta manera, no hay de nada en la nevera, los pesares de un poeta, desesperar en la espera, pues yo he dejado una pera, un mendrugo y dos cortezas, escaparse de una celda, el cuidado de una hacienda, para caminar contenta, ir a cortarse las trenzas, trazar una línea recta, los ronquidos de una vieja, no querer ver las estrellas, ni la llave de una puerta, pues encima de la mesa, esta salsa está muy espesa, si es que no te están estrechas, o si no anímate y entra, no me vengas con monsergas, buscar algo en la despensa, el cañón de una escopeta, un pez en una pecera, enroscar una manguera, no trajimos la merienda, te dije que no corrieras, un levantador de pesas, una velada muy tensa, una explicación perfecta, la niña no está despierta, ni los huevos en la cesta, esta ola no tiene cresta, las asas de una sopera, concierto de primavera, levantarse de la siesta, pues te la has comido entera, o en la costa malagueña, al venir trae las tijeras, una caja de herramientas, la herradura de la yegua, el guante de una condesa, dos nudos en una cuerda, un sonido de trompeta, desterrarás la pereza, disfrazarse sin careta, qué situación tan molesta, un verso no es un poema, la nuera de una consuegra, congregarse en la plazuela, se expresó con aspereza, apostar en las carreras, la señora de Contreras, el tío de la peluquera, levantar la tapadera, hallar la respuesta cierta, desenroscar una tuerca, al final a la derecha, contra avaricia largueza, un propósito de enmienda, el tío de María Encomienda, un botón en la guerrera, el cuello de una botella,  lo que cuenta una portera, la que llegue la primera, buscar algo en la trastienda, comprar una cafetera, introducir una enmienda, terciar en una contienda, ser el centro de una escena, esperar un tren que llega, mantel y una servilleta, en caso de que lloviera, ni que te duela una muela, un botellín de cerveza, lo empinado de una cuesta, el sombrero de una inglesa, servirse de una muleta, el asa de una maleta, un pendiente en una oreja, a la gallinita ciega, hora de irse de la fiesta, dos lonchas de mortadela, cara y cruz de una moneda, un nómada que se asienta, no ha venido la asistenta, casas colgadas en Cuenca, agua hirviendo en la cazuela, el cairel de una pamela, la hambruna de una posguerra, en noches de luna llena, meterse en una bañera, la cofia de una niñera, el abuelo no se entera, saber más que las culebras, a los cuartos y a las medias, el pimentón de la Vera, las cigüeñas de la iglesia, un sillín de bicicleta, incumplir una promesa, la tía de las de Vinuesa, las compuertas de una presa, un pincel y una paleta, apartar cuatro croquetas, no aparcar a mano izquierda, dos de pulpo a la gallega, galopar a rienda suelta, haber perdido una apuesta, el mito de la caverna, el oro de una pulsera, posar ante una palmera, tres cogollos de Tudela, abrir una cremallera, concretar la hora que era, erradicar la miseria, acordarse de una abuela, tropezar en una piedra, tocar una pandereta, pernoctar en una venta, agujas para calceta, lo que vale una peseta, pararse en una cuneta, más sal y menos pimienta, la atracción de una verbena, descalzarse en la pradera, tener entre ceja y ceja, pretender ser la más bella, la redondez de una esfera, un caramelo de menta, oír pasos de una enfermera, una sonrisa muy tierna, un lunar en una pierna, una rama de canela, un socavón en la acera, la colada no se seca, el patrón de una goleta, desayunar té y galletas, un glóbulo y dos plaquetas, cuarto y mitad de panceta, el olor de una mofeta, mofarse de quien se queja, mermelada de ciruela, denunciar a quien se cuela, tenedor y espumadera, meterse en una pelea, la trama de una novela, un penitente que reza, la pérdida de una prenda, un torero sin coleta, un colador en la escuela, la redacción de una esquela, llegue hasta la espina y vuelva, un pájaro que no vuela, una bata de franela, no callarse por vergüenza, un velero en la caleta.

jueves, 28 de abril de 2011

Mourinho

No entiendo una palabra de futbol; sólo he mirado intencionalmente la final del mundial España – Alemania 2010 y, bueno, sí, ganó España y me alegré. Y ahí quedó la cosa.



Escuchando la radio me llega a los oídos ocasionalmente algo de deportes si me pilla en algún informativo o entre dos programas de tertulia política o económica — me despitarra (quiero decir “gusta muchísimo” todo lo que tenga que ver con economía o con política — y, así, en esos entremedias me voy enterando como quien dice sin darme cuenta de cosillas.


