martes, 8 de junio de 2010

¿Qué pasa con los comentarios?

Llevo rato peleando con permitir comentarios, y sin moderación ni nada, además, que estoy esperando un mensaje muy importante y no puedo andarme con remilgos; pero no hay manera de que funcione. Así que, por favor, el primero que vea esto que me deje alguno, ¿vale?
Es comodísimo, no hay que identificar ni palabra ni nada.
Venga, por favor, que se anime alguien.

Juliette Greco

A Bermeral

Vaya, qué tonta he sido. No habría hecho falta que la hiciese venir hasta aquí, pero cuando he estado intentando ponerle una nota en su blog se quedaba todo parado y no había forma y, por eso, opté por escribir aquello tan escueto.
Y, para colmo, fíjese qué horas son; tengo tantísimo sueño que no  sería capaz de explicarle en condiciones de qué se trata el asunto a que he aludido ni cuál es el favor que necesito pedirle.
De todos modos no es necesario que ande yendo y viniendo porque, ya que la interesada soy yo, parece justo que yo sea quien me ocupe de acudir a su blog y dejarle el recado (que puedo, sí, avanzarle que está relacionado con esa señora, la del Carpio, que es una bellísima persona, pero, ¡lástima, pobrecita! y eso que fue, se lo puedo asegurar, una mente del todo preclara y hoy, en cambio, con el paso de los años y la llegada de la senectud, su cabeza no funciona en condiciones) allí.
Ruego me disculpe las molestias que le haya podido ocasionar.

Caja de bombones

Caja de bombones
Una de esas cajas que se pueden encontrar en cualquier cajón de cualquier aparador de cualquier comedor o cuarto de estar de cualquier casa y en las que, cuando las abrimos, nada más encontramos pequeños cirindulillos inservibles que, hace ya tantos años, imaginamos que alguna vez podíamos necesitar. Esta, afortunadamente, está como se puede ver vacía.