viernes, 8 de octubre de 2010

Cosas del sexo

El siglo XXI es por lo visto mucho siglo, y estar en él habitar en algún lugar de la modernidad donde no queda espacio para la gazmoñería, para hacer dengues y melindres ante determinados comportamientos, actitudes y maneras de pensar. Ha por ello, parece, de producir sonrojo el confesar que, bueno… hay cosas que…
Dejé de escuchar el programa de Ayanta ― en esRadio, a las 12 de la noche, las cero horas, de lunes a jueves ― cuando al comenzar la temporada que se inició el lunes 6 del pasado septiembre incorporó ella una nueva sección denominada “es sexo”.
Son horas fastidiosas esas de la madrugada para quienes gustamos de andar con la radio encendida hasta cuando dormimos; fastidiosas esas horas porque casi todas las emisoras suelen estar “tomadas” por el deporte, por el fútbol.
Anoche, en mi zapear, por distintas emisoras ― eran ya las 2:30 de la madrugada y el programa termina a las 3:00 ― transigí, medio a regañadientes y de mala gana, a escuchar esa última parte dedicada, ayer en concreto, a “la banda sonora del sexo”. Lo más curioso del asunto, lo que más me chirrió fue que el personaje invitado para hablar del tema en cuestión era el padre de Ayanta, Fernando Sánchez Dragó.
El contenido cualquiera puede verlo, es decir escucharlo, con tan sólo escribir esradio en google y, una vez en esRadio, ir a programación, seleccionar ahí Fonoteca, pinchar en el día 7 de octubre, y en búsqueda avanzada el nombre de la presentadora y el nombre del programa; no voy por tanto a hacer el enlace desde aquí aunque resultaría tan fácil. Tampoco voy, claro, a repetir nada de lo que oí.
Me chirriaron, ya digo, varias cosas.
Una que un hombre entrado en años ― aunque no debería chirriarme porque Sánchez Dragó a sus 74 ya está desde hace tiempo entrado en años, y siempre que la ocasión se lo depara él no la desperdicia, y se enfrasca tan feliz en hablar de sexo y de sus proezas sexuales ―, pues eso, lo que digo, que un hombre entrado en años ande tan con el sexo a vueltas.
Otra cosa que me chirrió fue que hablase del asunto con su hija, y en los términos tan explícitos, tan llanos, tan aderezados con tanta naturalidad y desparpajo de palabras y de las imágenes a que remitían las palabras; tan ilustrado con la referencia de experiencias vividas por él y de las que parece se siente muy orgulloso.
Si eso mismo lo hubiese hablado con cualquier otra persona habría seguido sin gustarme; pero, con Ayanta, su propia hija, me pareció una absoluta falta de respeto no hacia nada ni hacia nadie más, sino hacia la propia Ayanta.
Por otra parte el programa es de ella, y los invitados los que ella elige, y los temas a tratar los que ella y su equipo acuerden; ha de suponerse por tanto que voluntariamente se colocó en la tesitura que, a mi juicio y entender, la tendría que haber hecho sentir, por lo menos, un poquito incómoda.
Pero, no; ella lo entrevistó en tono y términos perfectamente correctos y asépticos, como si se tratase de cualquier otra persona, y escuchó ― escucharon, ella y su colaboradora en el programa, Eva Guillamón ― con perfecta serenidad y aplomo distintos pormenores y anécdotas de las relaciones que él ha mantenido, y mantiene, y parece seguir manteniendo y dispuesto a no decaer en el empeño de seguir manteniendo con distintas personas ya sea por separado, de una en una, o en grupo…
Eso también me chirrió; creo que fue de todo lo que escuché lo que más me chirrió; que ella tolerase, a ese invitado en concreto, el que utilizase determinada forma de contar cuando la tal forma la estaba utilizando para contarle a ella.
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Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.