viernes, 1 de octubre de 2010

Instante

Un coche rojo derrapando por el asfalto helado, caléndulas en las ventanas de un tercer piso, el balar de una oveja en una playa, dos adolescentes fornicando, el silbar de una locomotora antigua pendiente de una escarpia en la pared de un prostíbulo, un mechero encendido en las manos de un niño, una anciana de cabellos teñidos de verde mirando fotografías obscenas, el ulular del viento en el interior de la pirámide de Maslow, la respiración entrecortada de un enfermo en su cama con dosel de sábanas bordadas, el correr del agua de un grifo que alguien olvidó cerrar, los pasos de un viejo arrastrándose por el descansillo del piso de arriba, la cara de una mujer en el espejo pintándose los labios, el auricular de un teléfono tragando palabras, el glamuroso desfilar de un veintisiete por ciento de masa corporal por una pasarela, el azul lento, cansino, ensimismado del batir unas manos antiguas, de cera, un huevo en un plato de porcelana; la polonesa en la bemol mayor op 53 de Chopin al piano, una tostada con mantequilla y mermelada de naranja amarga, el chirriar de los frenos de un autobús, docenas de extremidades amputadas, un hombre con traje y corbata comiendo arroz tres delicias sentado en un banco de bulevar; el grito de alguien que pronuncia algo que nadie ha entendido desde una ventana que no es la de las caléndulas, fotografías de niños con las caras manchadas de chocolate, una enfermera aplicando una inyección de estricnina en la vena de la anciana de cabellos verdes, el deslizar sobre el teclado de unos dedos demasiado cortos para una polonesa tan heroica, dos desconocidos copulando, un pescador en su barca en la orilla, un juego de té y un platito con pastas sobre un velador, tres peces en una pecera, dos zapatos desparejados en el suelo de una habitación vacía, un hombre leyendo a Walt Whitman sobre el mostrador del prostíbulo, el ronroneo arrullador de un perro, la sirena de una ambulancia, un olor a café recién hecho, un quiosco de periódicos en el pico de una montaña, una pareja de amantes bostezando, un ama de casa entrada en kilos dirimiendo el principio de incertidumbre con su pescadero, el auricular que abandonado sigue hablando, deudos enlutados enjugando lágrimas junto a la fosa de un aborrecido muerto, una mascarilla y unos guantes de látex, un pastor que desatiende su rebaño, una peluquera apresurada por llegar a la cita con su peluquera, Una bomba de napalm destruyendo el coliseo romano, palabras de amor desparramándose sobre la alfombra, una prostituta devorando con avidez a Schopenhauer, una yunta de cisnes tirando de un arado, una tercera cuerda de un segundo violín desafinado, el ladrido de un gato en la distancia, el Sol y la Luna prodigándose arrumacos, una tarta con tres velas...
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Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.