lunes, 14 de junio de 2010

Texto 1.20 (Último del Primer mensaje.La realidad incompleta)

Publicado por  el jun 14, 2010 en Primer mensaje. La realidad incompleta

1.20 “El pensamiento revolucionario hacia la igualdad sólo se justifica históricamente desde una sistemática falta de respeto a las diferencias; la igualdad es una enfermedad comprensible, una protesta ante la injusticia que ha de ser administrada por el brujo de la tribu; ¿por qué hay que repetir mil veces que el hombre es dueño de su vida?, ¿a quién tenemos que convencer?; por ahora sólo se puede tener la vivencia de que cada uno es responsable de su destino, y aún, a pesar de Heráclito y Pitágoras y tantos otros, se sigue confundiendo el destino con un resultado aparente consensuado por la mayoría”.

Afrodita
14 junio, 2010
Ya leímos, en la dedicatoria del autor, “a aquellos que van a elegir nuestro mundo para nacer”. De lo que parece deducirse que ya antes del nacimiento existe un YO, y que ese YO goza de una libertad, y que la persona que cada cual somos lo es gracias, ante todo, a la libertad y a la voluntad de ese YO previo que nos eligió. No puede, por tanto, ser la persona dueña de su vida, ni de ninguna vida que pueda engendrar; pese a lo que diga la ministra Aído o lo que defiendan todas las feministas del mundo.
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frodita
15 junio, 2010
Interesante la reflexión de Enrique en su comentario de las 09:34, sobre todo las preguntas que plantea en el segundo párrafo.
Fatalidad, predeterminación y destino…
Y las personas las manejamos, o las imaginamos, a nuestro antojo o “a lo que podemos” y de maneras un tanto caprichosas. A veces echamos las culpas (cuando van mal las cosas, por lo general) a nuestro destino cruel, y nos sacudimos las pulgas de nuestra responsabilidad. Otras, en cambio, nos empecinamos en tal o en cual y, si sale, nos ponemos contentos adjudicándonos el mérito.
Pero parece inevitable, ¿no? Jugar con destinos y azares y predeterminaciones y fatalidades. Y entre tanto, la vida sigue, a su propio aire y sin que uno sepa si corre detrás o va por delante.
¿Me persigue mi destino o persigo a mi destino?
Y ese cuento creo que sufí, tan bonito, del criado de un hombre que vio a la muerte en el mercado un día por la mañana y, asustado, dijo a su amo “me marcho a Hispahan (lo habré escrito mal), que está muy lejos, porque he visto a la muerte y me ha mirado mal”. Y el hombre se fue al mercado, y buscó a la muerte, y la increpó “¿por qué miraste mal a mi criado?”.
“No lo miré mal. Lo miré con sorpresa porque debo llevármelo esta noche; pero no de aquí sino de Hispahan”.
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Afrodita
29 junio, 2010
A ver si me desenredo con el amor y el mirarse mutuamente o en la misma dirección. De entrada, cuando Carmina escribe la frase por primera vez (primera vez en el blog), parece que el mirar en la misma dirección es más deseable, que sugiere un amor más depurado, ¿o no es cierto que los amores en los que sólo parece existir el ser amado, y un sólo ser amado, dan una cierta sensación de asfixia, de empobrecimiento, de “esto es lo que yo amo y nada más”?
Luego, en la réplica de Anónimo (el de las 13:19 del día 23; que creo que no es el mismo que el que firma IJACAE) aparece la reflexión de que eso sí que es no deseable porque está implicando una especie de complicidad; y la acepción de qué él entiende como amarse resulta también bastante convincente.
Posteriormente Zascandil replica a Anónimo (que no es que me dé yo cuenta así al primer pronto, sino que lo deduzco por la alusión que más tarde le hace Anónimo) ; y la argumentación de Zascandil también tiene, a mi parecer, mucho de aceptable.
Y en la última intervención de Anónimo apunta que el amarse ha de ser combate; algo así como vivir en un ay; que también, ¿por qué no?, puede ser.
Son exposiciones diversas, distintas, contradictorias (o confrontatorias, no sé) y, sin embargo, todas expuestas con pulcritud y bien argumentadas.
Tal vez (o casi seguro) lo que ocurre con el mundo de los conceptos es que cada cual tenemos uno, el nuestro, y que por muchas vueltas que demos a las palabras y por mucho que intentemos trasmitirlo hay algo en la esencia del concepto, el que sea me da igual que se trate de “amor” o de “belleza” o de “generosidad” o de “honestidad” o de otros miles que puedan nombrarse, que le confiere la cualidad de absolutamente intrasmisible.
Pero las personas lo intentamos, nos pasamos la vida intentando hacernos entender… O a lo mejor intentando entendernos a nosotros mismos porque, en mi caso concreto, estoy ahora mismo que no sabría, de verdad, dar una definición de qué es amarse aunque me amenazasen con “pues, señora, o da usted una definición ahora mismo o la llevamos a la hoguera”.
Antes de los comentarios, sin embargo, sí tenía (o creía, al menos que tenía) una definición que poder dar.
No sé si debo agobiarme porque se me tambalea mi idea, o alegrarme porque en el trastabille me encuentro con cuatro asideros que antes no tenía.
Lo digo en serio. Y creo de veras que eso es bueno. Y que es una bendición de los cielos que tras tantas argumentaciones denostando o ensalzando diferencias nos demos, nos brindemos, al remate, los unos a los otros tantos perfiles de diferencias que, eso seguro, nunca van a empobrecernos.
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Afrodita
1 julio, 2010
Pues parece ser que sí, Destinatari; que realizarías tu destino, pese a todo, y que recorrerías el camino tropezando en las mismas piedras que de cualquier modo tú ya sabías que iban a estar ahí.
Es un asunto extraño, ese, ¿verdad?
Parece a un primer pronto que por qué elegir la dificultad o el esfuerzo. Una noción bastante espontanea de qué es el egoísmo parece indicar que lo “bueno”, lo cómodo o lo grato, es conseguir, en el terreno que sea, cuanto más mejor y con el mínimo esfuerzo. Creo que incluso (no entiendo nada de ciencia ni de tecnología) gran parte de los estudios y avances de la física han ido siempre encaminados a eso, al máximo logro con el mínimo esfuerzo.
¿Por qué tendríamos entonces que ser los humanos tan tontos? O, a lo mejor, tan poco egoístas en el fondo.
¿O es que dentro del ser humano existe una especie de “gran egoísmo inteligente” que lo induce a afrontar la dificultad en pos de un logro de tal calidad, o de tal calibre, que sabe de antemano que merece la pena alcanzar?
Y no alcanzarlo para la propia inmediatez del uno mismo que, a fin de cuentas, se solventaría con un egoísmo bastante pequeño, a la medida de la propia y personal pequeñez.
No sé si cada vez que he escrito “egoísmo” estaría siendo más acertado “ambición”.
De cualquier modo ahí está, ese “lo que sea” que no tiene tal vez ningún nombre conocido o conceptualizable para el entendimiento humano; ese algo que nos hace tener una especie de consciencia aunque olvidada de que la empresa que nos traemos entre manos es demasiado grande e importante como para poder abarcarla y ver sus frutos en nuestra existencia de… ¿Cuánto puede vivir una persona; noventa y tantos años?
No estoy, por supuesto y Dios me libre, tratando de explicarte nada ni de responder a tus preguntas. Solo he tratado de plasmar (muy mal) qué me ha sugerido tu planteamiento.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.