Sentí curiosidad el miércoles pasado por ver la final de la Copa del Rey (Madrid-Barça) y cuando terminó, pues, bueno, me alegró que ganase el Madrid y, otra vez “bueno”, pensé que ahí volvería a quedar la cosa. Pero arrancaron los primeros acordes del himno del Real Madrid y…


Recuerdo que de niña ese himno me conmovía, sin saber por qué, cada vez que llegaba a mis oídos sentía como burbujillas en las venas de los brazos y, luego, se me quedaba como en la recámara y lo canturreaba, tan inocente, por el pasillo.


Para mi padre todo era franquista — y Franco era fascista, decía él —, y el futbol en general y el Madrid en particular eran fascistas. Y cuando canturreaba el himno por el pasillo me mandaba, frenético, callar.


Y el miércoles pasado volvieron las burbujillas a las venas de los brazos y me dije que, vale, y que si todos los tendencionalismos (me lo acabo de inventar) del mundo se dirimieran a base de goles y de saber perder cuando procede y ganar cuando el juego lo merece mejor andaría el mundo así que… “soy del Madrid”.


Y como soy del Madrid me tragué ayer enterito el partido de ida — en el Bernabeu, Madrid-Barça otra vez — de la semifinal de la champions.


Tenía tomadas de aquí y de allá noticias de que es Mourinho entrenador que suscita polémica, y que cuanta con fervientes defensores y acérrimos detractores, y de que es al parecer una característica muy marcada el él el ser muy sincero y no morderse la lengua a la hora de expresar qué piensa.


Ayer perdió el Madrid (0-2), que ya lo sabe todo el mundo claro; y ya sabe también todo el mundo que hubo una expulsión (o dos, no recuerdo bien) en el Madrid, y tarjetas (tampoco recuerdo qué color) y que fue expulsado el propio Mourinho, que desde aquella especia de cercado de barrotes ya no podía dirigir ni dar instrucciones a su equipo…


El caso es que el Madrid perdió y, qué se le va a hacer. Soy del Madrid pero más bien del himno; y me falta “antigüedad” en la afición para agarrarme un berrinche.


Me quedé a continuación escuchando las declaraciones de Mourinho — hoy están siendo noticia en los informativos, y seguro que en la prensa escrita y en la digital — que, parece ser, le pueden costar muy caras.


Pero a mí me sirvieron para hacerme una composición de lugar con respeto a Mourinho y a apreciar su claridad serena a la hora de expresar sus opiniones y qué piensa de circunstancias y de situaciones.


Dijo también, muy honesto o muy realista, que piensa que para la final ya está todo perdido.


Pero, ganando o perdiendo, si va en la naturaleza humana el tomar de algún modo partido, me declararé sin mayor problema partidaria del Madrid.


Y, si hay que declararse a favor o en contra de Mourinho, me declaro — porque no es cobarde, ni airado ni agresivo; y porque se moja y se expresa y no es tibio — abiertamente a favor.


martes, 29 de marzo de 2011

De la nada hasta el vacío

Caminar con pies descalzos en comitivas que arrastran las penas que ya no pueden ocultarse por más tiempo tras los párpados cansados en lágrimas que se embeben, se ensordecen, se corroen.
 ¿De envidia,  de desventura, o de inmunda compasión?
 ¿Por los que, cuando supieron, cuando tuvieron enfrente los perfiles que marcaban las aristas de las causas diciendo que no temían, se escondieron tras las farsas que no fueron jamás dignas de guiarlos por las sendas que marcaban las porfías?
¿Los culpables  inmolando, en su caminar cansino, en su deslizar moroso, en su sofocar nefasto su crítico sentimiento de dislate o de indolente agravante?
 La bondad o la belleza de que se cubren los pálidos arrumacos desprovistos de cualidad que les sirva…  ¿de redención?, ¿de sorpresas que jamás dará la huida de los que se confiaron en dilapidar sus días abrazando los abruptos arrebatos que desvían los desvelos del que duerme a la sombra de no importa qué premuras o qué altivas pretensiones de acuciantes acicates que predigan que será retado el veto que cercena la codicia de tantos como ambicionan insuflar en sus pericias voluntad de ya más tarde, ya completada la vida,  caminar sin inmutarse en busca de… su armonía?;  ¿serán moneda de cambio con la que saldar la deuda que ya al nacer se asumía?

miércoles, 23 de marzo de 2011

A la guerra y sus desastres

Que venga todo el que quiera mirar por un agujero de cerradura de llave qué se ve en este planeta donde todo el mundo riñe, do todo quisque se enfada, donde todo es tiranteces y los pueblos de unos lados y otros lados del Atlántico se tiran bombas los unos a los otros que les lanzan todo tipo de improperios y profieren amenazas.

