sábado, 25 de diciembre de 2010

Solsticio de invierno

El reloj marca la 1:36 y en la radio hay música pienso que grabada anteriormente aunque puede que no; Andrés Arconada comenta películas con alguien cuyo nombre no recuerdo. En la calle hay más coches que en las noches normales. Hace un rato las luces del bar de copas (caro, para gente rica) estaban apagadas pero debe de ser que han abierto a la una.
Bajo el scalextric están acampadas las mismas personas, o se ven al menos las mismas colchonetas que cualquier otra noche, de siempre.
Pienso si duermen o piensan, si permanecen ahí tumbados, en silencio, añorando sus países y los proyectos que tuvieran algún día; y sus infancias.
Y que tal vez se imaginaran felices con nada más tener un techo de una casa con puerta (aunque fuera sin llave) sobre sus cabezas.
Es curioso que por las mañanas, cuando se marchan, no dejan ni un cartón, ni un papel ni una bolsa de plástico, ninguna huella de su estancia ahí.
Un día vi como, antes de ponerse en movimiento con sus carritos en los que llevarán, supongo, plegadas las cajas grandes que les hacen de pequeño habitáculo, barrían el lugar con un cartón.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.