jueves, 30 de septiembre de 2010

Texto 2.6

Publicado por  el sep 30, 2010 en Prólogo a la segunda carta. En busca de los sueños

2.6 “Cada reacción biológica, cada diferencia de potencial electromagnética desencadena una actitud, y como consecuencia un vector de comportamiento, a la vez que define un paisaje en la memoria y en la consciencia. Pero si cada experiencia de acción está condicionada por el estado anímico, a su vez la situación emocional está condicionada por la postura y el movimiento. Naturalmente este matiz significativo fue tenido en cuenta por todas las culturas conocidas desde hace diez mil años. Todas las danzas rituales que acompañan a las doctrinas tienen la misión de alterar el estado de consciencia del acólito y aun del oficiante, y si están convenientemente diseñadas, lo consiguen”.
Afrodita
5 octubre, 2010
Todo está, por tanto, muy imbricado. Nada escapa ni está exento de verse modificado por todo lo demás. La actitud por la reacción biológica. La memoria y la consciencia, por la actitud y la reacción biológica. Llegados a ese punto, en el texto, nos encontramos con un “pero” que podría dar la sensación de estar conteniendo un algo de excluyente que rompería, como si dijésemos, la cadena; lo que hace, sin embargo, es llevarnos hacia atrás para enlazar la postura y el movimiento con el estado anímico y de rechazo con cada “experiencia de acción”.
Ahí me quedo un poco desconcertada porque he de reconocer que hay términos que no sé interpretar, y me gustaría que alguno de vosotros que tenga las cosas más claras – que es seguro que lo hay – tuviera la amabilidad de matizarme que ha de entenderse por “experiencia de acción”, pues yo lo asemejo con “vector de comportamiento” pero, al mismo tiempo, me creo que “vector” sería como el nexo, el elemento puente, entre la actitud y esa misma experiencia que estoy a su vez considerando “vector”. También puede ser que esté entendiendo “experiencia” en la acepción que en el manejo cotidiano se le da a la palabra de algo así como la constatación consciente de estar en posesión de un conocimiento y, a lo mejor, me digo también, “experiencia”, en el texto, no se está refiriendo a esa posesión sino a algún otro algo, más alambicado, que con independencia del hecho consciente, como si saltara por encima de él, va directamente a instalarse en la conciencia, aunque no sepamos que lo estamos teniendo, ahí, en nosotros.
En cuanto al movimiento, propiamente y entendiendo que es claro cuánto tiene de elemento tan condicionante como cualquiera de los anteriores – o no entendiéndolo en términos tales que si alguien me exigiese que explicase por qué o como lo entiendo no sabría hacerlo, pero sí aceptándolo sin mayor dificultad (que yo sepa) ―, al hilo de qué escribe M.A se me ocurre que así como el resto de los componentes de ese todo que nos conforma son, algunos, o muchos y a lo mejor todos, ajenos a la voluntad y nos irán modificando sin que pongamos intención manifiesta de cambiar ni podamos ejercer ningún tipo de control sobre ellos desde nuestro deseo, en el movimiento hay mucho de elegido libremente pero – y he aquí algo que es una verdadera lástima – el común de los mortales no tenemos ni idea de cuáles serian esos movimientos, tal vez muy sencillos, que nos pudieran resultar beneficiosos; y beneficiosos no en el sentido bobalicón que muchas personas adjudican al yoga al dar por bueno que su finalidad es tenerlo a uno muy relajado, como en una nube en la que todo está muy bien y muy en orden o, peor todavía, para adelgazar o mejorar del colesterol o de la artrosis, sino en el sentido mucho más universal de que según uno se vaya modificando (para bien, se entiende) los propios beneficios alcanzados redundarán a su vez en beneficio para todo y todos los demás.
Pero entre lo desprestigiado o al menos minusvalorado, de una parte, que ― por culpa de algunos cantamañanas que hay sueltos por el mundo y llaman de buena o de mala fe “yoga” a cualquier coseja parecida a una gimnasia (sin querer hacer de menos a la gimnasia; pero es que cada cosa es cada cosa y no otra) ― está el yoga y, por otra parte, lo del todo imposible que es que uno por sí sólo pueda saber qué movimientos (a veces muy insignificantes y casi imperceptibles tal vez , o muy sencillos) serían los que lo sacasen de estados o situaciones no deseables, me temo que muchos moriremos sin haber tenido la oportunidad de descubrir, ni aun atisbar, algo que parece estar tan cerca, tan ahí mismo, tan al alcance de la mano.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.