Un planeta envenenado por odios y por malsanas ambiciones iracundas enraizadas en qué entienden las torpes gentes que mandan qué será el bien de sus pueblos, qué el hacer grandes las patrias, qué defender las culturas y qué mantener la llama de la fe que ha de llevarnos en alas de la templanza a convivir como hermanos en las diferentes razas.

Que vengan todos y vean, comprueben si no se espantan de ver tanta desventura, tanta irrefrenable saña como ponen en herirse, dañarse y hacerse mala, muy mala sangre negruzca que se vierte y se derrama de corazones infectos invadidos por la rala ilusión de ganar gloria a costa de la desgracia.

Que vengan y que se queden boquiabiertos de ver tanta estupidez como alienta en tantas razones dadas por mentes que alcanzan sólo a entender que será fama lo que adornará las cruces de los muertos en batallas libradas en campo abierto a voluntades oscuras de argumentos que se erigen en causantes de la infamia.

Que vengan y no se asusten, que escruten con sus miradas, que sean valientes y enfrenten la realidad desgarrada que atenaza a tantas gentes que sufren y tienen ganas de que tanto error termine y sea alguna vez la flama del amor que ha de prenderse en toda la especie humana la que lance sus destellos al nacer cada mañana.

Que vengan miren y vean por cerradura de llave pequeña como las miras de los necios gobernantes cuál es este mundo nuestro, cuáles son nuestros afanes, cuál la gloria que ellos buscan y qué logros nos atañen; que vengan, miren y vean; y que una vez visto todo cuanto no debe olvidarse cierren la puerta del mundo y tiren luego la llave.


domingo, 20 de marzo de 2011

Sin título

Se oyó un golpe y miré por la ventana. Telefoneé al 112 y en menos quizás de cinco minutos llegaron dos ambulancias y varios coches de policía. En apenas unos instantes le habían quitado el casco y pude ver con los prismáticos cómo le daban masaje cardiaco. Mientras tanto llegó una tercera ambulancia de la que sacaron diferentes objetos; uno de ellos una tienda de campaña que desplegaron con rapidez y desplazaron, una vez montada, sobre el hombre y los sanitarios que lo atendían, otro era un foco muy potente.

Pude ver con los prismáticos el interior de la tienda, que ahora era como una habitación bien iluminada donde los sanitarios —uno de los chalecos, de una señora, llevaba la palabra “médico” — continuaban con sus tareas de reanimación.

Hubo un momento en que sólo veía las espaldas de ellos y luego ya vi al hombre, tumbado, boca arriba; llevaba pantalones vaqueros y de cintura para arriba lo habían desnudado. En el pecho se veía algo que parecían pegatinas, de color blanco, de las que salían unos cables y pensé “un electrocardiograma”.

El hombre seguía inmóvil.

Los sanitarios habían dejado de moverse con la celeridad de unos momentos antes. Vi entonces que desplegaban una tela de color dorado, brillante y muy flexible que me recordó un traje de lamé, uno de esos vestidos que se ponen las señoras para acudir a una fiesta, y que desde los pies lo iban extendiendo sobre el cuerpo del hombre.

Pensé “si no le tapan la cara es que está vivo”. Pero sí le taparon la cara.

Luego vi cómo la médico rellenaba unos papeles sobre el capó de uno de los coches de policía mientras otras personas apagaban el foco, recogían todos los enseres que habían utilizado, y plegaban de nuevo la tienda.

Minutos después llegó otro coche de policía con el rótulo “investigación de accidentes” y los hombres que bajaron de él hicieron fotos, a la moto, y al casco; e inspeccionaron la moto por todas partes con linternas; y con una rueda que giraba en el extremo de un mango largo como un bastón siguieron lo que imaginé las huellas de la moto hasta el bordillo.

Se habían ido marchando las ambulancias y algunos coches de policía. Sólo quedaba uno, o dos, y una de las ambulancias y la médico, y el coche de la investigación de accidentes; y el envoltorio de color dorado y brillante. Aquello como una sábana de material flexible permitía adivinar la figura, la cabeza del hombre, un poco girada a la derecha, y los hombros, y el tronco y las piernas un poco separadas tal y como estaban cuando pensé “un electrocardiograma”.

Un rato después llegó en un coche negro, con chofer y sin rótulo, un señor de pelo canoso que se acercó al cuerpo, y uno de los policías levantó la tela dorada para que le viese la cara. Habló poco con los policías y la médico, y se marchó en seguida.

Luego se marcharon todos los coches de policía, menos el de investigación de accidentes.

Los conductores que pasaban frenaban, un poco, atraída posiblemente su atención por el envoltorio dorado.

Llegó luego una grúa que se llevó la moto y el caso; los empleados los colocaron sobre la grúa con gestos en nada diferentes a los que hubiesen hecho si la moto estuviera sólo mal aparcada, o abandonada.

Ya sólo quedaban en el lugar el coche de investigación de accidentes y el cuerpo del motorista.

Llegó al fin un furgón negro, o azul muy oscuro, con el rótulo “empresa mixta de servicios funerarios”. Paró justo donde me impedía ver cómo recogían al hombre, pero cuando lo colocaban dentro del furgón con una camilla lo que lo envolvía ya era blanco, normal, y el cuerpo  sujeto con correas parecía bastante más menudo que cuando estuvo en el suelo con la tela dorada.

Se marcharon todos. Todo cuanto quedó, en el suelo, donde había estado el cuerpo, era un envoltorio de papel albal, corriente, de color plata, del tamaño de un bolso de viaje; y un trozo de lienzo blanco.

Vino finalmente un camión con el rótulo “medio ambiente”, como los de la basura pero rojo y blanco en lugar de verde y blanco. Y los hombres recogieron  el envoltorio y el lienzo, y barrieron, y echaron agua a presión con una manguera, y se marcharon.

En apenas tres o cuatro horas todo recuperó el aspecto cotidiano.

Los jóvenes que ya empezaban a salir del Neils (o como se llame ahora) hablaban y reían mientras buscaban taxis, como todos los fines de semana. Los conductores circulaban ya sin frenar porque ya no había nada.

Cuando me levanté el cielo era muy azul. Y un sol esplendido iluminaba la mañana ya casi primaveral del sábado; y acariciaba, con perfecta inocencia, el lugar donde el hombre había muerto.





lunes, 14 de febrero de 2011

Texto 2.16 (Último del prólogo a la segunda carta)

Párrafo 2.16

2.16 “No parece pues que para dejar de ser esclavo de una tendencia sea necesario conocer todas las claves por las que se produce. Conocerse a sí mismo no es conocer el pasado, ni siquiera ser capaz de proyectar el futuro: es mucho más simple, sólo parece consistir en salir más puros, más libres del momento presente, como si el presente no fuese una prisión con necesidad de ser perpetuada”.
Qué-vedos?
23 febrero, 2011
Hay palabras que se dicen, y palabras que se cuentan, y palabras que se ríen del pudor que disimula el candor con que se miden; y palabras desmedidas y palabras desmedradas y palabras desusadas y palabras desgarradas y palabras que se amarran y palabras que no encajan en su ambiente ni el entorno al que se ven circunscritas en su condición de meras relatoras de noticias.
Y palabras que no enlazan y palabras que no cuadran, y palabras que se encajan, se atraviesan, se atragantan, se enrocan o se agazapan porque no encuentran su baza, su acomodo, su jugada, su escalera de colores no quizás los más acordes con el tono del discurso que ha de concordar al uso, la tradición, la rutina, el hábito o el vestido de que se inviste el cumplido sensato común sentido que aun sintiéndose harto ahíto se fuerza a atender las formas, la compostura y los ritos impuestos por la costumbre de no romper los esquemas, ni los modos, ni los moldes, ni las modas en que impera el no escapar de la rueda que en su girar va enrolando sin dejar caer en la cuenta de si los roles que oferta serán los que mejor puedan hacer salir de su asombro, su oscuridad y su olvido al saber que se alimenta, se sustenta y toma aliento no en la razón o en la lógica sensatez que las conmina sino tan sólo en la floja cuerda por la que camina la huidiza ilusión sedienta de verse a salvo de trabas de la lengua que la estorba y la empuja por senderos que no son los que la animan.
Y palabras que estragadas se revuelven y vomitan y vierten sus sinsentidos sobre las pulcras rarezas que no comprenden, aquellas, qué esconden tras los embozos que se obstinan en no verlas enarbolando las riendas de la ilusión que aturdida se encabrita y se desboca y rompe la cuerda fina por la que ya no camina la sinrazón que las coarta sino el galopar airoso, alocado y desasido de potros que ya sin bridas y sin estribos ni cinchas se lanzan a la aventura de dejarlas ser, tan sólo, expresiones de sí mismas. 
Y las palabras, ya libres, se dicen, se cuentan, ríen del candor que ya no oculta el pudor con que se miden.
***
Otro
25 febrero, 2011
Pregunté de dónde vienes y me dijo que volvía de dar sepultura al muerto que yo había de ser un día.
Pregunté cuándo naciste y me dijo que en un tiempo en que supo que no era lo que encontraría en la Tierra lo que buscaba mi vida.
Pregunté cómo te llamas y me dijo que su nombre iba a ser tan sólo el rastro por el que seguir la pista de nada más que unas briznas del destello en el que anida una voluntad distinta lejos de la razón mía.
Pregunté cuál es la causa que te mueve, que te lleva, que te guía; y me dijo que no era causa alguna conocida ni por mí ni por mis recuerdos ni por el porqué que olvida el curso de los designios que el destino trazaría.
Pregunté por qué no quieres deshojar la margarita que te diga, que te cuente, qué te reserva la vida y sus rumbos y sus vías; y me dijo que no quiere porque prefiere que siga la margarita ignorando que no importa qué ella diga.
Pregunté para qué quieres no saber que cada día ha de ser un lugar nuevo sin huellas y sin reliquias; y me dijo que pues para no perderme en dar albricias ni a los pasos que ya diera ni a los que diese en mi huida.
Pregunté dónde irás luego, después de marcar la finta que esquivará las venturas que depara la armonía de a cada instante encontrarse frente al placer que redime del dolor y de la ruina; y me dijo que se iría a cualquier lugar del tiempo donde sólo hubiera vida que ya no se alimentara de muerte ni del cuidado por curarse las heridas.

La verdad y la mentira

La verdad o la mentira, qué se piensa o qué se siente, qué vemos o qué intuimos, qué esperamos, qué sabemos, qué ocultamos, qué ignoramos, cómo nos ve quien nos mira, cómo miramos el mundo, cómo escuchamos el tiempo que se desliza a su ritmo sin esperar ni importarle si lo hemos o no tenido;  a manos llenas o en balde, en el pasado que fuera, en el futuro que escapa, en el ahora que no es solo y sólo va acompañado de la vida que se lleva sin piedad pero sin ruido ocasiones que se pierden, sentimientos que se olvidan,  sensaciones que arrastraron el palpitar, los latidos, de un corazón que no guarda más secreto que el escrito en algún lugar de un cuerpo que alberga apenas destino.


                                               

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lunes, 24 de enero de 2011

Dudas y aflicciones varias

Rumbos que se van dibujando lentamente a lo largo de eso que los que nos denominamos "humanos" reconocemos como “tiempo” en un lugar que identificamos como un planeta al que llamamos Tierra.
¿Cómo medirán su tiempo los habitantes de otros mundos?
¿Cómo llamarán al planeta o a la estrella en la que vivan y cómo se denominarán a sí mismos?
¿A qué le llamarán "envejecer" y qué serán para ellos la belleza, la bondad, la ambición, la piedad, la inteligencia, el deber, la realidad?
¿Qué nombre darán a lo que nosotros denominamos amor y con cuál designarán al amor verdadero?
¿Tendrán un cuerpo del que desprenderse al morir?
Se me ocurren, mirando alrededor y al cada día y a las gentes que habitamos esta Tierra, otras muchas preguntas que me inspira un profundo rechazo el sólo formulármelas; pero, una vez que ahí están, por qué no compartirlas…
Así pues me pregunto, por ejemplo, si esos habitantes de esos otros mundos estarán sujetos lo mismo que nosotros a una materia que genera tanta suciedad, tantos desechos, tantos humores varios como los humanos destilamos por tantos orificios que son — a su vez y a modo de maldición — los conductos de los que hemos inexcusablemente de servirnos para subsistir.
¿No es una maldición, una indignidad, el saber que comiendo estamos propiciando el tener que humillarnos a algo tan grosero como es el defecar?
No sé, pero me siento muy inclinada a asegurar que hay mundos donde el andamiaje que sustenta a los seres que habitan en ellos no necesita alimentarse de nada que genere residuos ni podredumbre. Estoy convencida de que hay mundos, tiene que haberlos, donde sus habitantes no necesiten matar seres vivos para subsistir.
¿Y el placer?
¿Necesitarán esos seres adoptar posturas tan indignas y grotescas como a las que nos vemos obligados los humanos para experimentar placer?
¿Les será obligado el someterse a semejantes actos y actitudes para engendrar nuevos seres?
¿Necesitarán cosméticos y perfumes para limpiar sus cuerpos y mantener a raya los olores procedentes del sudor, las heces, la orina o el sexo?
¿Necesitarán cubos de basura?
¿Necesitarán papel higiénico?
¿Necesitarán malgastar algo tan preciado como el tiempo en adecentar su entorno barriendo, fregando, poniendo la lavadora, cepillándose los dientes, frotando el culo de cacerolas y sartenes (y haciendo abluciones en el propio) o — algo mucho más inocuo y menos antiestético — sonándose las narices?
No sé; pero quiero pensar que hay otros mundos donde sus habitantes no han de someterse a semejantes humillaciones.
Y que este mundo en el que los humanos habitamos es tan sólo una estación de tránsito.
Y que existen otros mundos, otros lugares, a los que iremos ganando el derecho a acceder a medida que en este o en otros purgatorios por venir nos vayamos liberando de las miserias a las que nos tiene amarrados nuestra naturaleza humana.

viernes, 21 de enero de 2011

Sondas de globos de plomo

Sondas de globos de plomo marcando pasos marciales rifle al hombro de relojes sin agujas que flemáticos, incólumes ascienden tan galanos a lo alto de las cumbres de oleadas inermes de minutos que se agitan batiendo en retirada contra las rotas esquinas de los ceños segundos de los terceros cuartos crecientes o de escobas o trasteros  de las apenas quintas partes del tiempo tan lastrado de sus sextos dueños resumidos en el conciso extracto de su sueño séptimo;  se elevan, gráciles, livianas en la vacuidad de las miradas que las contemplan descender hasta los abismos de la nada.

domingo, 16 de enero de 2011

El sistema socialista



"El primer rasgo característico de todos los sistemas que se llaman socialistas es una llamada enérgica, continua, inmoderada, a las pasiones materiales del hombre".

"El segundo es un ataque a veces directo, a veces indirecto, pero siempre constante, a los fundamentos mismos de la propiedad individual".

"El tercero y que caracteriza a los socialistas de todos los colores, es una profunda desconfianza hacia la libertad".

"Lo que les caracteriza es un intento continuo, variado, incesante, de mutilar, de acortar, de obstaculizar la libertad humana de todas las maneras posibles; es la idea de que el Estado no debe ser tan sólo el director de la sociedad, sino también, el dueño de cada hombre".


                                                             ALEXIS DE TOCQUEVILLE




jueves, 13 de enero de 2011

Ripio a cierta, malhadada circunstancia

Solemnes, empaquetados, seguros de su fortuna y orgullosos de sus glorias, proclaman, los que triunfaron — los que enarbolan pendones que se mecen en lo alto de las torres de la infamia y de la vergüenza inane que exhiben grandilocuentes ciertas damas que se jactan de su cargo y de su rango —, que merecieron el trueque; pregonando, en su torpeza — en su necia contumacia de mantenerse en sus trece que catorce veces siete es seguro que no puede convencer ni aun al más tonto de que saben lo que pintan, dónde van ni de qué vienen esas ínfulas absurdas con que se engallan y crecen y se adulan y presumen de ser gente que merece que se les rinda obediencia, cortesía y reverencias y se las diga señoras y, a los ellos, caballeros, y se los tenga en los cuernos de la luna y se les preste la atención que  por andarse con cuidado de qué traman, qué maquinan y qué tejen , es seguro que merecen —, que llegaron a la cumbre pero no alcanzarán nunca a la dignidad que exime del resquemor que adolece, conturba y desasosiega a todos los que indignados, ofendidos y ultrajados, sospecharemos por siempre que alcanzaron con quebranto.

lunes, 10 de enero de 2011

Al poder y al poderío

Esperando a que se pasen los días grises del invierno se ve pasar por delante de la vida y de las gentes el tiempo que se malgasta en lamentar los azares que cada jornada vierte sobre las frentes fruncidas de los que se ven hundidos en el tedio y en la ira y en la poca buena sangre que destilan los mangantes que so pretexto de alzarse en guardianes de lo bueno, de la salud, del provecho, de todo lo que no mata pero fastidia a mansalva a los que hemos de sufrirlos, a ellos, a los que mandan, vamos tirando del carro que acarrea tanta desgracia como es el tener por próceres al hatajo de tunantes, perversos, mal encarados, que dicen que eligió un pueblo que no es más que populacho.


miércoles, 5 de enero de 2011

El décimo, no codiciarás los bienes ajenos.

Estoy tan indignada con la ley de prohibición del tabaco que he sentido, desde que entró en vigor, eso que en términos coloquiales se llama “deseos de matar”.

Desde mi ira he pensado en distintos momentos “¡es que los mataría!”, pensando en el presidente Zapatero y su cohorte de ministras. Una de ellas, Leire Pajín, para dejar constancia de hasta qué punto un ser humano puede ser despreciable, ha invitado a la ciudadanía a denunciarse unos a otros. Y gran parte de esa ciudadanía (van más de mil denuncias en cinco días que lleva en vigor la ley de marras) ha atendido presurosa a la invitación.

Evidentemente no mataría en la realidad a ninguno de esos ejemplares de la raza humana; se trata sólo de una especie de reacción visceral que, llegado el caso, no llevaría como es muy natural a cabo.

Desde un arrebato de rabia momentáneo (o no tan momentáneo, que tardará en pasárseme el mal humor considerando, por añadidura, la antipatía que ya desde antes me inspira el personaje) una tiene pensamientos locos sin dejar de reconocer que son desmedidos. Y teniendo consciencia de esa desmesura una puede (es más, “debe”) sentirse culpable y prometerse “no volveré a tener pensamientos malvados”.

Hasta ahí, todo en orden.

Ahora voy a comentar un hecho (no tiene nada que ver con lo anterior) que sí es de la vida real y fue hace muy pocos días ampliamente difundido por los medios de comunicación.

Un niño de cuatro años necesitaba un trasplante múltiple de órganos (creo que escuche cinco órganos entre los que se hallaban hígado, corazón e intestinos, si bien en eso puedo estar equivocada).

El niño pudo recibir los órganos ya que murió otro niño con las características adecuadas y los padres (creo que el niño que murió era portugués) autorizaron el trasplante.

Escuché en la radio cómo era entrevistado el padre del niño español.

Estaba muy contento y daba gracias a Dios por la inmensa suerte que habían tenido. También expresaba, sí, su agradecimiento a los padres del niño portugués.

Es algo que va por lo visto con el ser humano. La contradicción de alegrarse por la muerte de un ser humano y, al mismo tiempo y desde una actitud perfectamente encomiable y bondadosa, dar gracias a Dios sin experimentar el menor sonrojo.

Todas las gracias que usted quiera pero usted, padre del niño que resultó tan felizmente beneficiado, deseó fervientemente que algún otro ser humano —no, por supuesto que no era nada “personal”, usted no estaba deseando daño alguno a alguien con nombre y apellido, usted no estaba sintiendo odio por aquel a quien estaba (sin saberlo, pero sólo a medias, todos sabemos que para morir hay que estar antes vivo) deseando la muerte — sufriera un mal irreparable.

No. No es culpa del que se encuentra frente a una determinada situación el verse impelido sin buscarlo a un sentimiento al que sin esa presión no cedería.

No es culpa del individuo — ese padre o cualquier otro colocado frente a una situación semejante —, pero da que pensar a qué tipo de mundo, y a qué tipo de sociedad, y a qué tipo de concepto de qué es la ética nos está llevando tanto avance de la ciencia que, quién sabe, tal vez mereciera la pena el cuestionarse que sí, que puede estar muy bien que los conocimientos se amplíen, que puede ser digno de celebrar que técnicamente sean factibles cosas que tiempo atrás eran impensables, pero que puede estar habiendo en cada ser humano algo más importante, más indestructible, más eterno (vaya tontería que termino de escribir, como si pudiera algo ser “eterno” pero menos) y más merecedor y digno de ser salvado que “eso” que arrastramos con todas sus contradicciones y miserias de la cuna a la tumba y que creemos que es nuestro “yo” cuando está siendo (con todos los respetos, sí) tan sólo nuestro cuerpo.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.